May 15

    Nuestra misión: Ser discípulos del Señor.

    El Espíritu Santo es la promesa que da Jesús a sus discípulos. Ella esta marcada por la buena noticia del Reino de los cielos. La misión de todo discípulo es divulgar la Palabra y que la buena noticia transforme este mundo. Los cristianos estamos llamados a ser luz. Mostrar por medio de nuestra unidad en la fe y el obrar que la voluntad de Dios puede ser cumplida y vivida. Debemos hacer un alto en el camino. Volver a encontrarnos con Jesús como los discípulos en la ascensión. Mirarle a Él sin quedarnos embelesados y rehuyendo el peligro del espiritualismo desencarnado, ponernos en camino sin desfallecer ni distracciones.

    La iglesia es misionera por naturaleza. El sacramento del bautismo es la voluntad de Jesús hecha realidad: “Id y haced discípulos míos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo Y del Espíritu Santo” Los desheredados de la tierra son los favoritos preferentes de Dios. De ellos es la Buena Noticia y por lo tanto en nuestra vida siempre debe primar de manera preferente quienes en nuestra vida son los que más ayuda necesitan. Dios nos ha creado para amar y que ese amor de frutos. A cada uno nos los ha dado según sus designios. Miremos quien necesita nuestra ayuda en el día a día. Gastemos nuestras energías pues estaremos participando en que el Reino de Dios entre en la vida de los demás y la nuestra.

    Que el Señor Jesús nos de la fortaleza y la fuerza para cumplir su voluntad y que su Reino se propague por todas las dimensiones de nuestra vida.

    May 8

    La fuente del amor. VI Domingo del Tiempo de Pascua, ciclo b

    El mandamiento principal del cristiano es el amor. El se fundamenta en Dios pues el es amor. El país de Colombia esta pasando por una violencia indiscriminada. Ella esta invitando a que los que se rigen por el odio se aprovechen de la situación. Si reflexionamos un poco, vemos el descontento de ver a unos políticos que miran más el beneficio de una clase elitista que al pueblo y un sector que usa la violencia para sus propios fines. Vemos un ejemplo del reflejo de la falta de amor. Esto nos lleva a que el amor debe ir unido al servicio. El expresidente de Uruguay Fernando Mujica, en su despedida como senador ponía una frase muy acertada para los jóvenes: ¨El odio destruye, el amor construye. ¨ Estando en la cárcel, como el expresa, después de tantos años no les guarda odio a sus captores. Y es que el amor nunca va solo, sino que va acompañado del perdón y el servicio.

    Hoy Jesús se nos presenta como la fuente de la que emana el amor. Dios es amor y se ve manifestado en su Hijo. Este suceso tiene unas implicaciones muy importantes para nuestras vidas: Si no conocemos a Jesús no podemos conocer a Dios Padre. Y el discipulado juega un papel muy importante en la vida del cristiano. ¿Quién es realmente discípulo de Jesús? Esta pregunta nos debe llevar a plantear como vivimos. El amor es el pilar de toda acción. ¿Mis acciones son tan puras para decir esto? Seriamos ingenuos que todo acto es movido por el amor. Nuestras pasiones muchas veces nos juegan malas pasadas. De ahí que para permanecer cerca de las buenas acciones tengamos que dedicar tiempo a la oración y estudio de la palabra. Muchos cristianos a lo largo de la historia han buscado la manera de estar más cerca de Dios: Los padres del desierto, la vida monástica, los santos en sus diferentes vocaciones... todos ellos tienen en común el mismo deseo. La palabra de Dios y la oración han sido su sustento y fortaleza. Hoy Jesús nos llama amigos. Por medio de Él conocemos a Dios. Nos pone dos condiciones: Escuchar sus palabras y que esas palabras den muchos frutos por medio de los actos.

    El egoísmo y el odio siempre ha estado presente, pero también el amor. Unos han optado por una vida infructuosa, otros han dado pleno sentido a sus vidas y han dejado las huellas del amor reflejadas en la justicia, la dignidad y sobre todo en el servicio desinteresado de buscar siempre el bien de los demás.

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    Abr 28

    V Domingo de tiempo Pascual, ciclo b

    bibliaicon1Leer la palabra de Dios.

     

     

     

    Hacer lo correcto

    La conciencia muchas veces viene marcada por la sociedad. El apóstol San Juan conocía bien como lo aprendido a lo largo de la vida chocaba con la nueva fe. Esto creaba remordimiento. Ante este hecho acude a Dios. Él está por encima. La fidelidad a las enseñanzas de Jesús hace que uno valla por el camino correcto.

    Esta lectura y la manera de pensar del apóstol nos previene de no caer en falsas mentiras que puedan regir nuestro sentir y actuar. Teniendo claro cual es la senda uno puede comparar sus remordimientos a la luz de la Palabra de Dios. La sociedad juega un papel muy importante en la conciencia. Acciones bien vistas que a la luz de la Palabra de Dios son rechazada e incluso denunciadas. Pensemos en la esclavitud, en muchos países durante muchos años fue bien vista y atentaba claramente con la Sagrada Escritura. Hoy habría que hacer una reflexión de que acciones son bien vistas en nuestra sociedad y ponerlas a la luz de la palabra. Y más concretamente cuales hacemos nosotros y compararlas con la palabra.

    La cercanía de Dios tiene que ver con las acciones que surgen de la buena noticia. No se puede decir que “uno conoce a Dios sino ama al prójimo”. Ahora nos toca interpelar a nuestra propia vida. ¿Estoy cerca de Dios? ¿Cómo son mis acciones? Algunas, personas y con pésame hay que decirlo, creen que con acudir a misa y cumplir ciertos preceptos sin repercusión en sus obras están haciendo el bien. Otros tienen remordimientos sino acuden a misa en cambio, si actúan mal con el prójimo no tienen ninguna contrición. Son realidades que Jesús hoy nos interpela a cambiar. Estamos en un tiempo que hay que vivirlo desde la luz de la buena noticia. La resurrección de Jesús nos dice que el bien, lo bello siempre esta por encima de todo. Y el bien supremo es Dios, en el hallaremos lo correcto. Por lo tanto, si tenemos remordimientos en nuestros actos pongámoslos ante la luz de nuestro creador. No nos olvidemos de estar cerca de Dios y la mejor manera es por medio de su Palabra. Busquemos momentos en el día para poder leer y reflexionar lo que nos dice Jesús, pues Él es el camino, la verdad y la vida.

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    Abr 14

    III Domingo de Pascua, ciclo b

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    Leer la palabra de Dios

    Toda acción conlleva una consecuencia. Para bien o para mal. Cuando se va por el camino incorrecto, Jesús nos pone una única medicina: El arrepentimiento y la conversión. Ella tiene la capacidad de sanar y restaurar a la persona. ¿Necesitamos ser restaurados y sanados? La insatisfacción es una de las enfermedades actuales. Va acompañada de la depresión. Y uno de los factores que la produce es la disociación de lo que se debería hacer con lo que se realiza. San Pablo en una de sus cartas ya expresaba esta situación. Hoy las lecturas nos expresan que Jesús vino al mundo para que la gente se arrepienta de sus pecados y se convierta. Él es el camino y para ir por el nos lo dice el apóstol San Juan en la primera carta. Quien guarda sus mandamientos está cerca de Dios.

    ¿Siento insatisfacción en mi vida? ¿Soy feliz? Una buena reflexión para este tercer domingo de pascua. Meditar sobre ello nos ayudara a analizar las acciones que realizamos y ver si están acordes con los mandamientos de Dios. Y, para ello, necesitamos tener momentos de oración. Encontrarnos con la Palabra de Dios y que nos confronte para así preparar el sendero que nos lleve al arrepentimiento y la conversión logrando lo que Jesús quiere para cada uno de nosotros, que tengamos una vida plena.

    No nos tenemos que olvidar que estamos en el tiempo litúrgico más solemne. El nos recuerda que la muerte ha sido vencida y la vida prevalece por encima de ella. Los primeros discípulos de Jesús no entendieron hasta después de la resurrección. Ello los llevo a vivir la vida con sentido y transmitir la buena noticia. No son buenos tiempos, la enfermedad nos acecha, la llamada recesión económica esta dejando a mucha gente sin trabajo, pero hoy las lecturas nos vuelven a recordar que no estamos solos en esta andadura. Guardar sus mandamientos, meditándolos en la oración nos llevará al arrepentimiento y la conversión que dará sentido a que nuestra insatisfacción sea cambiada a la luz del Resucitado.

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    Abr 10

    II Domingo de Pascua, Ciclo b

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      Leer la palabra de Dios. 

     

     

    La casa común, como el Papa llama a la tierra en la encíclica Laudato Si, tiene como idea principal que los recursos naturales creados por Dios deben ser administrados desde la responsabilidad y austeridad.  La lectura de los Hechos de los apóstoles nos transporta al verdadero ideal de cómo se deberían gestionar y compartir los bienes. “Cada uno según lo necesitaba...” En la necesidad se puede encontrar la llave de como tenemos que vivir. El cambio climático se ha puesto en uno de los asuntos prioritarios de la humanidad. El peligro de que la humanidad futura carezca de recursos para su supervivencia es patente. Los políticos intentan hacer acuerdos tanto nacionales como internacionales que muchas veces quedan en papeles. Nada más hay que ver el tratado de Kioto o el actual de París.  El caso es que si no hay un cambio en un futuro cercano las siguientes generaciones se enfrentarían a un problema bien serio. ¿Qué es lo que necesit0 realmente? ¿Cómo utilizo los recursos que están a mi alcance? Los primeros discípulos de Jesús nos enseñan que el sentir y el pensar común son fundamentales para revertir el daño que hacemos a la creación. Ello solo se podrá realizar cuando se tome una verdadera conciencia.

    Estamos en Pascua. En este tiempo las lecturas evangélicas nos muestran la importancia que tiene los testigos del Resucitado. Ellos son los que dan fuerza y veracidad a la comunidad. Pero hay algunos como el apóstol Tomás que es reacio a creer si no lo ve. El Señor Jesús le reprocha su falta de fe. Pero si somos correctos, habría que mirar que no solo fue Tomás. Los apóstoles también tienen que ver por ellos mismos, Juan y Pedro corren a ver la tumba vacía. Y El Señor se aparece a más de quinientos para que den testimonio. Entre ellos a los discípulos del camino de Emaús que no son capaces de reconocerlo hasta la fracción del pan. Por lo tanto, para los primeros cristianos fueron muy importante las apariciones. Aunque no debemos olvidar las palabras del Señor “dichosos los que creen si haber visto.” En nuestro tiempo esas palabras hacen un fiel reflejo de la situación de fe que muchos viven. Una sociedad tecnificada, donde los logros tecnológicos están dando paso a que muchos solo vean la superficie de la realidad y por lo tanto no sean capaces de abrirse a la profundidad de la fe.

    La fe nos adentra en el misterio de la resurrección y nos hace experimentar al Señor Jesús. Tiene mucho que ver con la fidelidad. Nuestra vida debe asemejarse a las enseñanzas del maestro. Entre más coherentes seamos con el pensar y obrar más nos asemejaremos a ese Dios que quiso habitar con nosotros. Que las primeras comunidades sean un ejemplo para nuestras iglesias locales de como los cristianos tenemos que administrar la casa común y vivir la experiencia del Resucitado.

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