PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO.

 CICLO C. AÑO 2021-2022

 

1ª Lct: Jeremías 33,14-16: Suscitaré a David un vástago legítimo.

Sal 24,4ab-5ab.8-9.10 y 14:A ti, Señor, levanto mi alma.

2ª Lct.:1ªTs.3,12-4.2:Que el Señor os fortaleza interiormente.

Evangelio: Lc.21,25-28.34-36:Se acerca vuestra liberación.

 

Comenzamos el nuevo año litúrgico con el Tiempo de Adviento, cuyo sign ificado  de “venida” o “llegada”, nos dispone para la venida del Señor.

Una primera venida en el tiempo haciendo presente el Reino de Dios en su persona con signos de poder y misericordia, dando la vida en la cruz por amor y resucitado por la acción de Dios.

Una segunda venida llamada “Parusía”, o venida al final de los tiempos con poder y majestad realizando un juicio de amor: “Venid benditos de mi Padre porque tuve hambre y me disteis de comer o malditos por que no me disteis de comer…”(Mt.25,ss.).

Tanto la primera venida como la segunda al final de los tiempos despierta en los creyentes una disposición  a la esperanza, una espera activa, confiada y creadora.

Los estudiosos de las religiones comparadas nos advierten que la comprensión del tiempo en las religiones primitivas es Cíclico, circular, repetitivo(nacer, vivir, morir), mientras que el tiempo bíblico es lineal, abierto al futuro. “Yo hago nuevas todas las cosas”

Vivir con esperanza, vivir de esperanza esta es nuestra empresa. El pueblo de Israel es “maestro en la esperanza”. Todas las vicisitudes históricas de este pueblo, difíciles, complejas son surcadas por uno rayo de esperanza que los profetas, hombres de Dios han concretado en la figura de un Mesías, ungido, consagrado que salvará al pueblo.

Es verdad que los matices, irisaciones de este Mesías perfilan o bien uno héroe, guerrero, nuevo David  o un Siervo Doliente o uno Hijo del Hombre que viene con poder y majestad, figura que a lo largo de los evangelios muestra asumir Jesús.

Vivir de la esperanza, vivir con esperanza. Un poeta y literato francés Charles Peguy nos ofrece como ve él las tres virtudes fe, esperanza y caridad. La fe y la caridad  son las hermanas mayores y la esperanza, la hermana menor. Imagina que van por un camino. Las dos hermanas mayores llevando de la mano a la hermana menor que salta ,corre, ríe ,va de un lado para otro y vuelve a dar la mano a sus hermanas. Se piensa que las dos hermanas mayores son las que llevan a la hermana pequeña. Pero no, es la hermana pequeña, la esperanza quien impulsa y alienta a la fe y a la caridad.

Vivir de la esperanza, La Palabra de Dios, hoy, por el profeta Jeremías nos ofrece el perfil del Mesías anunciado. Es un vástago descendiente de David que establecerá el derecho y la justicia. Por eso será “El Señor, nuestra justicia que establecerá la tranquilidad.

S.Pablo en la cata a los Tesalonicenses añade un ingrediente a la esperanza en el Señor que llega. Es una esperanza acompañada por el amor mutuo en los creyentes, una actitud  de honradez y verdad como han visto en el comportamiento de Pablo y que es lo que le agrada a Dios  y  que constituye una fortaleza interior para encontrarse santos e irreprensibles ante la venida del Señor .De ahí que la esperanza virtud o fuerza sobrenatural que recibimos como gracia y activamos con nuestra cooperación. Es una espera confiada, activa, creadora. Dios y el hombre actuando magníficamente.

También Jesús, en el fragmento que hemos escuchado nos habla de la venida del Hijo del Hombre en el marco de una conflagración cósmica, que viene con poder y gloria. Si la primera venida fue silenciosa y discreta la venida en el tiempo final es grandiosa y deslumbradora. El Señor establece un orden nuevo. El Señor no hace cosas nuevas pero sí nuevas todas las cosas.

Este es el mensaje de esperanza y de consuelo: “se acerca vuestra liberación”. Pero también Jesús añade que se recibe dispuestos, vigilantes, lejos de cualquier  estupefaciente o vicio que nos distraiga y separe del amor.

Hoy en la oración sobre las ofrendas se nos recuerda que la Eucaristía es para nosotros “prenda, anticipo”, de la salvación eterna. Y en la oración después de la comunión suplicamos que se nos conceda descubrir en la vida mortal el valor de los bienes eternos.

“Aviva en nosotros el deseo de salir al encuentro del Señor acompañados de buenas obras para que merezcamos el reino eterno”.

  

 

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