VIGÉSIMO TERCER DOMINGO ORDINARIO

DOMINGO VIGÉSIMO TERCERO 

1ªLct: Sab.9,13-19:¡Quién comprende lo que Dios quiere¡

Sal.89,3-4.5-6.12-13.14 y 17.:Señor tu has sido nuestro refugio de generación en generación.

2ª Lct.Film.9b-10.12-17:Recíbelo no como esclavo sino como hermano

Evang.Lc.14,25-33:El que no renuncia a todos sus bienes no pude ser discípulo mío.

 

ADQUIERE UN CORAZÓN SENSATO

El fragmento del libro de la Sabiduría que acabamos de escuchar comienza su reflexión desde la capacidad de asombro y admiración con que contempla todo lo creado y los interrogantes que se hace sobre lo existente.Reconoce el autor sagrado la supremacía de Dios y el misterio de su designio y la falibilidad del hombre en sus explicaciones .Culpa de  esta limitación humana al “cuerpo mortal, lastre del alma” ”tienda terrestre que abruma la mente de quien medita”. Reminiscencias de una filosofía en la que la materia es mala y el espíritu bueno. La mente humana por sí misma no alcanza a darse respuestas satisfactorias “si  no le das la sabiduría enviando tu Santo Espíritu”.

Apenas conocemos las cosas terrenas ¿quién conocerá las celestes”. Ya Jesús recrimina a los fariseos su falta de fe ante los signos que realiza :si viendo lo que veis no creéis…cómo creer cuando os hablo del cielo (Jn.33,5-7.15..)

El camino de la sabiduría para el creyente es ascendente en la medida en que acoge las insinuaciones del Espíritu .Hoy día el cientifismo absolutista nos impulsa a creer que sólo es real y verdadero lo que la ciencia y la razón experimental pueden demostrar. El científico ecuánime reconoce que hay otros órdenes de lo real y racional a los que no se puede acceder mediante la ciencia como: el orden, el sentido, lo moral, el amor .El famoso Galileo dirá: «Es verdad. La Biblia no nos enseña cómo va el cielo sino cómo se va al cielo», distinguiendo dos órdenes de conocimiento: el científico y el metafísico o religioso.

Por eso con el salmista decimos al Señor: «Enséñanos a calcular nuestros años para que adquiramos un corazón sensato»(Sal.89)El hombre necesita adquirir los saberes: literario, científico, técnico. Y sobre todo saber por qué y para qué vive. Es la sabiduría del sabio que después de años de experiencia disfruta del sentido de la vida, del amor y de la muerte. «Ya podría saber las lenguas de los hombres y de los ángeles…tener todos los conocimientos…si me falta el amor no me sirve de anda»(1ªCo.13)

La carta a Filemón de San Pablo pone de relieve la progresiva sabiduría o modo de comportarse y comprender el mundo. La cultura del tiempo veía normal la esclavitud, el que alguien dominase y oprimiese a alguien si había pagado el precio de la compra. ¡Lo que ha costado superar esa mentalidad esclavista¡ San Pablo por la sabiduría ascendente tiene otro modo de ver y comprender: si eres cristiano, si eres hijo de Dios, no te está permitido tratar a un hombre como esclavo-la ley lo permitía- sino como un hermano.

Vemos hoy que valores humanos adquirido por la visión cristiana de la vida pueden desaparecer. Nuestra cultura parece regresiva, solipsista, encerrada. Cuando el obispo von Gallen, “el león de Münster, vio cómo se trataba a los enfermos y cuál iba a ser su destino… subió al púlpito a denunciar que si eso hacían con los minusválidos nadie estaría a salvo.

En el juicio de Nuremberg algunos médicos pusieron la excusa de que habían puesto en las listas a algunos enfermos para la muerte  pero a otros les habían salvado quitándolos de las listas. Y los jueces, dijeron ,apoyándose en la moral humanista y cristiana que la vida de cada persona es inviolable. No cabe ninguna excusa: hay acciones que siempre son en sí mismas perversas y hay que evitarlas.  Bastantes médicos perdieron sus puestos por no someterse a esa selección  de enfermos y sanos.

Jesús no cesa de actualizar su gran mensaje: El Reino de Dios está en medio de vosotros. Convertíos, acogedlo, tomadlo, vividlo. Luego Jesús llama al corazón del hombre: aceptado con alegría el reino de Dios, lo demás por añadidura de ahí que «si alguno viene conmigo ha de posponer sus bienes absolutos. No es que la familia no importe y no sea algo principal y fundamental .Él ha respondido a la insidia de los fariseos sobre la ley del divorcio ,permitida por Moisés por vuestra terquedad; pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Jesús es el don de Dios superior  al don de la familia y al mismo tiempo realza esta realidad natural: cuidarse mutuamente los hijos y los padres. A algunos el Señor los llama para una vocación de especial consagración a la causa del reino y renuncian a algo tan hermoso como es el matrimonio, y a fundar una familia natural. El gran cómico español Paco Martínez Soria respondía a un periodista que el mayor disgusto de su vida lo había recibido cuando su hijo universitario de 18 años le había comunicado su intención de ingresar en el seminario escolapio y la alegría más colmada cuando fue ordenado su hijo que se convirtió también en confidente espiritual».   Los bienes son buenos e importantes en relación al Bien principal que es Jesús y la dedicación a su Reino. La respuesta del hombre a Dios necesita de la sabiduría, de la gracia, del don acogido, del salir de uno mismo, del aligerar el peso, del despojo, de fundamento, de motivación profunda. «El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío». Cada uno sabrá si domina los bienes o es dominado por los bienes. Si el Señor es Señor de su vida y ordena su vida y sus bienes conforme a Él. Desde la gracia del reino de Dios cada uno administrará sus bienes .”Señor, te has dignado redimirnos y hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor y que alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna.

 

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