“Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar” (Mt 11,28)

 

          La vergüenza, el dolor, la ira, la incertidumbre nos hacen vivir una vida triste. La tristeza nos quita la alegría de trabajar, el disfrutar de nuestro tiempo libre e incluso la compañía del compartir con el prójimo. Entre más tiempo estamos en este estado florecen el egoísmo y el rencor que nos hacen ver el exterior como en una amenaza.

          Los cristianos tenemos la medicina para curar este estado anímico. Una cura que surge de la misma persona y palabras de Nuestro Señor Jesucristo. Mt. 11, 28-30 dice: “Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallaran descanso para sus almas. Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera.” ¿Cómo podemos ir hoy a Jesús si ya no esta físicamente con nosotros? Jesús no tenía físicamente a nuestro Padre Dios. Esta situación no le privaba de tener una relación muy especial con Él. Y esa relación era por medio de la oración. Le gustaba los lugares solitarios y la noche para poder hablar. Nos dice Mt 14,23: “Jesús, pues, despidió a la gente, y luego subió al cerro para orar a solas. Cayó la noche, y él seguía allí solo”.

          Hoy nosotros podemos encontrar a Jesús en la oración. En ella tendremos el momento especial para hablar con Él. En comunidad desde la Eucaristía o la misa. La oración es dialogo, sentir y amar. Jesús por medio de ella nos alivia y nos acompaña en nuestra vergüenza, dolor, ira e incertidumbre. Esta presencia hace que la alegría vuelva a surgir y se rompa el odio y el rencor. El exterior surge como la presencia amorosa de Dios y al que hay que enseñar.

Vivamos desde la alegría de Nuestro Señor Jesucristo.

La compasión

Comenatario al evangelio de San Marcos 6, 30-34         

            El Reino de Dios esta en medio de la gente. Es un acontecimiento que esta sucediendo en el aquí y ahora. Jesús y sus discípulos son los heraldos de abrir las mentes y concienciar a la gente. El trabajo es arduo y el celo por llevar las cosas de Dios hace que el cansancio entre en sus cuerpos. Jesús lo ve, siente la debilidad, pero antepone esa debilidad al ver a la gente que necesita su ayuda. Niega su comodidad por el bien de los demás.

            El mensaje principal que podemos aprender este domingo es saber desprenderse de uno mismo por el bien de los demás. Es decir, anteponer el bien de los demás al mío. El egoísmo es algo innato en nosotros. Todos buscamos la comodidad. Pero Jesús nos dice que también es innato en el hombre la compasión hacia el prójimo. El ponerse en la piel o ponerse los zapatos del otro nos hace ver que existen otras realidades. Y esas realidades no son ajenas a nuestra existencia. El hombre ha sido creado para ser libre. En esa libertad es capaz de guiarse por el egoísmo o por la compasión.

            Hace poco me pasaron un vídeo de la corrupción tan grande que esta habiendo en España. Es alarmante la cantidad de casos y el daño que hace a la sociedad. Personas que se dejan guiar por su egoísmo y que se enriquecen acosta del dolor y el sufrimiento de aquellos que no van a tener la educación, sanidad… que ese dinero tenía que invertirse. Pero Jesús nos dice que ese no es el camino. El camino es la compasión. El reino de Dios esta ya en medio de nosotros. Se puede vivir desde la ayuda al prójimo. Además de hacernos más humanos, nos dignifica como verdaderos hijos de Dios. En nosotros esta elegir el camino que queremos llevar a nuestra vida: La compasión o el egoísmo.

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La llamada

Comentario al  SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 6, 7-13

Jesús llama y envía. La misión predicar la conversión. Los medios para realizarla, la confianza en Dios. En estas palabras podríamos resumir el mensaje principal del evangelio de este Domingo. La llamada que Jesús hace siempre es una llamada radical. El pasado pierde significado y cobra una fuerza especial el presente. En el aquí y ahora surge la conversión. Jesús transforma tu vida para que seas luz en un mundo de oscuridad. Muchos escuchan la llamada de Dios, pero no se atreven a romper con su pasado. Acordémonos del joven rico que Jesús encontró. Le llama y le dice que venda todo lo que tiene y le siga, pero él estaba muy apegado a su vida anterior y rechaza la invitación. Quizás te encuentres en una situación parecida al Joven rico. Sientes que Jesús te dice: “ven y sígueme”, no tengas miedo y cambia de mentalidad. En el mundo en el que vivimos siempre nos dirán que la seguridad esta en el poseer, el mandar… en definitiva en el poder. Pero sabemos que el costo a poseer ese poder es por medio de un camino de destruir al prójimo y por consiguiente de infelicidad que como un hoyo que se cava en la tierra día tras día se va haciendo más profundo y oscuro. Se valiente y cambia el “chip”. Acepta la llamada que Jesús te hace. Tu vida ya sea en la soltería, el matrimonio, la consagración… no volverá a ser la misma. Empezarás a vivir con los valores del Reino de Dios cuyo pilar se fundamenta en el amor que Dios te tiene y que te hace tener una seguridad que se transforma en vivir la misión desde la gracia. Es decir, rompes con las cadenas de este mundo. “Les encargo que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto…”

La Natividad de San Juan Bautista

Queridos hermanos en Cristo Jesús. Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. El plan que Dios pone en cada corazón es la vocación a la que hemos sido llamados para dar gloria a Nuestro Padre Dios. Hemos sido predestinados ya desde el vientre como bien lo dice el profeta Isaías: “El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre.” Debemos ser fieles y esa fidelidad debe brotar de la confianza en Nuestro Señor Jesucristo. Sus palabras deben ser el soporte y el fundamento de nuestro actuar. ¡Grande es la vocación de aquel que integra en su vida diaria la buena nueva!
La fidelidad no brota de nosotros como nos dice el profeta Isaías: “Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas» En realidad, el Señor defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios.” Dios nos cuida con su mano y nos anima a realizar lo mejor que tenemos. Ser conscientes de esta realidad es poner todo nuestro ser en Él. Nos moldea con su mano poderosa. Sus obras son nuestras obras.
El profeta Juan fue moldeado por Dios antes que naciera. El fue fiel hasta el final por que sabía que su fuerza estaba en Dios. Señor Jesús moldea nuestro Corazón, fortalece nuestra conciencia con tu presencia y danos el poder de vivir nuestra vocación según la voluntad de nuestro Padre Dios. Amen.

III Domingo cuaresma, Ciclo B

LECTURA DEL LIBRO DEL ÉXODO 20, 1-17, LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 1- 22-25 y LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 2, 13-25

             En el Antiguo Testamento Dios es muy celoso con su pueblo. No admite que el hombre ponga sus ojos en los ídolos. Les recuerda que el siempre ha sido fiel y ha estado cerca del sufrimiento como sucedió en Egipto. El pueblo debe tomar una decisión. La vida o la perdición. Si cumplen los mandatos que les ponen vivirán. Se convierten en la forma de vida para ser fieles a la alianza establecida por Dios en el Sinaí. El domingo pasado Abraham se presentaba como el padre de la Fe. Él es fiel e incluso en la entrega de lo más preciado de su vida. Hoy volvemos otra vez a recordar la fidelidad que tenemos que tener ante Dios. Dios o los ídolos. ¿Cuáles son los ídolos de nuestro tiempo? El Papa Francisco nos ha habla de los falsos profetas. Por medio de su verborrea juegan con los sentimientos para ofrecer una falsa felicidad. Nos pide que estemos atentos para no caer en sus redes. Y la mejor manera de descubrirlos es por medio de la oración y el ayuno. La oración nos pone en contacto con Dios. En ella experimentamos la verdadera voluntad de Dios para con nosotros. En el ayuno nos sale al encuentro la humidad. Nos hace valorar lo que realmente merece en la vida. Y en este domingo los mandamientos: No pronunciaras el nombre de Dios en falso, honra a tu padre y a tu madre, no cometerás adulterio… Los mandamientos de la ley de Dios nos salen al encuentro no como un fin, sino como un medio para acercarnos más a la voluntad de nuestro Padre Dios.

            Una de las dificultades que tenían las primeras comunidades cristianas era que la predicación en el Cristo crucificado producía rechazo tanto al pueblo judío como a los paganos. Esto hace que el apóstol Pablo tenga que justificar la muerte de Cristo. Parte de la humildad. Dios solo puede actuar cuando el hombre se deja abrir a la gracia. Para ello debe romper con sus prejuicios y abrirse a la sabiduría de Dios. San Agustín antes de su conversión vio la biblia como historias que no llevaban a la verdad. Solo cuando empezó a verlo con los ojos de la fe y rompió con los prejuicios empezó el camino. La humildad es muy importante en nuestra vida. Ella nos lleva al misterio de Dios. En este camino nos encontramos con la fe. Vivimos que lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

            Jesús sabía lo que hay dentro de cada hombre. Las apariencias son uno de los mayores males de nuestro mundo. Detrás esta la mentira. Se intenta ocultar la realidad y como dice el papa Francisco surgen los falsos profetas. Jesús nos invita a vivir desde la autenticidad. El templo era el lugar más importante del pueblo judío. Era la casa de Dios. El lugar más sagrado donde el hombre va a su encuentro. Jesús ve que la función del templo, lugar de oración, esta siendo sustituida por la codicia y la avaricia de los vendedores y cambistas. Él quiere volver a restituir otra vez esa relación perdida de Dios con el hombre. Si el templo no cumple su función, el hijo de Dios sí. Jesús quiere que el hombre tenga una relación intensa y sincera con su Padre Dios. El nos enseña el camino. Nos pide que seamos sinceros con Dios. Ir a la iglesia es entrar en un lugar sagrado. En él está Jesús sacramentado, que nos espera.

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