Abr 28

    V Domingo de tiempo Pascual, ciclo b

    bibliaicon1Leer la palabra de Dios.

     

     

     

    Hacer lo correcto

    La conciencia muchas veces viene marcada por la sociedad. El apóstol San Juan conocía bien como lo aprendido a lo largo de la vida chocaba con la nueva fe. Esto creaba remordimiento. Ante este hecho acude a Dios. Él está por encima. La fidelidad a las enseñanzas de Jesús hace que uno valla por el camino correcto.

    Esta lectura y la manera de pensar del apóstol nos previene de no caer en falsas mentiras que puedan regir nuestro sentir y actuar. Teniendo claro cual es la senda uno puede comparar sus remordimientos a la luz de la Palabra de Dios. La sociedad juega un papel muy importante en la conciencia. Acciones bien vistas que a la luz de la Palabra de Dios son rechazada e incluso denunciadas. Pensemos en la esclavitud, en muchos países durante muchos años fue bien vista y atentaba claramente con la Sagrada Escritura. Hoy habría que hacer una reflexión de que acciones son bien vistas en nuestra sociedad y ponerlas a la luz de la palabra. Y más concretamente cuales hacemos nosotros y compararlas con la palabra.

    La cercanía de Dios tiene que ver con las acciones que surgen de la buena noticia. No se puede decir que “uno conoce a Dios sino ama al prójimo”. Ahora nos toca interpelar a nuestra propia vida. ¿Estoy cerca de Dios? ¿Cómo son mis acciones? Algunas, personas y con pésame hay que decirlo, creen que con acudir a misa y cumplir ciertos preceptos sin repercusión en sus obras están haciendo el bien. Otros tienen remordimientos sino acuden a misa en cambio, si actúan mal con el prójimo no tienen ninguna contrición. Son realidades que Jesús hoy nos interpela a cambiar. Estamos en un tiempo que hay que vivirlo desde la luz de la buena noticia. La resurrección de Jesús nos dice que el bien, lo bello siempre esta por encima de todo. Y el bien supremo es Dios, en el hallaremos lo correcto. Por lo tanto, si tenemos remordimientos en nuestros actos pongámoslos ante la luz de nuestro creador. No nos olvidemos de estar cerca de Dios y la mejor manera es por medio de su Palabra. Busquemos momentos en el día para poder leer y reflexionar lo que nos dice Jesús, pues Él es el camino, la verdad y la vida.

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    Abr 14

    III Domingo de Pascua, ciclo b

    bibliaicon1

    Leer la palabra de Dios

    Toda acción conlleva una consecuencia. Para bien o para mal. Cuando se va por el camino incorrecto, Jesús nos pone una única medicina: El arrepentimiento y la conversión. Ella tiene la capacidad de sanar y restaurar a la persona. ¿Necesitamos ser restaurados y sanados? La insatisfacción es una de las enfermedades actuales. Va acompañada de la depresión. Y uno de los factores que la produce es la disociación de lo que se debería hacer con lo que se realiza. San Pablo en una de sus cartas ya expresaba esta situación. Hoy las lecturas nos expresan que Jesús vino al mundo para que la gente se arrepienta de sus pecados y se convierta. Él es el camino y para ir por el nos lo dice el apóstol San Juan en la primera carta. Quien guarda sus mandamientos está cerca de Dios.

    ¿Siento insatisfacción en mi vida? ¿Soy feliz? Una buena reflexión para este tercer domingo de pascua. Meditar sobre ello nos ayudara a analizar las acciones que realizamos y ver si están acordes con los mandamientos de Dios. Y, para ello, necesitamos tener momentos de oración. Encontrarnos con la Palabra de Dios y que nos confronte para así preparar el sendero que nos lleve al arrepentimiento y la conversión logrando lo que Jesús quiere para cada uno de nosotros, que tengamos una vida plena.

    No nos tenemos que olvidar que estamos en el tiempo litúrgico más solemne. El nos recuerda que la muerte ha sido vencida y la vida prevalece por encima de ella. Los primeros discípulos de Jesús no entendieron hasta después de la resurrección. Ello los llevo a vivir la vida con sentido y transmitir la buena noticia. No son buenos tiempos, la enfermedad nos acecha, la llamada recesión económica esta dejando a mucha gente sin trabajo, pero hoy las lecturas nos vuelven a recordar que no estamos solos en esta andadura. Guardar sus mandamientos, meditándolos en la oración nos llevará al arrepentimiento y la conversión que dará sentido a que nuestra insatisfacción sea cambiada a la luz del Resucitado.

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    Abr 10

    II Domingo de Pascua, Ciclo b

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      Leer la palabra de Dios. 

     

     

    La casa común, como el Papa llama a la tierra en la encíclica Laudato Si, tiene como idea principal que los recursos naturales creados por Dios deben ser administrados desde la responsabilidad y austeridad.  La lectura de los Hechos de los apóstoles nos transporta al verdadero ideal de cómo se deberían gestionar y compartir los bienes. “Cada uno según lo necesitaba...” En la necesidad se puede encontrar la llave de como tenemos que vivir. El cambio climático se ha puesto en uno de los asuntos prioritarios de la humanidad. El peligro de que la humanidad futura carezca de recursos para su supervivencia es patente. Los políticos intentan hacer acuerdos tanto nacionales como internacionales que muchas veces quedan en papeles. Nada más hay que ver el tratado de Kioto o el actual de París.  El caso es que si no hay un cambio en un futuro cercano las siguientes generaciones se enfrentarían a un problema bien serio. ¿Qué es lo que necesit0 realmente? ¿Cómo utilizo los recursos que están a mi alcance? Los primeros discípulos de Jesús nos enseñan que el sentir y el pensar común son fundamentales para revertir el daño que hacemos a la creación. Ello solo se podrá realizar cuando se tome una verdadera conciencia.

    Estamos en Pascua. En este tiempo las lecturas evangélicas nos muestran la importancia que tiene los testigos del Resucitado. Ellos son los que dan fuerza y veracidad a la comunidad. Pero hay algunos como el apóstol Tomás que es reacio a creer si no lo ve. El Señor Jesús le reprocha su falta de fe. Pero si somos correctos, habría que mirar que no solo fue Tomás. Los apóstoles también tienen que ver por ellos mismos, Juan y Pedro corren a ver la tumba vacía. Y El Señor se aparece a más de quinientos para que den testimonio. Entre ellos a los discípulos del camino de Emaús que no son capaces de reconocerlo hasta la fracción del pan. Por lo tanto, para los primeros cristianos fueron muy importante las apariciones. Aunque no debemos olvidar las palabras del Señor “dichosos los que creen si haber visto.” En nuestro tiempo esas palabras hacen un fiel reflejo de la situación de fe que muchos viven. Una sociedad tecnificada, donde los logros tecnológicos están dando paso a que muchos solo vean la superficie de la realidad y por lo tanto no sean capaces de abrirse a la profundidad de la fe.

    La fe nos adentra en el misterio de la resurrección y nos hace experimentar al Señor Jesús. Tiene mucho que ver con la fidelidad. Nuestra vida debe asemejarse a las enseñanzas del maestro. Entre más coherentes seamos con el pensar y obrar más nos asemejaremos a ese Dios que quiso habitar con nosotros. Que las primeras comunidades sean un ejemplo para nuestras iglesias locales de como los cristianos tenemos que administrar la casa común y vivir la experiencia del Resucitado.

    Abr 3

    Domingo de Resurrección

     

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       Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):

    EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
    «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

    Palabra del Señor

    jesusresucitado

    Comenzar una nueva vida suena muy bien. Dejar lo que nos ha avergonzando en el pasado, los fracasos y decepciones, las malas decisiones... Tener una nueva oportunidad para no volver a cometer esos errores. El poder levantarse con alegría con ilusión, en definitiva, con un sentido que te colma sin creces. Quiero pensar que la resurrección va por ese camino. Que uno encuentra esa paz que siempre nos esta pidiendo nuestro interior.

    Los primeros testigos del Señor Resucitado nos enseñan como del miedo y la tristeza se da paso a una fuerza vital que da un sentido pleno a la existencia. Jesús en su vida terrena siempre intento mostrar que la realidad como la percibimos es mucho más amplia de como la sentimos y nos invitó a descubrirla. Lo que es claro es que la Resurrección es el mayor acontecimiento que vamos a experimentar. De ahí que San Pablo diga que si no existe vana seria nuestra creencia cristiana.

    Un año mas celebramos la Pascua. Estamos metidos plenamente en medio de una pandemia que nos esta enseñando el precio de la enfermedad y la muerte. Unos hemos experimentado la enfermedad otros han pasado por la muerte y la inmensa mayoría hemos sufrido la perdida de algún ser querido. Una situación que nos esta haciendo replantear al menos espero que a muchos nuestra vida. Y, quizás tengamos que mirarla con esos ojos que Jesús quiere: Con compasión por el que sufre. No estar ajeno al dolor del prójimo. Misericordiosos como lo es nuestro Padre Dios. Estar cerca del que necesita de nosotros. Empáticos con la realidad que nos lleve a descubrir el mal y transformarlo. Abrirnos a la providencia, descubrir la gratuidad que Dios nos brinda con su cercanía...

    Un teólogo ponía la idea del “ya, pero todavía no” es decir, experimentamos parte de la realidad en esta vida terrena de lo que nos vendrá en la vida futura. Y tengo la sensación que no esta mal encaminado. Pues seguro que hay muchas cosas comunes entre las dos existencias. San Pablo nos ponía como ejemplo el amor. Que lo vivimos “aquí” y lo experimentaremos plenamente “allá”. Sea como sea es para estar felices y celebrar mucho en la Vigilia Pascual. Pasar unas felices Pascuas y sobre todo mirar con esos ojos que Jesús enseño a sus discípulos y que ha llegado hasta nosotros.

    Tags: CICLO B
    Abr 2

    Viernes Santo, ciclo b.

    bibliaicon1

     Leer la palabra de Dios.

     

    En la película del “Padrecito” donde Cantinflas hacía de un joven sacerdote recién salido del seminario hay una escena muy graciosa pero que muestra muy bien el sentido popular del Viernes Santo. La escena es cuando llega al pueblo y nadie lo recibe y todos están encerrados en sus casas por miedo al terrateniente. Cantinflas en su personaje dice la humorística frase “Esto parece mas muerto que un Viernes Santo”. Y es que para los cristianos es un día de silencio y penitencia. La muerte de Jesús nos introduce en el misterio de Dios. El profeta Isaías atribuye la muerte a la expiación de nuestros pecados¨: “Mi siervo traerá a muchos la salvación porque cargo sobre si las culpas de ellos”. El apóstol Pablo lo pone como ejemplo de lo que es la verdadera obediencia a Dios: “Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo a obedecer.

    Por lo tanto, hoy es un día para la meditación en el silencio. Contemplar la vida de Nuestro Señor Jesucristo desde el amor que lo llevo a expiar nuestros pecados y hacer la voluntad de Dios desde la obediencia. Si su vida fue servicio como lo celebramos y recordamos ayer, debemos reflexionar como servimos al prójimo. Nuestra vida es un regalo que Dios nos da. En ella, en nuestro interior, se forjan dones que vamos descubriendo a lo largo de la vida y que tenemos que poner a disposición de los demás. Sino sucederá que desaparecerán y serán entregados a otros que den mayor fruto. Estos dones que se traducen en obras de misericordia tienen su fuente en el amor. Y el amor es exigente y nos lleva a la lección que nos da hoy el apóstol, hay que aprender a obedecer. Y nuestro Salvador nos lo enseño en su vida terrenal. Exige sacrificio, negarse a uno mismo por el bien de los demás teniendo en el corazón la esperanza del mayor regalo: La vida eterna.

    Ayer hablábamos de la soledad y el daño que hace. Hoy volvemos hablar otra vez de ella, pero desde la perspectiva que trae paz a nuestra vida. La necesitamos para hallar el silencio que nos introduce en la meditación y contemplación de vivir una vida desde la entrega y voluntad de Dios.

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