SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS

                                 PENTECOSTÉS

 

1ª Lc.:Hch.2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar.

Sal.103,1ab.24ac.29bc-30.31 y 34: Envía tu Espíritu Señor y repuebla la faz de la tierra.

2ªLct.:1Co.12,3b-7.12-13: Bautizados en un mismo –espíritu y hemos venido de un solo espíritu.

Evangelio: Juan 20,19-23: Como el Padre me ha enviado, así también o envío yo .Reci bid el Espíritu Santo.

 

                             RECIBID EL ESPÍRITU SANTO

 

  A Jerusalén, ciudad de la paz, ciudad de Dios, han acudido creyentes judíos de la diáspora, de distintas partes del mundo conocido. Han acudido para visitar y expresar su fe en el templo de Jerusalén, una de las grandes instituciones de la religión judía. Aun siendo todos judíos hablaban diferentes idiomas.

De pronto irrumpe, como uno viento recio, el Espíritu Santo de Jesús resucitado en un humilde cenáculo, sobre una comunidad de discípulos, asombrados ante lo que ven y oyen.” Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras cada uno en la lengua que el espíritu le sugería”

La primera efusión del Espíritu Santo , como nos refiere hoy el evangelio, tiene lugar en la visita a los discípulos de Jesús resucitado en un clima de desconcierto ,recelo, tristeza: ”con las puertas cerradas por miedo a los judíos”. Allí  los va elevando de la postración y tristeza al perdón , la paz y la alegría:” los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor” .Ahora esta efusión del Espíritu Santo irrumpe de tal forma que los apóstoles reunidos en oración con María” prorrumpen con expresiones inefables:” empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería” .Colmados de Espíritu Santo, ebrios de amor de Dios, como el balbuceo de un niño que se entrena en el primerizo hablar con su madre, dicen lo indecible con sonidos extraños que el Espíritu de Dios entiende. Y aquel intenso rumor también desborda al cenáculo y a sus moradores y cuantos están orientados al templo de Jerusalén, sentido de su alegría, se vuelven al espectáculo radiante de los apóstoles que antes temerosos y reservados, ahora dicen y profieren las maravillas de Dios y todo el mundo los entiende. Aquellos judíos extranjeros milagrosamente pudieron entender las expresiones de los apóstoles o los apóstoles milagrosamente hablaron la lengua de sus oyentes. El testimonio unánime: ”cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua”

La Jerusalén que se congrega en torno a los apóstoles, es el reverso de Babel, ciudad de la confusión de lenguas, intereses y voluntades como castigo a sus pretensiones de ser más que Dios y vivir el margen de Dios y del amor.

El Espíritu Santo derramado sobre los apóstoles , la iglesia, inaugura un nuevo tiempo. Mueve a confesar que Jesús es el Señor, que Dios lo ha resucitado, le ha dado la razón, le ha hecho justicia. En su nombre se va a anunciar la salvación en el mundo para que todo el que crea se salve. Derramará dones en su iglesia, el cuerpo místico de Cristo, derramará su amor para la unidad como signo testimonial.

Este acontecimiento vuelve a actualizarse sacramentalmente. ”Todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu” ”Todos hemos bebido de un solo Espíritu”. Cuantos  hemos acudido a la celebración litúrgica, aunque débiles , frágiles y pecadores hemos sido impulsados por el Espíritu de amor a venir a este lugar de Dios pues “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”. Aunque interesados y perezosos hemos venido a Jesucristo movidos por su Espíritu pues “nadie puede decir que Jesús es el Señor” si no es por el poder del Espíritu Santo.

Al celebrar la Eucaristía vuelve a actualizarse la efusión del Espíritu sobre los dones que serán consagrados en el cuerpo y sangre de Jesús y después de la consagración sobre la comunidad. “Bebamos todos de un solo Espíritu”.

Hemos venido de nuestras casas. Pertenecemos a una determinada familia, tenemos una profesión. Estamos inmersos en el mundo con sus luces y contradicciones y sufrimientos y venimos a la Eucaristía para ser “inhabitados por el Espíritu Santo” que nos da fuerza y amor para volver a nuestra vida de cada día y ser “sal de la tierra y luz del mundo” y en la confusión de lenguas e intereses hablar y expresarnos en el maravilloso lenguaje del amor y de la unidad. Y esto por el poder del Espíritu Santo que se nos ha dado.  

Señor, no dejes de realizar hoy en el corazón de tus iglesia aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica” ”Que el Espíritu nos haga comprender la realización misteriosa de este sacrificio y nos lleve al conocimiento pleno de toda verdad revelada” ”Que el Espíritu Santo sea siempre nuestra fuerza y la eucaristía acreciente en nosotros  la salvación”     

 

 

 

 

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