Nov 14

    La venida y presencia del Señor. XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B.

    Durante esta semana los países más industrializados han estado reunidos en Glasgow para mirar el cambio climático. Después de una semana de trabajo el acuerdo al que han llegado es de mínimos. Uno no puede dejar de pensar que mientras los intereses económicos de los diferentes países prevalezcan sobre el bienestar de las personas estaremos viviendo tiempos difíciles. La selva amazónica es bien consciente del daño que sufren tanto los moradores como la propia naturaleza debido a las decisiones que se toman en estas cumbres. La extracción de petróleo, gas, la tala de árboles, la minería indiscriminada… Hoy las lecturas son un bálsamo refrescante para nuestra alma. La profecía de Daniel muestra como Dios esta pendiente de su pueblo. En los tiempos de oscuridad ofrece la mano para que la justicia prevalezca, pero también nos previene de que los que no la practican y la enseñan recibirán su condenación. En la amazonia esta profecía está bien viva. Hay personas e instituciones que claman y buscan la justicia. Una buena oportunidad que hoy se nos ofrece para saber escoger el camino por el que queremos ir y comprometernos a poner nuestro granito de arena.

    El perdón es una de las vivencias que más libera. Cuando uno se siente perdonado o es capaz de perdonarse su vida se abre al amor. Dios es amor nos dice la Biblia y Jesús se nos presenta hoy como la verdadera y única ofrenda que agrada al padre. Pues su vida fue una entrega total hacía nosotros. Su ejemplo de vida nos sumerge en el Reino de Dios. El evangelio nos dice que tenemos que dilucidar los signos que le preceden. Y en nuestro tiempo están muy presentes cuando la justicia cobra vida y el amor se manifiesta en todas sus dimensiones.

    Observemos nuestro entorno. Descubriremos actos y gestos que manifiestan que Dios esta con nosotros. Ello nos debe llevar a integrarlos en nuestra vida. No sabemos la hora ni el tiempo de cuándo volverá el Señor en toda su gloria. Pero si tenemos presente que es responsabilidad nuestra el vivir una vida acorde al evangelio.

    Ago 22

    Nuestro relato. (XXI Domingo de tiempo Ordinario. ciclo b)

    ¿Qué ha hecho Dios en nuestras vidas? Una buena pregunta que nos podremos hacer este domingo. Reflexionar como ha actuado en nuestras vidas nos ayuda a seguir creciendo en la fe y fortalecer nuestros vínculos con Él. En la primera lectura vemos como el profeta Josué les hace la pregunta y el pueblo responde con las maravillas que el Señor ha realizado. Es esencial no perder la memoria y relatarla. Hoy vivimos en una era donde las acciones del pasado, los relatos ya no están muy presentes. El ajetreo de nuestra vida plasmado en la materialidad invita a vivir el presente sin el pasado. Se quiere todo al instante. Pero para llegar a Dios Jesús nos obliga a vivir según el Espíritu.

    Y ¿Cómo podemos vivir según el Espíritu en nuestro tiempo? La respuesta está en la persona del Hijo de Dios, Jesús. Su Palabra es vida. Quien la interioriza y la vive conoce al Creador. La santidad es un proceso marcado por la presencia de Dios en cada gesto y acción. Sus vidas son un relato de como Dios esta presente en la historia. Por lo tanto, debemos crear nuestro propio relato que nos ayudara a tomar conciencia de ser verdaderos discípulos de Jesús.

    Jesús les hace una pregunta muy dura a sus discípulos más cercanos: «¿También vosotros queréis marcharos?» Detrás esta la exigencia del discipulado. No hay tiempo para la duda. Se acepta el mensaje o no. Y esto esta presente en los cristianos de hoy. El papa Francisco nos previene de la cultura del descarte en cuanto a una ecología integral que se expande a toda la dimensión de la persona. Si se vive según los deseos y los apetitos se crea una falta de compromiso a lo esencial de la existencia. La falta de compromiso ante Dios manifestados en los sacramentos, El relativismo moral convertido en hipocresía, Las diferentes formas de amor mal entendidas… Para ser un verdadero cristiano hay que poner a Jesús en el centro.

    San Pablo hoy nos enseña como debe ser el amor de una familia que se extrapola a la familia universal al compararlo como Jesús ama a su iglesia. El respeto y la comprensión mutua. Que nadie se sienta superior… bien lo podemos enlazar a las bellas palabras que también hace San Pablo sobre el amor: “El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece; no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no guarda rencor; no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” (Carta de San Pablo a los Corintios – Capítulo 13:4-7) palabras cogidas de como Jesús actuó en su vida. Nosotros debemos hacer nuestro propio relato expresando como Dios actúa. Que este Domingo sea de bendición y vivencia de la fe.

    Ago 12

    La Asunción de la Bienaventurada Virgen María.

    bibliaicon1Leer la Palabra de Dios

     

    María vivió su vida unida a Dios. En su fidelidad llevo en su vientre al Mesías esperado. Movida por el Espíritu la hace exclamar las maravillas del Altísimo. Hoy celebramos la solemnidad de la Asunción de la bienaventurada Virgen María. Su vida se convierte para los creyentes en un dulce bálsamo. En ella se ve reflejada lo que Dios puede obrar. La sencillez, la interioridad y la espera son rasgos característicos que nos muestra la Palabra de Dios marcadas desde la perspectiva de la historia de la salvación.

    En su sencillez pone su confianza en Dios. En el “si” ante la pregunta del ángel Gabriel el Altísimo realiza su obra de salvación. Ella se convierte de este modo en la mujer más bienaventurada. “Guardaba todas las cosas en su interior” meditaba la voluntad de Dios y era consciente de su función. Y la espera en lo que se convertiría su hijo y su posterior muerte y resurrección la hacen ser portadora de una espera que se convierte en esperanza y de ella surge la alegría de la promesa cumplida de Dios.

    Acudir a María es entrar en el camino de como Dios va forjando las vidas de sus hijos cuando están abiertos a la llamada. Todos estamos llamados a vivir según las normas del evangelio. Nuestra vida cotidiana es una oportunidad para comenzar a ser parte del plan divino. Dios no deja a ninguno atrás. Espera a todos y sobre todo se fija en el humilde que pone su confianza.

    La sencillez de María no solo fue material, sino también desde su relación con Dios. Somos sencillos cuando le damos a Dios el lugar que debe ocupar en nuestras vidas. Cuando nuestras acciones van acordes a sus palabras que deben ir unidas a una vida de contemplación. María meditaba todas las cosas que Dios hacia en su vida. Esta contemplación nos lleva a ser conscientes de saber que no estamos solos. Ella incluso viendo a su hijo en la cruz supo esperar y poner su confianza.

    Que la Solemnidad de la asunción de María nos haga ver en Ella un ejemplo que marca un camino para ver como Dios obra en cada vida de sus hijos.

    Ago 7

    “El pan bajado del cielo” - XIX Domingo del tiempo ordinario.

    bibliaicon1Leer la Palabra de Dios

     

    En la desesperación, cuando todo parece acabado Dios alza su voz a Elías y le da la esperanza que necesita para seguir realizando su obra. La lectura del primer libro de los Reyes es un fiel reflejo de muchas situaciones que nos suceden en nuestra vida. Cuantas veces caemos en la desesperación ante realidades que superan nuestras fuerzas. En estos acontecimientos la humildad es la mejor consejera. Ella nos lleva a hablar con el que realmente puede sacarnos de este apuro. Y para los creyentes sabemos de quien nos hemos fiado. Él antes de que nosotros acudamos nos conoce y nos espera. El profeta Elías era observado y cuidado por el Altísimo. Pensemos nosotros lo mismo.

    “No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios” San Pablo nos habla de algo muy importante. La paz y la armonía vienen de Dios. Ello lo podemos traducir en vivir una vida llena de sentido aun en los momentos difíciles. Para ello nuestra vida debe estar acorde a lo que el Señor nos enseñó: Nada de amargura, ni ira, enfado e insultos y toda maldad. Por lo tanto, hagamos de nuestra vida el perdón, la comprensión viviendo según nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo. ¿Por qué no le damos una oportunidad al Espíritu de Dios y le dejamos actuar?

    La incomprensión a los hechos y palabras de Jesús estuvieron presentes. Jesús se lamenta por la terquedad de sus mentes. Sus criticas llenas de prejuicios no les deja ver al Mesías esperado. Ante esto el Señor actúa siendo fiel a la verdad. El es el Hijo de Dios, el enviado que calma los corazones y da la esperanza. El domingo pasado San Pablo nos llamaba a renovarnos de mente. Este renovar parte de mirar al otro como verdadero hijo de Dios. Para ello hay que romper nuestros prejuicios y ello parte por ser fieles a la verdad. Jesús no se allanto ante el hecho de ser criticado y juzgado. El fue fiel. Y la fidelidad parte de ser fieles a la voluntad de Dios. Estar atentos a su Palabra y vivir acorde a ella: Perdón, comprensión, amor surgen este domingo y todas ellas enseñadas y vividas por el “pan bajado del cielo”

    Jul 30

    Dios con nosotros - XVIII domingo ordinario, ciclo b.

    Leebibliaicon1la palabra de Dios

     

    La desesperación y la ansiedad vienen a nuestra vida cuando vemos en peligro nuestra existencia. Los israelitas experimentaron esta sensación y su actuar fue desde el miedo entrando en pánico. Desde que comenzó la pandemia hemos visto como muchas personas nos han dejado. La enfermedad ha estado presente en muchos de nosotros. La incertidumbre del día de mañana ha ido calando en nuestro interior. Y, todo este cumulo nos ha llevado a vivir en una tensión en detrimento de nuestra armonía.

    Los israelitas en su situación de desesperación descubrieron algo muy importante que los acompañaría a lo largo de la historia de la salvación. No estaban solos. Alguien velaba por ellos desde el cielo y tenían a un mediador en la figura de Moisés. En su angustia experimentaron la seguridad de tener un Dios que vela por ellos. Jesús sigue la misma línea que Moisés. Su mensaje esta cargado de esperanza. Dios toma la iniciativa y quiere estar en medio de la humanidad sufriente. En la persona de su hijo está la fuente de esa sabiduría. San Pablo expresa claramente que para llegar a Él hay que renovarse. Cambiar la manera de pensar y con ello la vida, empezando por las buenas obras.

    Cuando uno esta en una situación muy dura, es decir lo esta pasando muy mal uno descubre en que o quien se apoya. Hoy el evangelio nos hace esta reflexión. Si nos apoyamos en Dios ¿Por qué vamos a Él? ¿Por puro interés o buscando su voluntad? Muchos acuden a Dios en los momentos difíciles olvidándose una vez que vuelven a sentirse bien. Las lecturas nos enseñan que la vivencia de fe es en el día a día. Cada día es un nuevo reto. Dios esta siempre con nosotros. Misión nuestra es no olvidarnos de ello. Cuidar nuestra oración, vivir nuestra fe comunitaria en la parroquia y lo más importante renovarnos de mente para que nuestra vida este acorde a lo que hemos sido llamados a la santidad que proviene de nuestro Padre Dios. Que este domingo descubramos la grandeza de sentirnos queridos por Dios y protegidos por su gracia.

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