Jul 16

    La cizaña crece junto a la buena semilla.

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     Leer la palabra de Dios

    Las noticias que me llegaron de la ciudad más importante de la amazonía peruana, Iquitos, cuando el virus estaba atacando muy duramente fue que no había medicinas suficientes. Pasado unas semanas leía en las redes sociales que la fiscalía había confiscado una cantidad de medicamentos que eran vendidos ilegalmente a un precio altísimo. Como es normal, me vino una indignación tremenda ¿Cómo podía haber personas que se lucran a costa de las vidas que esas medicinas podrían haber salvado?

    La cizaña crece junto a la buena semilla nos dice la lectura de este domingo. En otro pasaje también sale la idea de que Dios llueve sobre justos y pecadores. El mal es algo que forma parte de esta vida. Ahora bien, por el hecho de que exista y de que podamos sufrirlo o realizarlo, Jesús nos dice que hay que tomar una decisión a la luz del Reino de los Cielos. Y tomar dicha elección exige coger el buen camino y ello exige hacer lo correcto. Y lo correcto es hacer el bien y no el mal. El libro de la Sabiduría anima a la persona que vive en la maldad a cambiar y escoger lo bueno. Con todo esto descubrimos a un Dios que Jesús ya nos lo recuerda que quiere que todos los hombres se conviertan y se salven. Pero también no quitemos la gravedad de las palabras que el evangelio hoy nos dice de aquellos que no se quieren convertir y se deleitan en la malicia.

    Y. ¿entonces? Debemos decidir en el día a día. Si tomamos el camino del bien brillaremos como las obras del Reino de los cielos y nos asemejaremos a nuestro Padre Dios. Por el contrario, si nos deleitamos en la maldad y persistimos en no cambiar nuestro destino quedara sellado “en el llanto y rechinar de dientes”. Pero aun en el mal camino hay alguien que vela por nosotros. El Espíritu Santo. San Pablo nos anima y exhorta a no olvidarlo. Pues el Espíritu sabe lo que nos conviene y es un buen aliado ante nuestro Padre Dios. Existe el mal y ello nos debe mantener en alerta. Debemos guiarnos según las obras del Reino de los cielos, pues la justicia prevalecerá ya que tenemos un Dios, como nos dice la sabiduría “...tu poder es el principio de la justicia”.

    Jul 5

    La tristeza y el encuentro con Jesús.

    La tristeza forma parte de nuestras vidas. El sentirla nos expresa que dicha emoción nos acompañara mientras estemos en esta existencia. El como lidiar con ella a la luz del evangelio es lo que vamos a reflexionar.

    La pena surge en momentos de frustración. Si perdura puede derivar en la depresión. Por ello es importante tratarla. Los evangelios se convierten en un buen instrumento para tratarla. Sus escritos parten de una experiencia con Dios reflejada en su hijo. Jesús empatizaba con los demás. Conocía muy bien los estados emocionales con los que se relacionaba. La expresión que utilizaba para despedirse era “Vete en paz”. En este término mostraba como el hombre necesita vivir en armonía con su creador y lo creado. Fijémonos en varios encuentros que tuvo Jesús con sus contemporáneos y como se relaciono con ellos ante el sentimiento de tristeza.

    La tristeza esta unida muchas veces a la pérdida de un ser querido. En los evangelios Jesús se encuentra con esta situación. La madre que lleva a su hijo a enterrar, la hija de Jairo, la muerte de Lázaro... Tanto la madre como el padre y el dolor de Marta ante la muerte de su hermano ponen la esperanza en Jesús. La confianza hace que encuentren la paz.

    La enfermedad también produce tristeza. Ella en dos sentidos. La persona que padece la enfermedad y los seres queridos que se preocupan por el que la adolece. En los evangelios nos encontramos con la enfermedad de la mujer que padecía de perdida de flujos de sangre y el centurión que tenía a un criado muy querido enfermo. En ambos casos la fe les da la sanidad y la paz.

    La indigencia es un factor que lleva a situaciones extremas. En el evangelio se nos describen varias situaciones. El ciego que pide limosna, la parábola del buen samaritano, Los diez leprosos, la mujer infiel... en estas situaciones todos ellos se ven despojados de vivir una vida digna. Jesús les restaura dándoles el honor que les corresponde como hijos de Dios. Ellos se deben a que no les juzga como a la mujer infiel, no los rechaza como a los diez leprosos y se compadece de los que necesitan su ayuda como la parábola del buen samaritano. Todas estas acciones producen la restauración de la persona.

    Los personajes descritos tienen en común que ponen su confianza en Jesús. El se convierte en el pilar donde se tiene que fundamentar la vida del cristiano. En los momentos de tristeza debemos pensar que no estamos solos. Dios nos acompaña en este proceso. Reconocer que necesitamos su ayuda implica acudir a Él. Como la parábola del hijo pródigo él nos está esperando con los brazos abiertos para darnos la paz que necesitamos.

    La fe es un pilar de la vida cristiana. Por medio de ella las situaciones que vivimos en el presente toman un matiz de un futuro esperanzador. Por ello la fe va unida a la esperanza. Cuando nos sentimos tristes, nos aferramos al presente. Creemos que no vamos a salir de ese estado de animo y nos aferramos al dolor. La fe nos hace romper con el momento actual y nos enseña la promesa de un futuro esperanzador.

    La restauración parte de situaciones donde la dignidad de la persona se ve alterada. Alguna vez en nuestra vida nos hemos sentido insultados, despreciados, infravalorados... Los sentimientos que surgen son de frustración y desconfianza hacia los demás y ello lleva a sentirnos tristes. Jesús conocía muy bien los corazones dolidos. Su medicina para sanarlos era el perdón. Cuando la persona se sentía perdonada encontraba la paz transformada en dicha. Hoy Jesús nos sigue invitando a que entremos en la dinámica del perdón.

    Por lo tanto, vivamos los momentos de tristeza a la luz del evangelio y hallaremos el camino para salir de ella.

    Jun 30

    El espíritu y la fragilidad.

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     Meditar la palabra de Dios.

    En la biblia se ensalza a los personajes que practican la humidad. Ella esta unida a la figura de Dios. El hombre descubre su indigencia ante la divinidad. Esta carencia hace que uno descubra la fragilidad de la vida y el deseo de una duradera seguridad. Jesús conocía muy bien las necesidades de las personas. Veía con los ojos de la misericordia el sufrimiento de los demás. En el dolor encontró como los corazones de las personas necesitaban sentirse amadas. En este domingo nos invita hacer lo mismo. Para ello San Pablo nos enseña en su carta que debemos vivir desde el espíritu y no desde las pasiones. La vida en el espíritu es parte de la necesidad y la fragilidad de que llevamos nuestra fe en “vasijas de barro”. La conciencia de nuestra debilidad nos hace estar preparados para entrar en el camino de Dios. Y en esta senda el prójimo sale a nuestro encuentro. En el uno encuentra como nos necesitamos y lo valioso que somos delante Dios.

    Para la reflexión:

    • ¿Soy consciente del dolor de los demás? ¿Cuál es mi postura?
    • El encuentro con el prójimo ¿Es desde el camino del espíritu o de las pasiones?
    Jun 23

    Tomar la cruz

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    ¿Cómo podemos recibir a Dios en nuestras vidas? Este domingo podríamos comenzar la reflexión con esta pregunta. Durante estos meses hemos vivido momentos muy difíciles. Tiempo donde ha surgido el miedo, la incertidumbre, la enfermedad, el dolor e incluso la perdida de algún ser querido. Jesús nos llama a que en estos acontecimientos de nuestra vida tomemos nuestra cruz y le sigamos.

    El cristiano en el bautismo hace un compromiso de por vida con Dios. La responsabilidad de vivir una vida acorde a ello se debería fundamentar primeramente en la familia. Si analizamos la situación de las familias nos encontramos con la triste realidad que muchas de ellas celebran el sacramento por un compromiso social. Esto hace que la parroquia se convierta en un espacio vital por medio de sus actividades pastorales y sacramentales. En ellas la persona puede tomar conciencia de su compromiso de seguimiento.

    Tomar la cruz implica entrar en la dimensión de la caridad fraterna. En ella el hombre experimenta los valores del reino de Dios. San Pablo en la segunda lectura nos recuerda que compartir la muerte de Cristo es morir para el pecado y vivir para Dios. Este vivir nos debe llevar a reflexionar nuestras acciones. Cambiar aquellas que nos alejan de Dios y del prójimo.

    La vida está llena de decisiones. En ellas nos moldeamos para el bien o para el mal. Hoy Domingo Jesús nos invita a tomar su cruz. Elegir los valores del evangelio. La implicación de la decisión es elegir a Dios y con ello la verdadera vida. La parroquia se convierte en un espacio propicio para ello. Tomemos la decisión correcta.

    Jun 16

    Una historia más en tiempo de coronavirus.

    Una mujer desesperada por la enfermedad gasta todo lo que tiene en médicos. No encuentra la cura y oye de un tal Jesús. Toda la energía que le queda a su desgastado cuerpo la pone en encontrarlo. Lo halla y recibe la sanación deseada.

    La vivencia que he vivido de la pandemia en Santa Rita de Castilla (Amazonia Peruana) me ha hecho identificarme con esta mujer. Ella utiliza todos los recursos que tiene para encontrar la cura. En Santa Rita de Castilla, como párroco del pueblo pongo todas mis energías en que el virus no llegue a la comunidad. Primero junto a las autoridades locales intentando cerrar el territorio del pueblo y habilitar lugares de cuarentena. Y el virus entra en la comunidad. La preocupación me hace perder la paz. Lo que ha sucedido en las ciudades de Iquitos y Nauta presagia lo peor. La parroquia cede los locales al centro de salud para que se adapten a las necesidades de la enfermedad. La organización indígena de Mujeres Kukamas “Waynakana Kamatawara Kana” se pone en contacto con la parroquia para apoyar una campaña de recaudación de dinero y canalización de dicha ayuda al centro de salud. Con ello se logra implementar al centro de Salud de trajes de protección, activación de los promotores de salud que se formaron en la parroquia y medicamentos generales. El Vicariato Apostólico de Iquitos también se pone en contacto con la parroquia para que se canalice la ayuda de medicamentos y concentradores de oxígeno. Y todo esto hace que el virus no sea tan letal.

    La mujer enferma acude a Jesús, una vez que ha gastado todo su dinero infructuosamente en médicos. Pero, ¿Por qué acude a Él? Lo primero que me viene al pensamiento es que esta desesperada. Ya no tiene nada que perder. Ella ha oído hablar de los milagros de Jesús. Pero surge algo maravilloso en su vida. La fe. Confía plenamente en que puede ser sanada. Y esa fe se la reconoce Jesús y le da la paz que tanto necesita. La perdida de paz que he sentido no se ha desvanecido con la ayuda y el trabajo de la parroquia. y me decía para mi mismo ¿En que estoy fallando? ¿Por qué no encuentro esa paz que tanto deseo? Y la respuesta la encontré en quien pongo mis fuerzas y mi confianza. Se necesita la ayuda y el trabajo que realiza la parroquia para canalizarla. Pero más se necesita tener y sentir cerca a Dios. Esto me ha devuelto la paz.

    Jesús tenía una cercanía muy familiar con su Padre Dios. Todos los días le hablaba y las acciones que realizaba estaban llenas de ese encuentro. El se lo enseño a sus discípulos y se transmitió de generación en generación. Pero que sabias las palabras de San Pablo “Llevamos nuestra fe en vasijas de barro”. Que pronto uno se olvida de que tiene un tesoro y busca en otros lugares lo que ya tiene.

    Esta pandemia para muchos ha sido un tiempo de gracia y de encuentro con Dios. Para mí la preocupación de cómo dar respuesta a las necesidades de la parroquia unido a la opinión de los superiores ante mi trabajo, me ha hecho olvidar la oración sincera y actuar acorde a ella en mis acciones. Esto no me ha traído paz. Pero Dios siempre está pendiente de cada uno de nosotros. Y espera a que recapacitemos y volvamos a Él. Y así sucedió. Con una pregunta tan simple y a la vez tan revitalizadora ¿Por qué no encuentro esa paz que tanto deseo? Y la respuesta la tenía ante mis ojos. Habla con Dios. Y en ese encuentro halle la paz. Y con ello se me abrieron los ojos. Las acciones que se realicen hazlas siempre buscando el bien cueste lo que cueste. Las decisiones que hay que tomes ponlas antes en oración. El futuro vívelo desde la confianza de Dios en el presente. Y las opiniones solo recíbelas si buscan el bien y la verdad.

    Una vez me preguntaron ¿qué es ser cristiano? Y lo primero que me vino a la mente es la palabra humildad. Ella te hace valorar las cosas sencillas de la vida y por ende desprenderte de las falsas felicidades. Te descubre que la verdadera fortaleza se haya en el desprendimiento y la entrega de hacer el bien al prójimo. Te hace reconocer que todo procede de Dios y en el se haya el verdadero sentido de la vida. Cuando uno tiene los síntomas de la enfermedad uno se da cuenta de lo frágil que es y lo importante que es vivir desde la humildad de saber que uno necesita a Dios. La mujer enferma del evangelio toca el manto de Jesús a escondidas. Jesús siente que una fuerza sale de Él. Pregunta quien ha sido y la mujer se postra, lo reconoce y explica el porqué. En este sencillo gesto muestra la humildad de reconocer que necesita ser sanada.

    Jesús despide a la gente con la expresión “vete en paz”, esa paz procede de Dios Padre y con ella enseña que uno aun en los momentos difíciles la puede mantener. La condición de sentir la cercanía de Dios. El deseo de necesitar a Dios lleva a querer hablar con Él. Y en ese encuentro como la mujer enferma uno descubre la salvación.

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