May 18

    Comenzamos...

    Jesús se despidió de sus discípulos como nos cuentan los evangelistas: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28, 18-20). Esta despedida se ha convertido para muchos en una llamada y vocación a lo largo de los siglos. Hoy como desde los primeros discípulos estás palabras de Jesús siguen vivas. San Pablo valoro mucho los dones que Dios da y que deben ser convertidos en servicio a la comunidad: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” (Efesios 4, 11-13) y Dios sigue constituyendo servicios a lo largo de la historia según las necesidades de cada generación. Entre todos estos servicios que son para la gloria y plenitud de Cristo se encuentra uno muy especial: El misionero. Hay muchos tipos de misioneros, yo voy hablar del misionero que deja su país, su familia, su cultura y se embarca rumbo a seguir el camino que otros antes que el hicieron el mismo camino y dejaron un legado a continuar.

    Ser misionero es una llamada que poco a poco se va convirtiendo en vocación. Y la vocación va muy unida a lo que amas. Por ello el misionero descubre en su trabajo de cada día que ama lo que realiza. Y esa realización va muy unida al lugar y a las personas con las que trabajas. Aquí comienza mi historia.

    La Orden de San Agustín en España trabaja en muchos campos, la educación, las parroquias, la universidad, la investigación... y entre ellas está la misión fuera del país. Actualmente los agustinos en España están en un proceso de unificación que culminara con una sola provincia. En este proceso se unirán cuatro provincias. Yo pertenecía a la misionera por excelencia. Ya desde el seminario menor flotaba el aire misionero. Muchos de los formadores que he tenido han misionado en tierras de América Latina y muchos de los padres misioneros que pasaban y nos hablaban de esas tierras quieras o no esas palabras iban cayendo como semillas. En el seminario mayor uno interioriza y descubre esa llamada en el estudio de la Palabra de Dios. Pero eso no quiere decir que tu espíritu este dispuesto a dejar tu país, tu tierra y arriesgarte. Tengo que decir que en esa época tenía miedo y tendrían que pasar unos nueve años. Y llego a la selva peruana donde los agustinos llevamos desde 1901 entrando a formar parte de esa tradición. El comienzo hay que decir que no ha sido fácil. Pero tampoco malo. El clima, muchísimo calor y mucha humedad, ahora acostumbrado. La comida mucho arroz, ahora acostumbrado. Las personas muy acogedoras y no tan acogedoras, como en todos los sitios que he estado, ahora sigo aprendiendo el porqué de muchas maneras de actuar. La religiosidad en general, completamente distinta a España, tienen a Dios en su día a día... y el lugar donde me destinaron... Santa Rita de Castilla. Cuando vi el río Amazonas y el Marañón el corazón se me encogió. Inmenso, majestuoso, grandioso y terrible a la vez. Y en el río marañón se encuentra la parroquia en la que llevo seis años. En estos años me encontré con unas hermanas religiosas que en su actuar mostraron el celo de la misión y el amor por estas tierras. Doloroso fue cuando decidieron cambiar de lugar. También descubrí sesenta comunidades que se visitan asiduamente y en ellas a dos pueblos originarios: Los Kukamas y los Urarinas. Los Kukamas en el río Marañón y los Urarinas en el río Urituyacu. Cada pueblo bien distinto. Los derrames de petróleo, el asalto a la lancha que tiene la parroquia, las visitas a las comunidades, la transición del cambio de nuevos párrocos y sobretodo la presencia de Dios en cada acontecimiento memorias que se convertirán en palabras y palabras que expresarán vivencias.

    Abr 13

    Los cristianos tenemos respuestas a las miserias que produce el coronavirus.

    En la resurrección del Señor Jesús los discípulos en la incertidumbre experimentaron que seguía con Ellos. A lo largo de la historia de la salvación el pueblo de Dios se ha visto amenazado: Las persecuciones en tiempo de los romanos, la peste en la edad media, el peligro del nazismo... en todas ellas Dios los ha acompañado.

    Hoy nos enfrentamos a la pandemia  denominada vulgarmente “coronavirus”. Ella está sacando a la luz las miserias de una sociedad hedonista y egoísta. Personas que mueren en fosas comunes anónimas, cadáveres en las calles que no tienen la dignidad merecida, Estados que se pelean por el material sanitario, Sanitarios estigmatizados por estar sirviendo a los contagiados, ancianos en residencias que mueren sin la asistencia debida, pobres que viven al día, niños que se ven privados de sus estudios... Estas miserias pueden ser respondidas desde la experiencia en el Señor Resucitado.

    Los discípulos de Jesús viven atemorizados, encerrados en sus casas por temor a los judíos. Dios se les aparece y pasan de discípulos a testigos. Pierden el miedo y empiezan a dar testimonio de lo que han vivido.

    El testimonio cristiano parte de una experiencia. Ella de un encuentro personal con el Señor Resucitado. En este contexto es donde el fiel recibe la fuerza, la confianza y el sentido para cumplir con el evangelio. A partir de aquí podemos responder a las miserias. Los santos y los beatos tienen en común que han sabido estar con los que más sufren y dar respuesta a sus necesidades. El beato Agustino Esteban Bellesini ejerciendo su función como párroco de Genazzano en el año 1839, en dicha ciudad surgió la peste tifoidea. El Sacerdote utilizo todas sus fuerzas para asistir a los enfermos. Según cuentan las crónicas de su tiempo, fue tan grande el afán y el amor que profesaba a los convalecientes que su testimonio quedo grabado en la memoria de la población. Su vivencia fue un reflejo de su cercanía con Dios.

    Hoy también nosotros somos testigos de una experiencia que nos hace responder a las verdaderas necesidades que necesita la humanidad. En el evangelio de Mateo 11, 4-5: "Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;” Jesús pide que sean testigos en una sociedad donde los poderosos los oprimen, los pobres son vendidos, los enfermos repudiados y los padres no tienen con que alimentar a sus hijos. La fuerza del testimonio hace que el hombre no pierda la esperanza, se sienta protegido y experimente la misericordia de Dios. En Mateo 25, 35-36: "Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme." El discípulo es el reflejo del Maestro. La vivencia de la misericordia se convierte en testimonio y ello en una luz que alumbra a la sociedad en tiempos oscuros. Por lo tanto, los cristianos tenemos la respuesta a las miserias que el Covid -19 produce a la sociedad. Ella parte una experiencia con el Señor Resucitado que nos llama a que seamos testigos de la buena nueva que se ve reflejada en las misericordias con el prójimo. Todo ello se convierte en testimonio que produce esperanza, acogida y un amor que viene de Dios.

    Abr 9

    ¿Cómo está la semilla de la fe?

    Comenzamos el tiempo más fuerte. El triduo pascual se convierte para los cristianos en oración, vivencia y sobretodo esperanza. Hoy la palabra Coronavirus evoca confinamiento, enfermedad, dolor y muerte. La fe se nos pone a prueba, y nos lleva a reflexiones que nuestro Señor Jesús nos recuerda: ¿Cómo esta la semilla de la fe? ¿Seca, pisada, ahogada o floreciendo? Es curioso que celebremos los momentos más duros de la vida de Jesús para luego encontrar el verdadero significado a esos acontecimientos. Y esto nos puede ayudar a nosotros en estos tiempos.

    La cruz está presente en la vida del que quiere ser discípulo de Jesús. Quien quiera seguirlo que se niegue a si mismo nos dice. Y aquí está la llave y lo que podemos ofrecer los cristianos en tiempos de enfermedad, incertidumbre y miedo. Negarse es poner en nuestro corazón y mente el amor convertido en servicio. Cuando uno se ofrece al otro da esperanza, seguridad y sobretodo dignidad. Dios ha creado al hombre para amar y ser amado. Da igual que profesión tengas o el lugar donde te toque pasar este aislamiento social. Siempre habrá a tu alrededor personas a las que te tengas que ofrecer.

    La resurrección es la meta de la esperanza para el creyente. Si el Señor Jesús no hubiera resucitado vana seria nuestra fe nos recuerda San Pablo en sus cartas. El cristiano sabe muy bien que toda cruz es un camino, pero no la meta. Vivir con esperanza es el segundo aporte que podemos ofrecer. Esta enfermedad pasara. Pero lo que no pasara es la fundamentación de nuestra esperanza. Enseñarles que, en la soledad, en el dolor y en la muerte hay alguien que los acompaña. Leemos en el Jueves Santo como Dios acompaño al pueblo de Israel por el desierto, en Viernes Santo a su hijo en el dolor y en el sábado de Gloria lo acompaño en el paso de la muerte a la vida eterna.

    ¿Cómo esta la semilla de nuestra fe? Hagámosla que germine, mostremos al Dios de Jesús en nuestras obras y pongamos a la luz que nadie tiene porque estar solo y con miedo. Que nuestra luz brille Como el Señor Jesús nos enseñó.

    Mar 14

    Nuevos caminos.

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    (Leer la palabra de Dios. Haz clic aquí.)

    Jesús hoy se encuentra con la Samaritana. Ella no reconoce el templo como lugar esencial donde habita Dios. Los judíos repudian a los samaritanos. El contacto de los Samaritanos con pueblos paganos a lo largo de la historia hacia que se les repudiara. En este contexto Jesús abre nuevos caminos: Rompe con el repudio y el rechazo de los dos pueblos y reconoce que Dios también habita en el pueblo Samaritano.

    ¿Qué nuevos caminos podemos abrir como iglesia? Los nuevos caminos deben partir siempre de las necesidades. Conocer el sufrimiento del prójimo se convierte como norma primera. Jesús no se queda en los estereotipos, ve un pueblo que es repudiado y rechazado y les da la dignidad que merecen como hijos de Dios. La palabra de Dios debe ser nuestro camino, en ella encontramos a Dios. Moisés acude a Él ante las dificultades de su pueblo. La Samaritana quiere conocer al Dios verdadero. A ambos Dios les ayuda. Una iglesia orante, atenta y en escucha.

    ¿Cuáles son las necesidades de nuestra sociedad? ¿Estamos la iglesia con los que más nos necesitan? ¿Somos ejemplo y testimonio de esperanza? Cada iglesia local debemos responder a estas preguntas. Las respuestas que demos serán testimonio de que Dios sigue estando en medio de nosotros.

    Mar 8

    La iglesia siempre esta atenta...

    bibliaicon1 (Leer la palabra de Dios. Haz clic aquí)

     

    La iglesia siempre está atenta a la escucha de la palabra que viene de la boca de Dios. Hacer la voluntad de Dios es un mandato que ya el Patriarca de la fe, Abraham aprendió y cumplió.

    La iglesia siempre esta en continuo cambio. No se encierra en esquemas pasados, sino que se abre a la acción del Espíritu y busca nuevos caminos. Abraham rompe con su vida pasada y comienza una nueva vida guiada por la palabra de Dios.

    La iglesia siempre esta en camino. Dispuesta a cumplir la misión encomendada de llevar su palabra a todos los confines del mundo. Abraham se convierte en el mediador para crear un pueblo numeroso en una tierra próspera.

    El Papa Francisco en la exhortación apostólica “Querida Amazonía” comienza la reflexión con el “sueño...”, el deseo de una iglesia viva para esas tierras. En este segundo domingo de cuaresma podríamos decir “La iglesia siempre esta...” Esto nos lleva en relación al libro del Génesis que leemos hoy en la primera lectura, a una iglesia dinámica, viva, que siempre esta en camino por obedecer como Abraham los mandatos de Dios. Hoy celebramos el día internacional de la mujer. En varios puntos del mundo las mujeres cristianas se concentran en manifestaciones para exigir una iglesia más igualitaria donde ellas tengan mayor participación en la toma de decisiones. Reflexionar y buscar una iglesia más sinodal, asamblearia es constitutivo de la iglesia como nos muestra la Palabra de Dios:

    “Jesús en Mt 18, 15-18, corresponde a la comunidad el deber de juzgar en última instancia algunos comportamientos graves de sus miembros. En este pasaje, la palabra que se ha traducido como comunidad es “κκλησία, asamblea, Iglesia. También podemos recordar el pasaje en el que Pedro somete a juicio de la asamblea, reunida a tal efecto, el problema de la sustitución del apóstol Judas (Hch 1, 14-15)”. (LA SINODALIDAD EN LA ACTUALIDAD, A LA LUZ DEL CONCILIO VATICANO II, Emile Kouveglo Pontificia Università Lateranense (Stato della Città del Vaticano))

    Una iglesia más dinámica, más participativa ya está presente en el Concilio Vaticano II, en la Exhortación apostólica Envangelii Gaudium nos dice que todos con la ayuda del Espíritu Santo nos da una sabiduría para discernir la voluntad de Dios. El Papa Francisco comenta el número 12 en estos términos:

    En todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu que impulsa a evangelizar. El Pueblo de Dios es santo por esta unción que lo hace infalible «in credendo». Esto significa que cuando cree no se equivoca, aunque no encuentre palabras para explicar su fe. El Espíritu lo guía en la verdad y lo conduce a la salvación. Como parte de su misterio de amor hacia la humanidad, Dios dota a la totalidad de los fieles de un instinto de la fe -el sensus fidei- que los ayuda a discernir lo que viene realmente de Dios. La presencia del Espíritu otorga a los cristianos una cierta connaturalidad con las realidades divinas y una sabiduría que los permite captarlas intuitivamente, aunque no tengan el instrumental adecuado para expresarlas con precisión”.

    Abraham se pone en camino por que esta abierto a la escucha de la Palabra de Dios. Hoy la iglesia debe estar dispuesta a escuchar el clamor del “pueblo de Dios” para que realmente obedezca la voluntad de Dios.

    El evangelio de hoy Jesús se presenta tal como es. El Hijo de Dios. Pedro en su asombro siente bienestar, pero también espantó. La iglesia hoy también siente bienestar, pero un bienestar que hace que quiera acomodarse y no adaptarse a las nuevos retos y necesidades que hoy la sociedad demanda. Esta tentación esta presente. En nuestras parroquias debemos buscar nuevos caminos, estar siempre atentos a las necesidades de nuestros hermanos parroquianos, siempre dispuestos con la ayuda del Espíritu en asamblea a buscar la voluntad de Dios. Es una tarea de todos como iglesia a ser dinámicos, estar en continuo cambio y obedecer lo que el “Señor nos ordena”.

    Al oír la voz que salía de la nube los discípulos sienten espanto. ¿Qué espanto sentimos hoy la iglesia? ¿Nos espantamos por que las mujeres quieran participar de una manera más activa y participativa? ¿Nos espantamos de que ciertos ministerios eclesiales se habrán a las mujeres? ¿Nos espantamos de que los estados nos quiten privilegios ganados en siglos pasados?... Y cada uno podríamos poner un sinfín de espantos que surgen en varios sectores de nuestra querida iglesia. Una cosa es clara, que el evangelio hoy nos enseña: “Levántense, no teman” Jesús siempre dio confianza a sus discípulos. Hoy también sigue dando confianza. Y la da cuando permanecemos fieles al evangelio a la tradición y al soplo renovador del Espíritu Santo. Aclaremos la tradición como dinámica y no estática. Jesús habla con Moisés y Elías que representan la tradición. Jesús continua esa tradición, pero le da un nuevo camino a la luz de su resurrección.

    En conclusión “La iglesia siempre esta...” atenta a la palabra de Dios, en camino y en continuo cambio. Este “estar” parte del pueblo de Dios como asamblea que guiada por el espíritu Santo busca encarnar la voluntad de Dios en sus parroquias sin acomodarse ni espantarse.

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