VIGESIMOCUARTO DOMINGO ORDINARIO

VIGESIMOCUARTO DOMINGO ORDINARIO

 

1ªLct.:Is.50,5-10:Ofrecí la espalda a los que golpeaban

Sal.114,1-2.3-4.5-6.8-9:Caminaré en presencia del Señor

2ªLct.:Sant.1,14-18:La fe si no tiene obras está muerta.

Evangelio:Mc.8,27-35:Tú eres el Mesías.

 

 TÚ ERES EL MESÍAS,EL UNGIDO,EL SANTO DE DIOS

 

El profeta Isaías después de denunciar las infidelidades a la alianza con Dios, dirige la atención hacia el rostro de un Mesías futuro. Contrariamente a las expectativas de un poderoso guerrero, el profeta anuncia a un enviado atento a Dios, golpeado, desfigurado, un Siervo herido, no confundido y apoyado en el Señor, su abogado.

Así es como en el horizonte de la revelación de Dios a su pueblo elegido, late la esperanza de un tiempo nuevo. El ungido, el enviado y consagrado tendrá la forma de Siervo, servidor.

No obstante, siguen latiendo otras expectativas referentes al Mesías Libertador que se detectan en los evangelios especialmente cuando Jesús se relaciona con las distintas personas: discípulos, autoridades, escribas y fariseos.

En evangelio Jesús planea a sus discípulos unas preguntas:¿Quién dice la gente que soy yo?¿Quién decís vosotros que soy yo?

La autoridad con la que Jesús habla y las acciones que realiza llevan a la gente a pensar que es alguien como los famosos: Juan el Bautista, Elías…Es un Maestro, un profeta.

¿Y vosotros qué decís de mi? Pues eres el Mesías, el Ungido el Santo de Dios responde Pedro. Y Jesús les prohibió decírselo a nadie porque decir Mesías podría significar muchas facetas, dominio, poder violencia.

Entonces Jesús les invita  escuchar una confidencia: El Mesías , el enviado, el ungido, el Hijo del Hombre padecerá, será condenado…y resucitará a los tres días. Y todos los movimientos de Jesús se encaminaron en esa dirección .

Pedro, y en el tantos de nosotros, se resistió a ese Mesías y recibió una reprimenda de Jesús quien añadió: el que quiera ser mi discípulo que me siga.

Un matrimonio recién casado visitaba el museo de Basilea en el año 1867.Se fijan en el cuadro de Holbein: Cristo en el sepulcro. Es el cadáver de un hombre lacerado, demacrado, hinchado. Sus pupilas sesgadas, los ojos grandes abiertos dilatados. Un cuerpo sin belleza. La mujer percibe que su marido está como dominado por el pánico. Luego el marido musita: un cuadro así puede hacer perder la fe. Posteriormente en la habitación del hotel sufre un ataque de epilepsia. Se llamaba Hedor Dostoieski. Se hace dos preguntas:Si los apóstoles, si las mujeres vieron su cadáver así ¿cómo pudieron creer que aquel muerto fuese a resucitar? Y si Jesús hubiese podido ver su propia imagen ¿se hubiera atrevido a subir a la cruz?

S.Pablo resumió todas las actitudes posibles ante esta situación:”Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos necedad para los griegos pero para los llamados-judíos o griegos-es fuerza de Dios y sabiduría de Dios”(IªCo,1,23-24)

El rostro de Jesús Siervo, continua recogiendo tantos rostros heridos, vapuleados, ultrajados, sufrientes de la humanidad. El acontecimiento de Jesús resucitado nos ayuda a atravesar la barrera del dolor y del mal y una disposición de ayuda y caridad nos enseña a limpiar ,consolar tantos rostros desfigurados, para  adivinar el rostro resucitado de Jesús. Estas son las obras que prueban la vigorosa fe de tantos creyentes y la conciencia lúcida de tantas personas de buena voluntad.

La disposición a soportar el sufrimiento es un elemento de la fe pero también lo es el valor para luchar. Así le ocurre a la iglesia cuando se opone a los verdaderos poderes y a los auténticos pecados de la época: cuando denuncia la descomposición del matrimonio, la destrucción de la familia, el asesinato de los no nacidos o la eutanasia, la deformación de la fe, el ejercicio desordenado de la sexualidad genital, o la mentira o la defraudación fiscal..

La iglesia presenta a Jesús, amigo, comprensivo, salvador, cercano; pero Jesús también denunció el escándalo para con  los pequeños; mostró que había venido no  a traer paz ,sino espada .En Jesús hay una oposición a la comodidad de la falsedad y de la injusticia y al dominio de la mentira. Esto fue lo que le llevó a la cruz. Pero por eso en la humanidad esta verdad resplandece y nos ilumina.

Estamos aquí en la Eucaristía para recibir de Jesucristo la fuerza y la luz, la esperanza y el optimismo de humildes discípulos  .Queremos seguir le, sabedores de nuestra debilidad e inconsistencia y necesitados de su gracia operativa en el amor y los frutos de bien .   

«Señor, míranos, para que sintamos el efecto de tu amor concédenos servirte de todo corazón». Que el sacramento que recibimos sea la fuerza que  mueva nuestra vida, no nuestros sentimientos.

 

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