Cuaresma

* El diablo, aunque es muy poderoso, no puede hacer más de lo que le es permitido (In ps. 96, 12).

* Cuando alguien inicia su conversión, "el hombre nuevo" dentro de él entabla una lucha a muerte con "el hombre viejo", que también habita en él (Serm. 19, 2)

* Nadie te ha dicho que seas menos de lo que eres, sino que te reconozcas como eres. Reconócete como hombre, débil y pecador. Al confesar y aceptar tus limitaciones, obtienes el carnet de socio en la casa de Cristo, que es casa de redención (Serm. 137, 4, 4).

* Haces limosna "de bolsillo" si socorres si socorres al mendigo. La haces "de corazón" si al hermano das perdón. Ambas limosnas son necesarias, pues si falta una de ellas la oración no puede levantar el vuelo. No puede volar con un ala sola (Serm. 58, 10).

 Aprovecha los momentos de paz y soledad para recolectar los granos de la palabra de Dios y almacenarlos en el granero de tu corazón. En los momentos de confusión, cuando no puedas encontrar afuera la paz que necesitas, tendrás siempre la oportunidad de retirarte a tu interior y de sentirte a gusto contigo mismo y con Dios (In ps. 63, 3).

* La "voz de la oración" no es el ruido que produce, sino el espíritu que la alimenta. Los ruidos sin alma se llaman sonidos; pueden ser oídos, pero no se entienden. La voz, en cambio, tiene alma e intención; pertenece a los seres vivos. Se oye y se entiende (In ps. 139, 10).

 * Cuando la oración brota del alma como una necesidad del alma misma, se convierte en llave de oro, en santo y seña eficaz que abre las puertas del cielo y hace posible el diálogo con Dios. El hombre asciende en oración y Dios desciende en misericordia (In ps. 85, 7).

* Cuando el Apóstol dice que la carne lucha contra el espíritu y el espíritu contra la carne, no pienses que se refiere sólo al espíritu del hombre. Es el Espíritu de Dios el que lucha en ti contra ti, contra todo aquello que, estando en ti, está contra ti. Por no querer someterte al Señor, caíste y te rompiste. Te rompiste como se rompe un vaso de cristal que se desprende de la mano y cae al suelo. Y, roto en mil pedazos, tú mismo eres enemigo de ti mismo. Recógete, pues, y recompón tu unidad. Procura que nada tuyo esté en ti contra ti y lograrás la estabilidad integral (Serm. 128, 9).

 * Haz penitencia. No te ilusiones con el mal de muchos ni te conformes con tener compañeros de infortunio. No vas a sufrir menos por no sufrirlo a solas (Serm. 351, 11).

* El hombre carnal no se apoya en el amor de Cristo, sino que se busca sus propios amores y fornica con ellos. Y llevado de la mano por la corrupción de su fe o por la exaltación de su orgullo, da a luz a la herejía o al cisma (De bap. 19, 27).