SÉPTIMO DOMINGO ORDINARIO

DOMINGO SÉPTIMO ORDINARIO

MIRAD QUE REALIZO ALGO NUEVO

1ªLect.:Isaías 43,18-19.21-22-24b-25: Por mi cuenta borraba tus crímenes

Sal.40,2-3.4-5-13-14:Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

2ªLect.:II Co.1,18-22:Jesús no fue sí y no sino sí.

Evangelio: Marcos,2-1-12:El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados

El profeta Isaías impulsado por el Espíritu del Señor anuncia una intervención poderosa, recreadora sobre el pueblo de Israel, como en la primera creación en que el Espíritu pasó ordenando el caos para que apareciese el cosmos, el orden, el sentido, la belleza y la bondad:””no recordéis lo de ataño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando,¿no lo notáis?””Yo por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados”

También con el mismo ímpetu profético S.Pablo declara que Cristo, Jesús, el Hijo de dios no fue primero sí y luego no ;en Él todo se ha convertido en un sí; en Él todas las promesas han recibido un sí. Y por Él podemos responder Amén a Dios para gloria suya”


Por todo ello, con un signo admirable de poder Jesús  cura a un paralítico afirmando la cercanía de Dios allí donde el mal, la enfermedad y el sufrimiento aplastan al hombre. Ha desencadenado antes un ejercicio saludable de fe en los compañeros de viaje:”llegaron cuatro llevando a un paralítico y como no podían meterlo por el gentío levantaron unas tejas encima donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico”. Y Jesús vio la fe que tenían.¿No nos sugiere a tantos voluntarios como actualmente acuden a Lourdes ayudando a los enfermos?

En esta ocasión la curación del paralítico le sirve como motivo para indicar que la enfermedad mortal es el pecado que aleja al hombre de Dios.

Jesús que suscita la admiración con su acción sanadora:”se quedaron atónitos y daban gloria a Dios: Nunca hemos visto una cosa igual”, provoca el escándalo al decir:”hijo, tus pecados quedan perdonados ”en quienes dicen que sólo Dios puede perdonar y no ven en Jesús nada más que un hombre como ellos.

En las tres etapas decisivas de la formación de la Iglesia que relatan los evangelios se descubre que “el perdón de los pecados” ha tenido una función de primer orden.

Las llaves a Pedro(Mt.16,19), la última cena: ”sangre derramada para el perdón de los pecados”(Mt.26,28) y el encuentro con Jesús resucitado: Paz a vosotros, a quienes les perdonéis los pecados…(Jn.20,19) así lo ponen de manifiesto.

Perdón, penitencia-gracia del perdón y reconocimiento de cambiar, de tener que sufrir una transformación son los ingredientes: “para comenzar algo nuevo”. Por eso las palabras eficaces de Jesús :”levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

Cristianos despiertos de nuestro tiempo indican que el núcleo de la crisis espiritual de nuestro tiempo hunde sus raíces en el oscurecerse de la gracia del perdón. También se reconoce que no hay verdadero progreso y verdadera reforma del hombre y de la humanidad sin una renovación moral. Pero el hombre no puede soportar la moral pura y simple, no puede vivir de ella. Es muy pesada la carga de la ley por la ley.

Por eso es necesaria la gracia del perdón. Jesús no llama a quienes ya se han liberado del pecado por sus propias fuerzas sino a quines se reconocen pecadores y tiene  necesidad de Él.

Hermanos, somos una comunidad de pecadores y somos “una compañía que espera” en el Señor que hace algo nuevo. El es quien nos mueve a decirle:”Sáname, Señor porque he pecado”,”absuélveme de lo que se me oculta y muéveme a cuidar del pobre y del desvalido”.

Desde aquí podemos intuir el sentido, la riqueza del Sacramento de la Penitencia, Reconciliación o Perdón de los pecados. Su práctica, motivada por tantas causas, sufre una crisis. Se ha pasado de los confesonarios a los divanes de sicólogos y siquiatras. Y no es desdeñable la acción benéfica de la psicología y siquiatría. Se trata de obviar los extremos: la frecuente y superficial y la nula celebración. Hemos de recuperar el sentido global sacramental de la Reconciliación  en la renovación de nuestra vida de fe cristiana.

Señor, concédenos alcanzar un día la salvación eterna, cuyas primicias nos has entregado en estos sacramentos.

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