Oct 17

    La voluntad de Dios. XXIX domingo tiempo Ordinario - Ciclo A

    bibliaicon1Leer la palabra de Dios

     

    ¿Quién conoce los caminos del Señor? ¿Cuál es su voluntad? ¿Son los profetas sus voceros? Isaías siente la llamada de Dios. Predice la liberación de su pueblo de la mano del rey Ciro por voluntad de Dios. La fe es la llave para comprender la voluntad del Creador. Y esa fe es la que lleva al pueblo de Israel afirmar que solo hay un Dios. De la lectura del profeta Isaías descubrimos que Dios sigue actuando en la historia. Esta afirmación nos debe llevar a la confianza. Aprender a vivir desde la fe. Y esto significa que en las circunstancias de nuestra vida encontramos la seguridad y la paz de sentirnos acompañados.

    La fe, la esperanza y la caridad son los pilares de la vida cristiana. Vivir acorde a estos pilares nos hace sentirnos elegidos por Dios. De ello da cuenta el Espíritu Santo. Él nos anima y nos da la fuerza necesaria para hacer la voluntad de Dios. Y entonces, ¿Cuál es su voluntad en mi vida? Qué creamos en Él. Le ofrezcamos frutos de bien, dándole a Dios lo que le corresponde.

    Oct 1

    Restauración. 27 domingo de tiempo Ordinario - Ciclo A

     bibliaicon1Leer la Palabra de Dios.

     

    Estamos expuestos a factores externos que nos hacen perder la paz interior. Las lecturas de hoy bien podríamos hacer la comparación de la viña con nuestras vidas. El profeta Isaías compara la viña con el pueblo de Israel. El pueblo ya no da frutos. Se ha corrompido. Jesús en la misma línea es más duro. Deshereda al pueblo por no aceptar a Dios. Y San Pablo nos invita acordarnos de lo que agrada a Dios.

    Volvamos a nuestras vidas. ¿Por qué perdemos la tranquilidad? Meditando la segunda lectura nos da una respuesta. El no realizar lo correcto, lo bueno, lo justo, las actitudes que agradan a Dios no encontraremos la paz deseada. Por lo tanto, surge una palabra que sale hoy en el salmo y que es crucial: Restaurar. Necesitamos restauración. Para ellos buscar el tiempo necesario para ver que es lo que tenemos que cambiar. En reflexiones anteriores escribía que las acciones del pasado no son las que deben definir nuestro actuar en el presente, sino que como cristianos es el Evangelio. Comparar nuestra vida con los valores del evangelio es el camino. Entrar en esta dinámica es empezar a crear una fortaleza interior que hará que los factores externos no nos desequilibren.

    Ya tenemos la palabra clave de nuestra reflexión: Restauración. Ella esta muy unida a otra palabra que Jesús le dio mucho valor. Convertir. Hoy nos vuelve hablar otra vez del Reino de los Cielos. Para entrar en el debemos merecerlo. Ser dignos. Convertirnos, restaurarnos, asimilarnos a sus normas. Y la norma del Reino es obedecer al Hijo de Dios. Entender y cumplir sus Palabras. Ellas están llenas de buenas acciones: amar, servir, orar, ayudar... Pero ¿Qué sucede que nos olvidamos tan pronto como el pueblo de Israel?

    La historia del pueblo de Dios esta llena de grandes olvidos. Sodoma y Gomorra, El becerro de oro en tiempos de Moisés, El exilio del pueblo de Israel en tiempos de Jeremías idolatrando a otros Dioses, las grandes injusticias cometidas en tiempos del profeta Isaías y como culmen el no reconocimiento de la promesa de Dios en su Hijo. El olvido es un enemigo de la restauración y la conversión. Fíjate en un camino, de noche, sin ninguna luz, has paseado por el un montón de veces. El recuerdo te hará llegar al destino. El olvido te desviara y nunca llegaras. Lo mismo pasa con nuestra vida. Cuando nos olvidamos de Dios, abandonamos los grandes valores que nos dan la paz. Y ello nos hace vivir en la tristeza que surge de saber que no estamos siendo justos con nuestra vida.

    En conclusión, la restauración es el camino para el Reino de los Cielos y el olvido la perdida de los valores del Evangelio. Que cada uno decida lo que quiere para su vida.

    Sep 26

    La luz del Evangelio - XXVI domingo de tiempo ordinario - Ciclo A

    bibliaicon1Leer la palabra de Dios.

     

    ¿Cuál es la voluntad de Dios? Encontramos la respuesta en el Reino de Dios. Conocerlo parte de escuchar meditar y llevar a la práctica la Palabra Revelada. El que muchas personas no conozcan a Dios hace que la iglesia tenga como principal misión enseñar el mensaje de la buena noticia.

    Practicar el derecho y la justicia leemos en el libro de Ezequiel. En el evangelio Jesús pone el ejemplo de los publicanos y las prostitutas que creen en el camino de la justicia que predica Juan en contradicción a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo. Llevar el mensaje significa que la fidelidad es el tronco en el que se sustenta la veracidad del mensaje. Si la iglesia se aleja de las enseñanzas reveladas será como los sumos sacerdotes y ancianos que creían que agradaban a Dios. Y este es un peligro que siempre esta presente. El Papa Francisco ha sido muy duro en el estilo ostentoso de muchas instituciones eclesiales invitando a que las periferias y “mancharse de barro” sea su referente y práctica. Pero no solo las instituciones todos los bautizados estamos puestos a prueba un sinfín de veces. Hacer el bien y lo correcto no lo realizamos. Por eso de todas estas deficiencias la iglesia se convierte en una fuente de esperanza. Su mensaje debe predicar con valentía que ningún hijo de Dios se puede perder. La conversión es el camino en el que Dios sale al encuentro del pecador y lo restaura, lo transforma, le da sentido a su vida y hace que la luz del evangelio vuelva otra vez a brillar en su vida.

    El Reino de los Cielos es una llamada de Jesús y de la iglesia a entrar en Él. Es la misión principal. Que todo el mundo conozca que el Hijo de Dios es el soberano del mundo y ese el camino, la verdad y la vida.

    Hoy se necesitan personas fieles, sinceras que sean luceros y heraldos del evangelio. Y cada vez que se convierte un pecador hay una gran fiesta en el cielo. Pues Dios vino al mundo para que todos tuviéramos vida plena. Y esa vida es un regalo para todos.

    Sep 16

    Caminemos

    bibliaicon1Leer la Palabra de Dios

     

    La vida es como un camino. El sendero a veces es claro y seguro. Otras veces es oscuro e inseguro y uno se desvía. Las lecturas nos invitan a acordarnos de volver otra vez al camino. En el hallamos a Dios que como un compañero de viaje nos coge de la mano para no volver a errar.

    Jesús una vez dijo que el que este libre de pecado que tire la primera piedra. ¿Quién no se ha equivocado alguna vez? Si somos sinceros y nos analizamos llegaremos a la conclusión de que no somos perfectos. Los errores están con nosotros. Pero ellos no nos definen. Lo que nos determina es como nos enfrentamos a ellos. El Evangelio de Cristo se convierte para San Pablo en posicionamiento y guía de una vida una vida digna.

    El Reino de los Cielos tiene relación con vivir una vida digna. Lo importante, como nos dice la parábola, es entrar en él. A los diez, veinte, cuarenta, ochenta... años. Fijémonos en San Agustín. En su libro “Las Confesiones” escribe lo siguiente:

    ¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,

    tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,

    y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,

    me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.

     

    Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.

    Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,

    si no estuviesen en ti, no existirían.

     

    Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera;

    brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;

    exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;

    gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;

    me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.

    Otros santos como Santa Teresa de Lixieus, San Luis de Gonzaga, tempranamente se insertan. Pero no solo los santos reconocidos por nuestra iglesia son ejemplo. Hoy también hay cristianos que dan a conocer su testimonio:

    Mi nombre es Manuela Piera y tengo 25 años y adía de hoy, puedo decir que el pilar más importante en mi vida es la fe, pues realmente el tener fe es lo que me hace quererme y aceptarme a mí misma con todos los defectos y virtudes que tengo, me hace querer a mi familia y a mis amigos con todo mi corazón y por encima de todo, pero, sobre todo tener fe hace que mi vida en general y, en concreto, mi vida profesional tenga sentido...

    (Tomado de https://www.jovenescatolicos.es/2020/08/13/en-todo-amar-y-servir-el-sueno-de-dios-para-manuela-piera/)

    Leemos en el libro de Isaías:

    Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes.

    Y en el libro de Jeremías:

    Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré.

    Dios sale primero a nuestro encuentro. Él es el que nos llama. El momento y el tiempo no nos corresponde a nosotros decidirlo. Aceptar o rechazar la invitación sí. San Agustín en su libro biográfico expresa como Dios le llamaba ya tempranamente por medio de su Madre Mónica y no aceptaba la invitación. Tendrán que pasar años para acogerla. Pensemos en nosotros. Reflexionemos en los momentos que Dios ha salido a nuestro encuentro. ¿Cuál ha sido nuestra actitud? Tengamos la certeza de que Dios seguirá llamándonos, pues no abandona a ninguno de sus hijos.

    Cuando uno entra en el Reino de los Cielos descubre que ya hay unos planes y caminos bien definidos. Esto hace que surja un conflicto interno con los deseos. El anhelo de poseer, satisfacer las pasiones, dejar que el orgullo sea el lucero... se antepone a los valores del Evangelio. Los planes de Dios difieren de los terrenales. Es misión del hombre descubrir cuales son y llevarlos a la práctica. Por lo tanto, ¿Qué quiere Dios en mi vida? ¿Qué importante es su palabra en mi vida?

    En esta semana vallamos de la mano de nuestro Padre Dios por el camino del Reino de Dios. Vivamos una vida acorde al Evangelio y descubramos el sentido de una vida digna.

    Sep 8

    Perdonar – XIV domingo de tiempo ordinario -ciclo A

    bibliaicon1Leer la palabra de Dios

     

    “Recuerda los mandamientos”. El recuerdo tiene que ver con la experiencia. Ella nos enseña el camino seguro por el que andar. Las lecturas nos rememoran como vive el pecador que no es capaz de perdonar. El furor y la cólera son sus acciones. Su destino la condenación.

    Jesús nos dice que se puede vivir de otra manera. Nuestros instintos nos llevan a escoger siempre el camino fácil. Pero, podemos decidir lo bueno. Hacer lo correcto. El perdón tiene una dirección de ida y de vuelta. Cuando perdonamos somos perdonados. Como tratemos al prójimo así seremos tratados en el cielo.

    No es fácil el camino del perdón. Uno que no ha perdonado nunca será capaz de darlo. Pero ¿Quién no ha perdonado alguna vez o ha sentido su fuerza? Uno de sus frutos es el sentirse libres y en paz. Lo contrario, el rencor que es como la enfermedad que se va apoderando del cuerpo hasta destruirlo. Cuando a uno le lastiman la ira surge en su interior, se apodera de él y pierde la armonía.

    El recuerdo de lo correcto y lo bueno es la mejor medicina. La memoria impresa del evangelio en las acciones hace que uno reviva el poder de la redención. Santa Rita de Casia vivió en una época donde las familias luchaban por su hegemonía en la Italia del siglo XIV. Estos enfrentamientos terminaban en violencias que tenían que ser respondidas. En estos acontecimientos perdió a su marido. Como cabía de esperar había que responder con la misma moneda. Ella pone la otra mejilla. Perdona a los asesinos e incluso reza por que sus hijos no busquen la venganza. Su cercanía y vivencia de Dios la hacen experimentar un amor tan intenso que se ve reflejado en sus acciones.

    Vivamos esta semana y siempre para el Señor. Escojamos lo bueno desde el recuerdo impreso del evangelio a fuego en nuestro corazón. Perdonemos siempre, sabiendo que nosotros somos también perdonados por Dios. Feliz semana.

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