TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO

TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO 
1ªLct.:Dn.12,1-3:Entonces se salvará tu pueblo
Sal.15,5-8.9-10.11:Protégeme ,Dios mío que me refugio en ti
2ªLc.10,11-14.18:Cristo ofreció por los pecados un solos sacrificio.
Evang.:Mc.:13,24-32:Verán venir al Hijo del Hombre

Recién ordenado sacerdote, cuando estaba aprendiendo a dar los primeros pasos en la acción pastoral, en la parroquia que los agustinos estábamos construyendo en Móstoles(Madrid);en una ocasión, una familia me pidió que un niño de 11 años con leucemia que pronto iba a morir,fuese el padrino de su sobrino. Acompañé gustoso a aquella familia y de vez en cuando, durante la ceremonia del bautismo, miraba a aquel niño que pronto moriría y le pedía  a Jesús para que me diese luz e iluminase aquella  doliente situación familiar.
Aquí, ahora en esta Eucaristía de la 1 ,hay niños, jóvenes, adultos y la perspectiva de la muerte se extiende lejos.Tenemos como la iompresión de que no nops vamos a morir. Como creyentes en Jesús que nos ha regalado un sentido común ,una razón y una fe, abrimos el corazón y la inteligencia espiritual del amor a fin de acercarnos sin estridencias, pero con seriedad y madurez al “misterio de la muerte”y “el más allá”

Conforme nos vamos acercando al final del año litúrgico nuestra madre la Iglesia nos ofrece la Palabra de Dios que ilumina y da sentido a nuestro final de la vida, nuestra muerte. Una vida temporal sin fin ,nos suspendería del aburrimiento y escepticismo; sería una vida sin sabor y sin concierto. Nosotros esperamos un “cielo nuevo y una tierra nueva de amor y felicidad” ,”de alegría y gozo eternos”.
Próximos al tiempo de Jesús, la Revelación de Dios sobre el más allá de la muerte, sobre la resurrección de lo muertos y la retribución personal de los justos adquiere una relevancia muy notable. El pobre profeta Jeremías, acosado, martirizado y obligado a denunciar los pecados del pueblo, no tenía conciencia de una retribución final en el caso de morir. Su única defensa: acogerse y confiar en el Señor.
Pero notamos cómo en el libro de la Sabiduría 3,1-9:los justos esperaban seguros la inmortalidad ;4,7-15: el justo aunque muere prematuramente, tendrá el descanso. Importantísimo el fragmento del 2º libro de los Macabeos. 7,1,20-31:la madre y sus siete hijos mártires a los que asegura una esperanza después de la muerte :Dios les devolverá la vida; En 2º Mac.12,43-46:El valeroso caudillo Judas organiza una colecta para el sacrificio por los pecados de los caídos en la batalla. No hubiera tenido sentido orar por los muertos sin la esperanza de una retribución más allá de la muerte. Hoy, ahora, el fragmento del profeta Daniel 12,1-3: de los que duermen en el polvo,muchos despertarán; unos para la vida otros para la muerte; responden a la pregunta por el destino del justo y su retribución después de la muerte.
Es decir: el premio, la retribución personal del justo es la vida plena, la resurrección. En cambio el castigo es la muerte, permanecer en el polvo.
¿ Cuántos se salvarán? ¿Cuándo vendrá el Hijo del hombre? A la primera pregunta Jesús no contesta sino que indica. Vosotros entrad por la puerta estrecha que lleva a la vida. A la segunda Jesús responde: Ni los ángeles ni el Hijo del Hombre sino el Padre.
En el evangelio según S. Marcos Jesús con un trepidante ropaje literario describe la venida del Hijo del Hombre con poder y majestad para reunir a los elegidos. También Jesús como intentando que los discípulos no se distraigan con lo espectacular y asombroso del momento ,centra el acontecimiento en la venida del Hijo del Hombre y en los que lo reciben.
Invita Jesús a interpretar nuestra vida y sus signos. Así como en la vida de la naturaleza, la higuera verde, nos indica que se aproxima el tiempo de los frutos, así la vida del hombre ha de irse preparando para la llegada del Hijo del Hombre, el final de la existencia, del que nos sabemos ni el día ni la hora. Aquí y ahora vamos preparando nuestro final”porque el Reino de Dios está en medio e vosotros”
Lo definitivo es que mientras todo pasará, las palabras de Jesús, la verdad de Jesús no pasará: Jesús ha ofrecido un sacrificio, de una vez para siempre, para derribar la muerte.
El gran pensador Julián Marías, recientemente fallecido, notaba que la teología y predicación actual había dejado a un lado el sentido de la muerte, la vida del más allá, la vida eterna.
Porque es la esperanza en la vida eterna, el estar con Dios para siempre el impulso que nos anima a hacer este mundo más amable , humano y solidario:”tengo siempre presente al Señor con Él a mi derecha no vacilaré”. La esperanza en la vida eterna con Dios nos mueve a vivir con ilusión y solidaridad la presente: se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas y mi carne descansa serena”
Y esta es nuestra esperanza:” No me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me enseñarás el sendero de la vida ,me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha””Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento y los que enseñaron a muchos la justicia como las estrellas por toda la eternidad”
Es como si dijéramos que el amor de Dios que nos atrae y nos lleva fuese indestructible y por tanto su amor, su potencia nos llevase más allá de la finitud, más allá de la muerte. ”Y aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad porque con la muerte la vida no termina, se transforma”.
En una carta la madre de Sta.Teresa del Niño Jesús decía :“Teresita me preguntaba el otro día si iría al cielo. Le contesté que sí, a condición de que fuese muy buena. Ella replicó:
-Sí, pero si no fuese buena ,iría al infierno. Sé muy bien lo que haría entonces: volar a ti que estarías en el cielo.¿Cómo se las arreglaría Dios para cogerme ?Tú me apretarías fuertemente entre tus brazos.
Leí en sus ojos que estaba positivamente convencida de que nada podría hacerle Dios si se escondía entre los brazos de su madre.”
Una simpática historia narrada por un escritor alemán moderno nos ayuda a tener un sentido de la vida eterna más que todos los intentos de explicación racional. En un monasterio medieval vivían dos monjes unidos entre sí por una profunda amistad espiritual. Uno se llamaba Rufus y el otro Rufinus. En todo su tiempo libre no hacían otra cosa que tratar de imaginar y describir cómo sería la vida eterna en la Jerusalén celestial. Rufus, que era capataz, se la imaginaba como una ciudad con puertas de oro, constelada de piedras preciosas; Rufinus que era organista, como toda resonando melodías celestes.
Al final hicieron un pacto: el que de ellos muriera primero volvería la noche siguiente, para garantizar al amigo que las cosas eran precisamente como las habían imaginado. Habría bastado una palabra. Si era como habían pensado, diría simplemente: taliter!, es decir, precisamente así; si fuera otra cosa, diría: aliter, distinto!
Una tarde, mientras estaba al órgano, el corazón de Rufino se paró. El amigo veló tembloroso toda la noche, pero nada; esperó con vigilias y ayunos durante semanas y meses, y nada. Finalmente, en el aniversario de la muerte, de noche, en un halo de luz, el amigo entra en su celda. Viendo que calla, es él quien le pregunta, seguro de la respuesta afirmativa: taliter? Es así ¿verdad? Pero el amigo sacude la cabeza en signo negativo. Desesperado, grita: aliter? ¿Es diferente? De nuevo un signo negativo con la cabeza. Y finalmente de los labios cerrados del amigo salen, como en un soplo, dos palabras: Totaliter aliter: ¡Totalmente distinto! ¡Es algo muy diverso! Rufus entiende volando que el cielo es infinitamente más de lo que habían imaginado, que no se puede describir, y poco después muere también él, por el deseo de alcanzarlo .
El hecho, naturalmente, es una leyenda, pero su contenido es al menos bíblico. «El ojo no vio ni oído oyó, ni nunca entró en el corazón de hombre lo que Dios ha preparado para aquellos que lo aman» (cf. 1 Cor 2,9). San Simeón, el Nuevo Teólogo, uno de los santos más queridos en la Iglesia Ortodoxa, tuvo un día una visión; estaba seguro de que había contemplado a Dios en persona y, seguro de que no podía haber nada más grande y radiante de lo que había visto, dijo: «¡Si el cielo no es más que esto, me basta!» El Señor le respondió: «Verdaderamente eres muy mezquino, si te contentas con estos bienes, porque, en relación con los bienes futuros, ellos son como un cielo pintado en papel, en comparación con el cielo verdadero» .
Cuando se quiere atravesar un estrecho, decía san Agustín, lo más importante no es quedarse en la orilla y aguzar la vista para ver qué hay en la orilla opuesta, sino subir a la barca que lleva a la orilla. Y también para nosotros lo más importante no es especular sobre cómo será nuestra vida eterna, sino hacer lo que sabemos que nos conduce a ella. Que nuestra jornada de hoy sea un pequeño paso hacia ella
Señor,concédenos vivir alegres en tu servicio, porque en servirte a ti consiste el gozo pleno y verdadero. Que esta ofrenda sea agradable a tus ojos y nos consiga los gozos eternos. Que el memorial que tu Hijo nos mandó celebrar aumente la caridad en todos nosotros
Agradezcamos al Señor el misterio de su Iglesia ,cuerpo de Cristo, que es quien nos dona esta gran noticia, quien nos alienta y acompaña.

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