Jul 28

    Necesidad

     

    bibliaicon1 Leer la palabra de Dios.

     

    Tengo hambre, sed, frio... me siento enfermo, triste, depresivo... NECESIDAD. Los hombres somos seres que siempre necesitamos. ¿quién puede satisfacernos? Y esta es la pregunta que nos hacen las lecturas de este domingo. Primero Dios se fija en nuestras carencias y entabla un dialogo. El AMOR que nos profesa hace que satisfaga nuestra pobreza y por último nos restaure. De ahí que el apóstol Pablo exprese que nadie nos podrá separar del amor de Dios.

    Ahora vallamos a la cotidianidad de nuestras vidas. Dentro de nosotros somos como un mar en calma pero que en sus profundidades esta revuelto por las corrientes submarinas. Estamos llenos de pensamientos positivos y negativos, de instintos satisfechos e insatisfechos, de sentimientos tristes y alegres. Como lidiemos con lo escrito depende mucho nuestra estabilidad emocional y física. El evangelio nos dice que Jesús siente lastima y compasión. Con su actuar solventa la precariedad de los que la necesitan. El ejemplo que da abre el camino del Reino de los Cielos. Aprendemos una lección bien valiosa, en la medida que practiquemos con el prójimo lo que la buena noticia más cerca estaremos de Dios.

    Esta proximidad nos lleva a sentir que no estamos solos y por tanto tener las fuerzas necesarias para afrontar las contrariedades de la vida con armonía.

    ¿Quién nos separar del amor de Dios? ¿Quién nos quitara la estabilidad física y emocional? Todo lo podemos en Cristo Jesús. Que este domingo vivamos desde la tranquilidad de sentirnos amados y satisfechos por Dios.


    Jul 22

    Hallar el tesoro.

           bibliaicon1 Leer la palabra de Dios

    Pídeme lo que quieras, le dice Dios a Salomón. Y, ¿Si recibiéramos la misma pregunta? El Libro de los Reyes reflexiona sobre lo que Dios quiere para su pueblo. Y nosotros ¿Qué queremos para nuestras vidas? Responder a la pregunta que nos hace, nos es fácil de responder. Para contestarla tenemos que saber lo que necesitamos y lo que nos conviene. Que es lo mismo que conocerse a uno mismo. San Agustín daba mucho valor a la interioridad. En ella el hombre encontraba su relación con Dios y llegaba a su propio conocimiento de la existencia. Trabajar nuestro interior es esencial. Los cristianos para entrar en este camino tenemos que partir de la oración. Este encuentro se da en lo más intimo de nosotros. El orar nos quita el velo de nuestras debilidades, superficialidades y nos hace estar dispuesto a la escucha y la propuesta de Dios. Él sale primero a nuestro encuentro nos pone en nuestro Espíritu el deseo de amarle como nos expresa la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos. El anhelo hace que le agrademos. Ello se convierte en buenas obras que se asemejan a las de Jesús.

             Descubrimos como nos dice la parábola del evangelio, un tesoro. Nos hace descubrir el Reino de los Cielos. Los valores del bien. Donde uno se convierte en servidor, el amor se transforma en encuentro, la humildad en camino, la piedad en comunicación con Dios, las obras en misericordia y la esperanza en una fe inquebrantable en la promesa dada por Cristo.

             Es misión nuestra el hallar y entrar en el Reino de Dios. Para ello debemos tener presente: Dios siempre nos esta llamando. No debemos sentirnos que no somos dignos a este llamado. Él siempre esta con los brazos abiertos para el que quiera recibirlo. Este encuentro nos lleva a vivir una vida según los valores del evangelio. El prójimo se convierte en el espacio para practicarlos. La oración en el alimento que nos hace tomar conciencia de la realidad. En este domingo hallemos el tesoro y apostemos por él.

    Jul 17

    Los animadores cristianos.

              Jesús fue llamando personalmente a sus discípulos como nos cuenta los evangelios: “...Por aquellos días, se fue él al monte a orar y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles: ...” (Lc 6, 12-13). La llamada parte primeramente de Dios y el hombre responde. Esa llamada está muy presente en la vida de todo cristiano y se traduce en la vocación a la que somos llamados. En la parroquia en la que trabajo que como bien sabéis esta en la amazonía peruana y abarca a dos etnias, los Kukamas y los Urarinas, hay un llamamiento muy especial y de gran valor. Me refiero a los animadores cristianos. Ellos son para la iglesia haciendo una bonita comparación como el agua que verdea y embellece los campos. En los años ochenta, hablando con padres que trabajaron en estas tierras, con orgullo me decían que había más de ciento cincuenta animadores. Hoy la realidad es bien distinta. Pero os voy a poner un poco en contexto.

             La extensión de la parroquia abarca tres distritos, Nauta, Parinari y Urarinas. Una extensión que nos hace tardar tres días para llegar a la última comunidad que visitamos. De toda la inmensidad del territorio visitamos sesenta comunidades. Y en ellas entran nuestros protagonistas. Los animadores cristianos.

    ¿Cuál es su función? Dos palabras para definirlos: servicio y acompañamiento. Esta responsabilidad no la realizan solos. Están en coordinación con el párroco y su consejo. Para una mayor explicación de sus labores os lo voy a exponer. Los domingos todos los cristianos nos reunimos para celebrar el día del Señor Resucitado. Muchos seguro que estáis acostumbrados asistir a misa y ver a un sacerdote. Aquí muchas comunidades no pueden realizar la eucaristía, pero no por ello dejan de vivir su fe. Los animadores cristianos reúnen a su comunidad, animan y participan en la Palabra donde esta impresa y sellada la fe. Esa creencia les hace ser los maestros que preparan a las familias a los sacramentos. Vallamos a otra situación. En una comunidad necesitan asesoría jurídica. Las autoridades cantidad de veces acuden al animador para que coordinen con el equipo parroquial y recibir la ayuda pertinente. En este tiempo de “coronavirus” se han convertido en un pilar por varios motivos: 1.) Han mantenido la moral firme de sus moradores, exhortando, animando y sobretodo recordando lo fuerte que es un hombre que tiene fe. 2.) Han canalizado la ayuda que la iglesia ha ofrecido a los centros sanitarios para paliar la enfermedad. 3.) Han sido la voz de las comunidades haciendo de corresponsales para la radio del Vicariato y así poder llegar no solo a las ciudades de la selva sino también del mundo. Y es que en todo momento ellos mantienen la cabeza bien alta para seguir mostrando el servicio y acompañamiento a sus comunidades.

             La iglesia da mucho valor a la formación. Y desde que llegue a la parroquia lo he podido observar. El centro de formación de la parroquia se llama “Ikua Uka” traducido “casa de la sabiduría”. En el a lo largo de la historia se han formado promotores de salud, parteras, autoridades, catequistas y por supuesto los animadores cristianos. Los animadores se forman al comienzo y al final de año. En los cursos se capacitan en el estudio de la palabra, el proyecto de la iglesia local, la identidad como pertenecientes a pueblos originarios y también hay espacio para temas que ayuden a fortalecer a las comunidades. Por ejemplo, el tema de la trata de personas, territorialidad, derechos indígenas... Es una alegría ir a las comunidades y escucharlos como predican la palabra sin caer en la literalidad y una interpretación descontextualizada. Ver como ellos toman conciencia de su identidad y la transmiten haciendo a los demás protagonistas de la lucha de sus derechos.

             Sin los animadores cristianos no habría comunidades cristianas católicas en la selva. Su servicio y acompañamiento es un ejemplo de cómo Dios sigue eligiendo y llamando.

             Para la próxima semana os voy a contar la experiencia gratificante de visitar las comunidades y la no tan gratificante de la navegación por el río cuando hay lluvia, se estropea él motor y otros pormenores que se convierten en anécdotas.

    Jul 16

    La cizaña crece junto a la buena semilla.

       bibliaicon1

     Leer la palabra de Dios

    Las noticias que me llegaron de la ciudad más importante de la amazonía peruana, Iquitos, cuando el virus estaba atacando muy duramente fue que no había medicinas suficientes. Pasado unas semanas leía en las redes sociales que la fiscalía había confiscado una cantidad de medicamentos que eran vendidos ilegalmente a un precio altísimo. Como es normal, me vino una indignación tremenda ¿Cómo podía haber personas que se lucran a costa de las vidas que esas medicinas podrían haber salvado?

    La cizaña crece junto a la buena semilla nos dice la lectura de este domingo. En otro pasaje también sale la idea de que Dios llueve sobre justos y pecadores. El mal es algo que forma parte de esta vida. Ahora bien, por el hecho de que exista y de que podamos sufrirlo o realizarlo, Jesús nos dice que hay que tomar una decisión a la luz del Reino de los Cielos. Y tomar dicha elección exige coger el buen camino y ello exige hacer lo correcto. Y lo correcto es hacer el bien y no el mal. El libro de la Sabiduría anima a la persona que vive en la maldad a cambiar y escoger lo bueno. Con todo esto descubrimos a un Dios que Jesús ya nos lo recuerda que quiere que todos los hombres se conviertan y se salven. Pero también no quitemos la gravedad de las palabras que el evangelio hoy nos dice de aquellos que no se quieren convertir y se deleitan en la malicia.

    Y. ¿entonces? Debemos decidir en el día a día. Si tomamos el camino del bien brillaremos como las obras del Reino de los cielos y nos asemejaremos a nuestro Padre Dios. Por el contrario, si nos deleitamos en la maldad y persistimos en no cambiar nuestro destino quedara sellado “en el llanto y rechinar de dientes”. Pero aun en el mal camino hay alguien que vela por nosotros. El Espíritu Santo. San Pablo nos anima y exhorta a no olvidarlo. Pues el Espíritu sabe lo que nos conviene y es un buen aliado ante nuestro Padre Dios. Existe el mal y ello nos debe mantener en alerta. Debemos guiarnos según las obras del Reino de los cielos, pues la justicia prevalecerá ya que tenemos un Dios, como nos dice la sabiduría “...tu poder es el principio de la justicia”.

    Jul 5

    La tristeza y el encuentro con Jesús.

    La tristeza forma parte de nuestras vidas. El sentirla nos expresa que dicha emoción nos acompañara mientras estemos en esta existencia. El como lidiar con ella a la luz del evangelio es lo que vamos a reflexionar.

    La pena surge en momentos de frustración. Si perdura puede derivar en la depresión. Por ello es importante tratarla. Los evangelios se convierten en un buen instrumento para tratarla. Sus escritos parten de una experiencia con Dios reflejada en su hijo. Jesús empatizaba con los demás. Conocía muy bien los estados emocionales con los que se relacionaba. La expresión que utilizaba para despedirse era “Vete en paz”. En este término mostraba como el hombre necesita vivir en armonía con su creador y lo creado. Fijémonos en varios encuentros que tuvo Jesús con sus contemporáneos y como se relaciono con ellos ante el sentimiento de tristeza.

    La tristeza esta unida muchas veces a la pérdida de un ser querido. En los evangelios Jesús se encuentra con esta situación. La madre que lleva a su hijo a enterrar, la hija de Jairo, la muerte de Lázaro... Tanto la madre como el padre y el dolor de Marta ante la muerte de su hermano ponen la esperanza en Jesús. La confianza hace que encuentren la paz.

    La enfermedad también produce tristeza. Ella en dos sentidos. La persona que padece la enfermedad y los seres queridos que se preocupan por el que la adolece. En los evangelios nos encontramos con la enfermedad de la mujer que padecía de perdida de flujos de sangre y el centurión que tenía a un criado muy querido enfermo. En ambos casos la fe les da la sanidad y la paz.

    La indigencia es un factor que lleva a situaciones extremas. En el evangelio se nos describen varias situaciones. El ciego que pide limosna, la parábola del buen samaritano, Los diez leprosos, la mujer infiel... en estas situaciones todos ellos se ven despojados de vivir una vida digna. Jesús les restaura dándoles el honor que les corresponde como hijos de Dios. Ellos se deben a que no les juzga como a la mujer infiel, no los rechaza como a los diez leprosos y se compadece de los que necesitan su ayuda como la parábola del buen samaritano. Todas estas acciones producen la restauración de la persona.

    Los personajes descritos tienen en común que ponen su confianza en Jesús. El se convierte en el pilar donde se tiene que fundamentar la vida del cristiano. En los momentos de tristeza debemos pensar que no estamos solos. Dios nos acompaña en este proceso. Reconocer que necesitamos su ayuda implica acudir a Él. Como la parábola del hijo pródigo él nos está esperando con los brazos abiertos para darnos la paz que necesitamos.

    La fe es un pilar de la vida cristiana. Por medio de ella las situaciones que vivimos en el presente toman un matiz de un futuro esperanzador. Por ello la fe va unida a la esperanza. Cuando nos sentimos tristes, nos aferramos al presente. Creemos que no vamos a salir de ese estado de animo y nos aferramos al dolor. La fe nos hace romper con el momento actual y nos enseña la promesa de un futuro esperanzador.

    La restauración parte de situaciones donde la dignidad de la persona se ve alterada. Alguna vez en nuestra vida nos hemos sentido insultados, despreciados, infravalorados... Los sentimientos que surgen son de frustración y desconfianza hacia los demás y ello lleva a sentirnos tristes. Jesús conocía muy bien los corazones dolidos. Su medicina para sanarlos era el perdón. Cuando la persona se sentía perdonada encontraba la paz transformada en dicha. Hoy Jesús nos sigue invitando a que entremos en la dinámica del perdón.

    Por lo tanto, vivamos los momentos de tristeza a la luz del evangelio y hallaremos el camino para salir de ella.

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