Jul 30

    Dios con nosotros - XVIII domingo ordinario, ciclo b.

    Leebibliaicon1la palabra de Dios

     

    La desesperación y la ansiedad vienen a nuestra vida cuando vemos en peligro nuestra existencia. Los israelitas experimentaron esta sensación y su actuar fue desde el miedo entrando en pánico. Desde que comenzó la pandemia hemos visto como muchas personas nos han dejado. La enfermedad ha estado presente en muchos de nosotros. La incertidumbre del día de mañana ha ido calando en nuestro interior. Y, todo este cumulo nos ha llevado a vivir en una tensión en detrimento de nuestra armonía.

    Los israelitas en su situación de desesperación descubrieron algo muy importante que los acompañaría a lo largo de la historia de la salvación. No estaban solos. Alguien velaba por ellos desde el cielo y tenían a un mediador en la figura de Moisés. En su angustia experimentaron la seguridad de tener un Dios que vela por ellos. Jesús sigue la misma línea que Moisés. Su mensaje esta cargado de esperanza. Dios toma la iniciativa y quiere estar en medio de la humanidad sufriente. En la persona de su hijo está la fuente de esa sabiduría. San Pablo expresa claramente que para llegar a Él hay que renovarse. Cambiar la manera de pensar y con ello la vida, empezando por las buenas obras.

    Cuando uno esta en una situación muy dura, es decir lo esta pasando muy mal uno descubre en que o quien se apoya. Hoy el evangelio nos hace esta reflexión. Si nos apoyamos en Dios ¿Por qué vamos a Él? ¿Por puro interés o buscando su voluntad? Muchos acuden a Dios en los momentos difíciles olvidándose una vez que vuelven a sentirse bien. Las lecturas nos enseñan que la vivencia de fe es en el día a día. Cada día es un nuevo reto. Dios esta siempre con nosotros. Misión nuestra es no olvidarnos de ello. Cuidar nuestra oración, vivir nuestra fe comunitaria en la parroquia y lo más importante renovarnos de mente para que nuestra vida este acorde a lo que hemos sido llamados a la santidad que proviene de nuestro Padre Dios. Que este domingo descubramos la grandeza de sentirnos queridos por Dios y protegidos por su gracia.

    Jul 11

    Llamados a vivir el mensaje y proclamarlo.

    bibliaicon1Leer la Palabra de Dios

     

    El envió es innato a la vida del bautizado. El cristiano esta llamada a ser luz en medio de la sociedad. Y esto tiene que tener muchas implicaciones en nuestra vida. Empezando porque nuestras acciones estén marcadas en buscar el bien de nuestro prójimo. Sabemos que no es tarea fácil pues en este mundo globalizado imperan contravalores que se dan ya como validos e incluso se enseñan. Jesús sabía muy bien que el pueblo necesitaba escuchar la verdad. Y dentro de esa verdad palabras y gestos que le llevaran a la esperanza de que tenían profetas en medio de ellos. Envía a sus discípulos con una misión bien concreta. Les pone la condición que su bastón sea la fe en Dios y su predicar sea para aquellos que quieran acogerlo. Esta norma sigue estando vigente. La predicación parte de la vivencia de fe. Debemos mirar cual ha sido nuestra experiencia. De ella sacamos el mensaje lleno de vida, pues Dios actúa en medio de nuestras vidas. Sin ella conoceríamos bien la Palabra de Dios, pero sería vacía pues no la sentimos. 

    El mensaje además debe ser mostrado desde la libertad de ser Hijos de Dios. No se debe imponer. En nuestro tiempo hay muchas maneras sutiles de imposición. Una de ellas es la manipulación. Ciertos sectores del mundo católico se aprovechan del desconcierto y la duda de muchos para mostrar un mensaje lejos de las enseñanzas de Jesús. Las ideologías imperantes en nuestro mundo que tanto ha criticado el Papa actual a veces entra en sectores de la iglesia y el mensaje se desvirtúa en bien de los intereses de ese pensar.  También aquellos grupos u organizaciones eclesiales que muestran una espiritualidad en la cual no son capaces de aceptar la verdad de otras. El mensaje de Jesús hacia a las personas libres. Les restauraba su dignidad. Hoy en día es un buen indicativo el mensaje que va por el camino de la dignidad y la restauración tanto colectiva como de la persona mostrando que está por encima de cualquier imposición ideológica u espiritualidad excluyente.  Todos los tiempos son propicios para Dios. En nosotros esta la decisión de aceptar su mensaje libremente y transmitirlo por medio de nuestras palabras y obras.  
    Jul 3

    Hallando a Dios.

    bibliaicon1Leer la palabra de Dios

    La vocación es sinónimo de felicidad. Es encontrar tu lugar. Uno se siente realizado cuando la ejerce. Ese es el caso de los profetas. Sienten una fuerte llamada y no son capaces de rechazarla. Viven para cumplir la voluntad sin importarles lo que piense la gente. Tanto el profeta Ezequiel como Jesús pasan por estas situaciones. Ezequiel siente dentro de su interior que Dios le dice que no se desanime en los momentos que no lo escuchen. Jesús siente la incomprensión de los de su propia tierra. Los dos tienen en común que tienen las ideas bien claras. Lo importante es cumplir la voluntad de Dios.
    Esta crisis de la pandemia está agravando más la situación de muchas personas que quieren acceder a un trabajo. La vocación que uno tiene se ve truncada por el mercado laboral. Esto crea que uno se sienta desplazado y no encuentre su camino. Las lecturas no enseñan a no desanimarnos. A ser fuertes y poner la confianza en Dios. Él le habla al profeta Ezequiel y le dice que habrá un profeta en su tierra. Esta con él, lo acompaña. Lo mismo sucede con nosotros. San Pablo así lo siente. Sufre, pero encuentra la fuerza suficiente para poder soportarla. Y es que cuando uno no tiene nada en que apoyarse el corazón busca lo que verdaderamente puede llenarlo. Y ese es el Creador. 

    Jun 16

    Criaturas nuevas desde el perdón y la sanación.

     

    bibliaicon1Leer la palabra de Dios

    La fe es como el agua subterránea que alimenta y da sustento a hierbas y plantas. Sin el agua el campo se convierte en un desierto, sin fe la vida del cristiano carece de sentido. San Pablo hoy nos invita a profundizar en la figura de Cristo. Hay que creer en Él. Sanar el pasado y ser criatura nueva. Jesús recrimina a sus discípulos su falta de fe. El que cree en Dios todo lo puede.

    La pandemia en algunas partes del mundo está llegando a su fin, sobre todo en los denominados países ricos. En América Latina seguimos y no se divisa el final. La tormenta de la enfermedad nos esta llevado a sentir la fragilidad de la vida. La angustia ante un futuro incierto lleva al miedo y a la inseguridad. Los primeros discípulos también pasaron por el miedo de perder sus vidas. Su falta de fe les hizo dudar. El covid nos examina a ver como tenemos la nuestra. Y vemos que la llevamos en “vasijas de barro”.

    San Pablo habla de ser “criaturas nuevas” renovar nuestra mente. Para ello tenemos que entrar en el misterio de la fe. Experimentar que Jesús entrego su vida por nosotros llevándonos a seguir su ejemplo. Ya no importa el pasado una vez que uno entra en el camino. Lo importante es el aquí y el ahora. Cuando se vive atormentado por el pasado no se ha descubierto el significado de creer en Dios. La verdadera fe lleva aceptar el pasado, ya no se mira con nuestros ojos sino con los de Dios. Él lo acepta y lo sana. Nada hay imposible para Dios y Él de lo imperfecto crea una vida bella.

    Los santos reconocidos por la iglesia en sus escritos han experimentado como su pasado ha sido sanado y transformado. Ellos nos enseñan que lo importante es aceptar el regalo que Jesús da: El perdón y la sanación. “Vete en paz, tus pecados son perdonados”. San Agustín en su libro “Confesiones” expresa muy bien este proceso. De vivir una vida alejada de Dios, en el encuentro con Jesús descubre que el pasado es sanado y perdonado y que el aquí y el ahora es para dar “el ciento por uno de frutos”.

    Por lo tanto, entremos en el misterio de la fe. Seamos criaturas nuevas que sienten que su pasado ha sido sanado y perdonado. Vivamos el aquí y el ahora como verdaderos hijos de Dios que dan “el ciento por uno de frutos”.

    Jun 3

    Necesitamos pactar con Dios.

     

    bibliaicon1Leer las lecturas del domingo.

     

    Las lecturas nos hablan de alianzas. Pactos que tienen que ver con la purificación y ofrendas a Dios. Moisés continua la relación de Dios con su pueblo. La montaña es el lugar sagrado. En el tiene el encuentro con su Creador y recibe los mandatos que tiene que enseñar a su pueblo. Estas normas son selladas con la sangre de los animales. Llegada la plenitud de los tiempos Jesús se convierte por medio de su servicio que culmina en la cruz en el nuevo mediador entre Dios y los hombres.

    ¿Cuáles son los pactos de nuestro tiempo con Dios? El definitivo ya se dio, pero los hombres seguimos haciéndolos en los Sacramentos como el bautismo, la confirmación, el matrimonio o el Orden, la profesión simple o solemne, la consagración de las vírgenes... no podemos compararlo a los mencionados en las lecturas, pero si podemos sacar la conclusión que el hombre sigue necesitando renovar su relación con Dios y esto se debe a la fragilidad de nuestra vida cristiana. El mal nos acecha a cada momento. Caer en sus garras es muy fácil. Pues muchas veces se nos presenta de una manera muy atractiva. Pensemos en las debilidades de nuestra día a día que no se asemejan a las enseñanzas del Evangelio. La tentación esta presente y caer en ella es más fácil de lo que creemos. Antiguamente los pactos se realizaban para aplacar la ira de los dioses. Era una manera de pedir perdón y renumerar el daño cometido. Este pensar ha quedado todavía marcado en nuestra generación. Algunos le prometen a Dios que si les sacas de una situación que están pasando mal van a ir todos los domingos a misa. Aunque luego no lo cumplan. El pensamiento sigue.

    Jesús nos enseña cual es el verdadero pacto. Y parte por llevar una vida de servicio a los demás. La Eucaristía donde se recuerda la última cena se convierte en un memorial de como el Señor Jesús tuvo una vida de entrega a los demás y pide que siempre se haga para que no quede en el olvido.

    El mayor sacrificio que le podemos ofrecer a Dios para sellar un pacto, que se refleja en los sacramentos, es la entrega de nuestra vida al servicio de su Reino. Hay que esforzarse por no caer en muchas tentaciones. Abrirnos más allá de nuestra propia existencia y mirar al otro que necesita de nosotros. Si somos capaces de entrar en esta dinámica estaríamos ya ofreciéndole como el Señor nos dice frutos que dan el ciento por uno.

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