Abr 14

    III Domingo de Pascua, ciclo b

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    Leer la palabra de Dios

    Toda acción conlleva una consecuencia. Para bien o para mal. Cuando se va por el camino incorrecto, Jesús nos pone una única medicina: El arrepentimiento y la conversión. Ella tiene la capacidad de sanar y restaurar a la persona. ¿Necesitamos ser restaurados y sanados? La insatisfacción es una de las enfermedades actuales. Va acompañada de la depresión. Y uno de los factores que la produce es la disociación de lo que se debería hacer con lo que se realiza. San Pablo en una de sus cartas ya expresaba esta situación. Hoy las lecturas nos expresan que Jesús vino al mundo para que la gente se arrepienta de sus pecados y se convierta. Él es el camino y para ir por el nos lo dice el apóstol San Juan en la primera carta. Quien guarda sus mandamientos está cerca de Dios.

    ¿Siento insatisfacción en mi vida? ¿Soy feliz? Una buena reflexión para este tercer domingo de pascua. Meditar sobre ello nos ayudara a analizar las acciones que realizamos y ver si están acordes con los mandamientos de Dios. Y, para ello, necesitamos tener momentos de oración. Encontrarnos con la Palabra de Dios y que nos confronte para así preparar el sendero que nos lleve al arrepentimiento y la conversión logrando lo que Jesús quiere para cada uno de nosotros, que tengamos una vida plena.

    No nos tenemos que olvidar que estamos en el tiempo litúrgico más solemne. El nos recuerda que la muerte ha sido vencida y la vida prevalece por encima de ella. Los primeros discípulos de Jesús no entendieron hasta después de la resurrección. Ello los llevo a vivir la vida con sentido y transmitir la buena noticia. No son buenos tiempos, la enfermedad nos acecha, la llamada recesión económica esta dejando a mucha gente sin trabajo, pero hoy las lecturas nos vuelven a recordar que no estamos solos en esta andadura. Guardar sus mandamientos, meditándolos en la oración nos llevará al arrepentimiento y la conversión que dará sentido a que nuestra insatisfacción sea cambiada a la luz del Resucitado.

    Pon a prueba tu comprensión de la Palabra de Dios. (haz clic en la imagen)

     

     

     

     

    Abr 10

    II Domingo de Pascua, Ciclo b

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      Leer la palabra de Dios. 

     

     

    La casa común, como el Papa llama a la tierra en la encíclica Laudato Si, tiene como idea principal que los recursos naturales creados por Dios deben ser administrados desde la responsabilidad y austeridad.  La lectura de los Hechos de los apóstoles nos transporta al verdadero ideal de cómo se deberían gestionar y compartir los bienes. “Cada uno según lo necesitaba...” En la necesidad se puede encontrar la llave de como tenemos que vivir. El cambio climático se ha puesto en uno de los asuntos prioritarios de la humanidad. El peligro de que la humanidad futura carezca de recursos para su supervivencia es patente. Los políticos intentan hacer acuerdos tanto nacionales como internacionales que muchas veces quedan en papeles. Nada más hay que ver el tratado de Kioto o el actual de París.  El caso es que si no hay un cambio en un futuro cercano las siguientes generaciones se enfrentarían a un problema bien serio. ¿Qué es lo que necesit0 realmente? ¿Cómo utilizo los recursos que están a mi alcance? Los primeros discípulos de Jesús nos enseñan que el sentir y el pensar común son fundamentales para revertir el daño que hacemos a la creación. Ello solo se podrá realizar cuando se tome una verdadera conciencia.

    Estamos en Pascua. En este tiempo las lecturas evangélicas nos muestran la importancia que tiene los testigos del Resucitado. Ellos son los que dan fuerza y veracidad a la comunidad. Pero hay algunos como el apóstol Tomás que es reacio a creer si no lo ve. El Señor Jesús le reprocha su falta de fe. Pero si somos correctos, habría que mirar que no solo fue Tomás. Los apóstoles también tienen que ver por ellos mismos, Juan y Pedro corren a ver la tumba vacía. Y El Señor se aparece a más de quinientos para que den testimonio. Entre ellos a los discípulos del camino de Emaús que no son capaces de reconocerlo hasta la fracción del pan. Por lo tanto, para los primeros cristianos fueron muy importante las apariciones. Aunque no debemos olvidar las palabras del Señor “dichosos los que creen si haber visto.” En nuestro tiempo esas palabras hacen un fiel reflejo de la situación de fe que muchos viven. Una sociedad tecnificada, donde los logros tecnológicos están dando paso a que muchos solo vean la superficie de la realidad y por lo tanto no sean capaces de abrirse a la profundidad de la fe.

    La fe nos adentra en el misterio de la resurrección y nos hace experimentar al Señor Jesús. Tiene mucho que ver con la fidelidad. Nuestra vida debe asemejarse a las enseñanzas del maestro. Entre más coherentes seamos con el pensar y obrar más nos asemejaremos a ese Dios que quiso habitar con nosotros. Que las primeras comunidades sean un ejemplo para nuestras iglesias locales de como los cristianos tenemos que administrar la casa común y vivir la experiencia del Resucitado.

    Abr 3

    Domingo de Resurrección

     

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       Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):

    EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
    «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

    Palabra del Señor

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    Comenzar una nueva vida suena muy bien. Dejar lo que nos ha avergonzando en el pasado, los fracasos y decepciones, las malas decisiones... Tener una nueva oportunidad para no volver a cometer esos errores. El poder levantarse con alegría con ilusión, en definitiva, con un sentido que te colma sin creces. Quiero pensar que la resurrección va por ese camino. Que uno encuentra esa paz que siempre nos esta pidiendo nuestro interior.

    Los primeros testigos del Señor Resucitado nos enseñan como del miedo y la tristeza se da paso a una fuerza vital que da un sentido pleno a la existencia. Jesús en su vida terrena siempre intento mostrar que la realidad como la percibimos es mucho más amplia de como la sentimos y nos invitó a descubrirla. Lo que es claro es que la Resurrección es el mayor acontecimiento que vamos a experimentar. De ahí que San Pablo diga que si no existe vana seria nuestra creencia cristiana.

    Un año mas celebramos la Pascua. Estamos metidos plenamente en medio de una pandemia que nos esta enseñando el precio de la enfermedad y la muerte. Unos hemos experimentado la enfermedad otros han pasado por la muerte y la inmensa mayoría hemos sufrido la perdida de algún ser querido. Una situación que nos esta haciendo replantear al menos espero que a muchos nuestra vida. Y, quizás tengamos que mirarla con esos ojos que Jesús quiere: Con compasión por el que sufre. No estar ajeno al dolor del prójimo. Misericordiosos como lo es nuestro Padre Dios. Estar cerca del que necesita de nosotros. Empáticos con la realidad que nos lleve a descubrir el mal y transformarlo. Abrirnos a la providencia, descubrir la gratuidad que Dios nos brinda con su cercanía...

    Un teólogo ponía la idea del “ya, pero todavía no” es decir, experimentamos parte de la realidad en esta vida terrena de lo que nos vendrá en la vida futura. Y tengo la sensación que no esta mal encaminado. Pues seguro que hay muchas cosas comunes entre las dos existencias. San Pablo nos ponía como ejemplo el amor. Que lo vivimos “aquí” y lo experimentaremos plenamente “allá”. Sea como sea es para estar felices y celebrar mucho en la Vigilia Pascual. Pasar unas felices Pascuas y sobre todo mirar con esos ojos que Jesús enseño a sus discípulos y que ha llegado hasta nosotros.

    Tags: CICLO B
    Abr 2

    Viernes Santo, ciclo b.

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     Leer la palabra de Dios.

     

    En la película del “Padrecito” donde Cantinflas hacía de un joven sacerdote recién salido del seminario hay una escena muy graciosa pero que muestra muy bien el sentido popular del Viernes Santo. La escena es cuando llega al pueblo y nadie lo recibe y todos están encerrados en sus casas por miedo al terrateniente. Cantinflas en su personaje dice la humorística frase “Esto parece mas muerto que un Viernes Santo”. Y es que para los cristianos es un día de silencio y penitencia. La muerte de Jesús nos introduce en el misterio de Dios. El profeta Isaías atribuye la muerte a la expiación de nuestros pecados¨: “Mi siervo traerá a muchos la salvación porque cargo sobre si las culpas de ellos”. El apóstol Pablo lo pone como ejemplo de lo que es la verdadera obediencia a Dios: “Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo a obedecer.

    Por lo tanto, hoy es un día para la meditación en el silencio. Contemplar la vida de Nuestro Señor Jesucristo desde el amor que lo llevo a expiar nuestros pecados y hacer la voluntad de Dios desde la obediencia. Si su vida fue servicio como lo celebramos y recordamos ayer, debemos reflexionar como servimos al prójimo. Nuestra vida es un regalo que Dios nos da. En ella, en nuestro interior, se forjan dones que vamos descubriendo a lo largo de la vida y que tenemos que poner a disposición de los demás. Sino sucederá que desaparecerán y serán entregados a otros que den mayor fruto. Estos dones que se traducen en obras de misericordia tienen su fuente en el amor. Y el amor es exigente y nos lleva a la lección que nos da hoy el apóstol, hay que aprender a obedecer. Y nuestro Salvador nos lo enseño en su vida terrenal. Exige sacrificio, negarse a uno mismo por el bien de los demás teniendo en el corazón la esperanza del mayor regalo: La vida eterna.

    Ayer hablábamos de la soledad y el daño que hace. Hoy volvemos hablar otra vez de ella, pero desde la perspectiva que trae paz a nuestra vida. La necesitamos para hallar el silencio que nos introduce en la meditación y contemplación de vivir una vida desde la entrega y voluntad de Dios.

    Mar 30

    Jueves Santo, Ciclo B

     

    bibliaicon1Leer la palabra de Dios.

     

      

    Las lecturas del jueves Santo tienen todas ellas en común que Dios siempre acompaña a los hombres en cualquier acontecimiento. La soledad es una de las lacras de nuestro tiempo. Cada vez más personas viven solas. Y en especial las personas mayores. Este es un hecho muy palpable en Europa, donde en países como Alemania o Inglaterra ya desde el estado tienen un organismo para apoyar a estas personas. Pero hay muchas formas de soledad. En América Latina, que por ello no quedan exentos otras partes del planeta, la pobreza es un factor que deja a muchos en la exclusión. ¿Cuántas personas enferman y no tienen apoyo? ¿Cuántos mueren solos en su casa? En la selva peruana uno se encuentra con estas desgracias.  Ancianitos que no tienen para comprar su medicina, abandonados por sus hijos o los quieren echar de su casa... Son situaciones que parecen extremas pero que por desgracia existen. Y hoy las lecturas nos recuerdan que en medio de todos los avatares humanos Dios nos acompaña.

    En nuestra limitada existencias ¿Quién no ha experimentado la soledad? Todos nos hemos sentido alguna vez solos. Y no hablo de la soledad buscada para nuestra paz sino de aquella de sentirse que uno lidia con los problemas de la vida, con la sensación de estar en medio de una isla en el océano. San Agustín pedía con insistencia amar y ser amado. Y hay esta la clave para salir de la soledad que nos lleva al abismo. El evangelista Juan escribe de Jesús que amo a los suyos hasta el extremo. Y este amor se lo enseña por medio del gesto del lavado de los pies: El amor es servicio. Es darse sin medida. Desprenderse de uno mismo y abajarse por el bienestar del otro. Pero a la misma vez Jesús sentía un amor inmenso de su Padre Dios. El amor que transmitía era correspondido plenamente no por los hombres sino por Dios. Y lo mismo sucede con nosotros, el amor es gratuito, Cuando amamos uno descubre en su universo que no esta solo, pero a la misma vez cuando ese amor lo ponemos en Dios uno sabe que siempre será correspondido. De ahí que saquemos una conclusión importante. Hay que amar a los hombres, pero sabiendo que el corazón hay que dárselo ha Dios, pues el siempre es fiel.

    Jesús lo experimento bien en sus propias carnes. A los que tanto amo en este mundo lo abandonaron. Incluso sintió el silencio de Dios en la cruz, pero sabía en quien había puesto su corazón y Dios lo resucito al tercer día.

    Que este jueves santo descubramos que no estamos solos por medio del amor al prójimo y pongamos nuestro corazón a Dios que siempre es fiel.

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