Abr 4

    Llamados a una nueva vida.

    Jesús nos invita a vivir desde la condición de hijos de Dios.

    Mar 29

    Nuevas Criaturas

    San Pablo nos invita a que seamos nuevas criaturas reconciliándonos con Dios y por consiguiente con el prójimo.

     

    Dic 29

    La Sagrada Familia

                  Estamos terminando el año. Leyendo y reflexionando las lecturas que nos ponen este domingo me hacen reflexionar sobre el tema de la conciencia, de la cual nos habla el Apóstol San Pablo. Para Él la conciencia está unida a los mandamientos de Jesús y tienen como eje principal el amor mutuo de los prójimos que nos hace estar cerca de Dios.

                Estar cerca de Dios. Pero para ello hay que saber discernir. Escuchamos a mucha gente, nos distraemos con muchas cosas: Televisión, Internet, fiestas, futbol… rigen nuestra vida y nuestra manera de vivir. Podríamos decir que lo que alimentamos en nuestro interior es lo que nos hace vivir de un modo o de otro. De ahí la importancia de poner a Dios en el centro de nuestros pensamientos. Para ello necesitamos la oración. Sin ella es imposible que Dios gobierne en nuestro interior.

                La verdadera oración nos saca lo mejor de nosotros mismos: Nos hace vivir con alegría, esperanza, nos acerca al prójimo, da la sabiduría necesaria para discernir correctamente... Nos crea la conciencia necesaria para conocer las cosas de Dios.

                También necesitamos la Palabra de Dios que va íntimamente unida a la oración. Ella es consuelo, fortaleza, consejera y sobre todo la revelación del amor de Dios.

                Y una última necesidad para que Dios gobierne nuestro interior es el actuar del Espíritu de Dios en las personas. También se necesita el discernimiento del magisterio de la iglesia y los devocionales que mantienen viva la llama de querer estar cerca de Dios.

                Un buen propósito para este nuevo año: Vivir según los mandamientos que nos enseña Jesucristo.

                No podemos terminar esta pequeña meditación sin hablar de la familia. Tanto la primera lectura como el evangelio tienen algo en común: Ir a la “Casa de Dios” en familia. Una buena enseñanza el no perder nunca este valor de vivir la fe en familia.

    El evangelio para los niños

    humidios

    Dic 7

    Preparamos nuestro corazón

    El adviento es un buen tiempo para preparar nuestro corazón. La salvación de Dios ya se manifiesta en nuestras vidas por medio de las buenas obras. Debemos reflexionar nuestro actuar. Analizar nuestras acciones y cambiar aquellas que no hacen el bien. Este es el verdadero espíritu.
    Juan el bautista se nos presenta como un hombre humilde, toda su confianza la pone en Dios. Es el vocero que proclama el cambio para un pueblo que ha encontrado gracia. El tiempo ha llegado. ¡Prepárense!
    ¿Cómo debemos prepararnos? Estar cerca del evangelio, escuchar la palabra de Dios. Por medio de ella el Altísimo pondrá una semilla que florecerá con las buenas obras. No nos olvidemos de asistir a la eucaristía los domingos. Celebrar la fe en comunidad y con la familia nos hace verdadero pueblo de Dios. Tanto la escucha como la celebración debe estar acompañada de una actitud de “recogimiento”. Buscar espacios para el silencio y desde el dejar al Espíritu para que nos mantenga en alerta. Despiertos para caminar y llegar a la navidad con un corazón limpio.
    Podríamos añadir más acciones, el rezo del rosario, el calendario de adviento… todas ellas nos deben llevar a vivir desde la esperanza y la alegría de que el niño de Dios quiere estar con nosotros. Tengamos presente esa acogida.

    El evangelio para los niños

    humidios

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    Dic 5

    María, “Dichosa tu que has creído” (Lc 1, 45)

    “Dichosa tu que has creído” (Lc 1, 45) Creer exige confianza. Dar una parte de ti y saber que será guardada y cuidada. Participar de la seguridad de que lo que lo confiado está en “buenas manos”.
    La desconfianza es lo contrario a la confianza y es uno de los distintivos de nuestra sociedad. En una sociedad competitiva el fiarse en el otro no tiene cabida. Desde la tierna infancia aprendemos a ver al otro como alguien que nos “puede quitar algo”. A medida que crecemos “ese algo” toma forma en el trabajo, dinero, prestigio…
    En la navidad la gente siempre es más sensible a las necesidades de los demás. Uno en estas fechas toma conciencia de que “puede dar algo” al prójimo. Son unas fechas donde uno despierta por un momento y es plenamente consciente de la realidad. Pero luego vuelve otra vez el sueño.
    ¿Qué es lo que sucede? ¿La sociedad en estas fechas hace un “parón ante la competitividad”? ¿Es una manera de purgar nuestros males para tener la conciencia tranquila?
    Antes de venir Jesús al mundo los pueblos vivían en la oscuridad. Y entre ellos el pueblo Judío. Solo la esperanza en un mesías era capaz de vencer a la oscuridad. La gente ante esto tomaba conciencia de la realidad: Dios no podía abandonar a su pueblo. Esto hacia que en la sociedad surgieran movimientos de renovación, como el de Juan el Bautista: “Preparar el camino al Señor”, donde muchas personas cambiaban su vida desordenada.
    Esta esperanza también estaba en el corazón de una joven de Nazaret, María. Ella también aguardaba la liberación prometida por los profetas. Pero lo maravilloso de María es que fue capaz de creer que esto se cumpliría de la manera menos esperada: Dios haciéndose hombre. María dio una parte de si a Dios. Su confianza plena de que se cumpliría según lo había dicho el ángel.
    Por lo tanto estas fechas son un tiempo propicio para despertar, ver en el prójimo no a un extraño si no alguien al que le “podemos dar algo”. Así nos asemejaremos a Dios que nos da a su hijo. Cuando damos confiamos y María nos enseña que la confianza es la puerta para que las cosas maravillosas se cumplan.

    flores

    Tags: ADVIENTO

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