Sep 17

    Caminemos

    bibliaicon1Leer la Palabra de Dios

     

    La vida es como un camino. El sendero a veces es claro y seguro. Otras veces es oscuro e inseguro y uno se desvía. Las lecturas nos invitan a acordarnos de volver otra vez al camino. En el hallamos a Dios que como un compañero de viaje nos coge de la mano para no volver a errar.

    Jesús una vez dijo que el que este libre de pecado que tire la primera piedra. ¿Quién no se ha equivocado alguna vez? Si somos sinceros y nos analizamos llegaremos a la conclusión de que no somos perfectos. Los errores están con nosotros. Pero ellos no nos definen. Lo que nos determina es como nos enfrentamos a ellos. El Evangelio de Cristo se convierte para San Pablo en posicionamiento y guía de una vida una vida digna.

    El Reino de los Cielos tiene relación con vivir una vida digna. Lo importante, como nos dice la parábola, es entrar en él. A los diez, veinte, cuarenta, ochenta... años. Fijémonos en San Agustín. En su libro “Las Confesiones” escribe lo siguiente:

    ¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,

    tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,

    y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,

    me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.

     

    Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.

    Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,

    si no estuviesen en ti, no existirían.

     

    Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera;

    brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;

    exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;

    gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;

    me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.

    Otros santos como Santa Teresa de Lixieus, San Luis de Gonzaga, tempranamente se insertan. Pero no solo los santos reconocidos por nuestra iglesia son ejemplo. Hoy también hay cristianos que dan a conocer su testimonio:

    Mi nombre es Manuela Piera y tengo 25 años y adía de hoy, puedo decir que el pilar más importante en mi vida es la fe, pues realmente el tener fe es lo que me hace quererme y aceptarme a mí misma con todos los defectos y virtudes que tengo, me hace querer a mi familia y a mis amigos con todo mi corazón y por encima de todo, pero, sobre todo tener fe hace que mi vida en general y, en concreto, mi vida profesional tenga sentido...

    (Tomado de https://www.jovenescatolicos.es/2020/08/13/en-todo-amar-y-servir-el-sueno-de-dios-para-manuela-piera/)

    Leemos en el libro de Isaías:

    Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes.

    Y en el libro de Jeremías:

    Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré.

    Dios sale primero a nuestro encuentro. Él es el que nos llama. El momento y el tiempo no nos corresponde a nosotros decidirlo. Aceptar o rechazar la invitación sí. San Agustín en su libro biográfico expresa como Dios le llamaba ya tempranamente por medio de su Madre Mónica y no aceptaba la invitación. Tendrán que pasar años para acogerla. Pensemos en nosotros. Reflexionemos en los momentos que Dios ha salido a nuestro encuentro. ¿Cuál ha sido nuestra actitud? Tengamos la certeza de que Dios seguirá llamándonos, pues no abandona a ninguno de sus hijos.

    Cuando uno entra en el Reino de los Cielos descubre que ya hay unos planes y caminos bien definidos. Esto hace que surja un conflicto interno con los deseos. El anhelo de poseer, satisfacer las pasiones, dejar que el orgullo sea el lucero... se antepone a los valores del Evangelio. Los planes de Dios difieren de los terrenales. Es misión del hombre descubrir cuales son y llevarlos a la práctica. Por lo tanto, ¿Qué quiere Dios en mi vida? ¿Qué importante es su palabra en mi vida?

    En esta semana vallamos de la mano de nuestro Padre Dios por el camino del Reino de Dios. Vivamos una vida acorde al Evangelio y descubramos el sentido de una vida digna.

    Sep 8

    Perdonar – XIV domingo de tiempo ordinario -ciclo A

    bibliaicon1Leer la palabra de Dios

     

    “Recuerda los mandamientos”. El recuerdo tiene que ver con la experiencia. Ella nos enseña el camino seguro por el que andar. Las lecturas nos rememoran como vive el pecador que no es capaz de perdonar. El furor y la cólera son sus acciones. Su destino la condenación.

    Jesús nos dice que se puede vivir de otra manera. Nuestros instintos nos llevan a escoger siempre el camino fácil. Pero, podemos decidir lo bueno. Hacer lo correcto. El perdón tiene una dirección de ida y de vuelta. Cuando perdonamos somos perdonados. Como tratemos al prójimo así seremos tratados en el cielo.

    No es fácil el camino del perdón. Uno que no ha perdonado nunca será capaz de darlo. Pero ¿Quién no ha perdonado alguna vez o ha sentido su fuerza? Uno de sus frutos es el sentirse libres y en paz. Lo contrario, el rencor que es como la enfermedad que se va apoderando del cuerpo hasta destruirlo. Cuando a uno le lastiman la ira surge en su interior, se apodera de él y pierde la armonía.

    El recuerdo de lo correcto y lo bueno es la mejor medicina. La memoria impresa del evangelio en las acciones hace que uno reviva el poder de la redención. Santa Rita de Casia vivió en una época donde las familias luchaban por su hegemonía en la Italia del siglo XIV. Estos enfrentamientos terminaban en violencias que tenían que ser respondidas. En estos acontecimientos perdió a su marido. Como cabía de esperar había que responder con la misma moneda. Ella pone la otra mejilla. Perdona a los asesinos e incluso reza por que sus hijos no busquen la venganza. Su cercanía y vivencia de Dios la hacen experimentar un amor tan intenso que se ve reflejado en sus acciones.

    Vivamos esta semana y siempre para el Señor. Escojamos lo bueno desde el recuerdo impreso del evangelio a fuego en nuestro corazón. Perdonemos siempre, sabiendo que nosotros somos también perdonados por Dios. Feliz semana.

    Sep 6

    La corrección – XXIII domingo de tiempo ordinario - Ciclo A

    bibliaicon1Leer el evangelio

     

    El que esté libre de pecado que tire la primera piedra, dice Jesús. Esta afirmación nos pone con el texto evangélico que nos ofrece hoy la iglesia. Todos necesitamos sanación. Y ella pasa por el prójimo. Si tu hermano peca repréndelo para que valla por el buen camino. San Pablo aboga por la ley principal. El amor. Y el evangelio de San Juan nos lo recuerda en su comienzo. Dios nos quiere mucho, su misión salvarnos. El amor es el que nos motiva a corregir al prójimo. ¿Cómo podemos corregirlo?

    Tenemos ya claro que por medio del amor. Pero al amor hay que llevarlo a la práctica. Los primeros cristianos ya se lo plantearon en sus comunidades. El hermano que peca hay que tratarlo desde la discreción en lo que se pueda. Como último recurso se pondrá en conocimiento de la asamblea siempre mirando el bien de todos. ¿Cómo podemos llevar esto a nuestra vida actual?

    Partamos de la siguiente pregunta ¿Cuál es mi intención? Jesús fue muy duro con los que tenían un corazón de piedra. Juzgaban a los demás e intentaban corregirlos desde sus prejuicios. Si queremos corregir a alguien debemos tener bien claro cuales son nuestros propósitos. Discernir aquellos que vienen de Dios. Solo así encontraremos el momento, el lugar y las palabras adecuadas.

             Durante esta semana reflexionemos nuestras intenciones. Que el amor sea el principal motor y mirar siempre el bien del prójimo sea nuestro actuar.

    Ago 23

    Creer - XXI domingo de tiempo ordinario - Ciclo A

    bibliaicon1Leer la palabra de Dios.        

      La pregunta que Jesús hace a sus discípulos esta muy relacionada con la confianza que tenían en Él. La respuesta de Pedro afianza esa fe en su persona. Este interrogante se ha realizado a lo largo de los siglos: ¿Quién es Jesús?

             A Jesús se le ha representado de muchas maneras. Las diferentes denominaciones cristinas en sus teólogos tienen a veces ideas controvertidas. Lo que tienen en común es la fe en su persona. Y esto se debe a que a Jesús como hijo de Dios lo conocemos por medio de la fe. Y ella esta sustentada en la Palabra Revelada. Fruto de la experiencia de personas tocadas por la gracia de Dios.

             Hoy creer en lo que no se ve es muy difícil. La tecnología nos hace experimentar todo al instante. El ritmo de vida que llevamos da poco espacio para la contemplación. El ocio se ha convertido para muchos en tener sensaciones al momento... El momento vivido de esta manera como diría San Pablo nos ha dejado en el hombre viejo, donde las sensaciones corporales no dan posibilidad a lo que estamos llamados en la persona del hijo de Dios.

    La fe lleva un proceso de maduración. La vida de los santos nos enseña a que se puede romper la cadena que nos aprisiona. San Agustín vivió parte de su vida intentando satisfacer sus pasiones. El encuentro con Jesús por medio de la palabra revelada le hace entrar en el camino de la fe. San Francisco de Asís también vivió intentando satisfacer su ideales caballerescos hasta que descubre a Dios en los pobres por medio de la Palabra. Edith Stein vivió desde su filosofía intentando dar sentido a su existencia y entorno hasta que en los escritos de Santa Teresa de Jesús descubrió la fe.

    ¿Quién es Jesús? Escucha y lee la palabra de Dios. Ella te guiara en el proceso de maduración de la fe. Dejaras al hombre viejo que solo aspira a las cosas terrenas y te abrirás a la gracia de lo que estamos llamados a ser: Verdaderos hijos de Dios.

    San Pablo hace una alabanza a Dios. Lleno del Espíritu Santo nos revela ciertas cualidades de nuestro Creador: Generoso, Sabio, inescrutable y poderoso. Termina con una afirmación que nos lleva a la confianza y a perder el miedo: “Él es el origen, guía y meta”. Sabemos que en el mundo en el que vivimos muchas acciones están lejos de la voluntad de Dios. Pero debemos no quedarnos en nuestra limitada visión de la realidad. La fe en Dios nos llevará a descubrir que el habita en nosotros y nos dará las fuerzas necesarias para afrontar las contrariedades y abrirnos a la gracia.

    Vivamos este domingo desde la certeza de la fe en Jesús, el hijo de Dios.

    Jul 28

    Necesidad

     

    bibliaicon1 Leer la palabra de Dios.

     

    Tengo hambre, sed, frio... me siento enfermo, triste, depresivo... NECESIDAD. Los hombres somos seres que siempre necesitamos. ¿quién puede satisfacernos? Y esta es la pregunta que nos hacen las lecturas de este domingo. Primero Dios se fija en nuestras carencias y entabla un dialogo. El AMOR que nos profesa hace que satisfaga nuestra pobreza y por último nos restaure. De ahí que el apóstol Pablo exprese que nadie nos podrá separar del amor de Dios.

    Ahora vallamos a la cotidianidad de nuestras vidas. Dentro de nosotros somos como un mar en calma pero que en sus profundidades esta revuelto por las corrientes submarinas. Estamos llenos de pensamientos positivos y negativos, de instintos satisfechos e insatisfechos, de sentimientos tristes y alegres. Como lidiemos con lo escrito depende mucho nuestra estabilidad emocional y física. El evangelio nos dice que Jesús siente lastima y compasión. Con su actuar solventa la precariedad de los que la necesitan. El ejemplo que da abre el camino del Reino de los Cielos. Aprendemos una lección bien valiosa, en la medida que practiquemos con el prójimo lo que la buena noticia más cerca estaremos de Dios.

    Esta proximidad nos lleva a sentir que no estamos solos y por tanto tener las fuerzas necesarias para afrontar las contrariedades de la vida con armonía.

    ¿Quién nos separar del amor de Dios? ¿Quién nos quitara la estabilidad física y emocional? Todo lo podemos en Cristo Jesús. Que este domingo vivamos desde la tranquilidad de sentirnos amados y satisfechos por Dios.


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