Jun 23

    Tomar la cruz

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    ¿Cómo podemos recibir a Dios en nuestras vidas? Este domingo podríamos comenzar la reflexión con esta pregunta. Durante estos meses hemos vivido momentos muy difíciles. Tiempo donde ha surgido el miedo, la incertidumbre, la enfermedad, el dolor e incluso la perdida de algún ser querido. Jesús nos llama a que en estos acontecimientos de nuestra vida tomemos nuestra cruz y le sigamos.

    El cristiano en el bautismo hace un compromiso de por vida con Dios. La responsabilidad de vivir una vida acorde a ello se debería fundamentar primeramente en la familia. Si analizamos la situación de las familias nos encontramos con la triste realidad que muchas de ellas celebran el sacramento por un compromiso social. Esto hace que la parroquia se convierta en un espacio vital por medio de sus actividades pastorales y sacramentales. En ellas la persona puede tomar conciencia de su compromiso de seguimiento.

    Tomar la cruz implica entrar en la dimensión de la caridad fraterna. En ella el hombre experimenta los valores del reino de Dios. San Pablo en la segunda lectura nos recuerda que compartir la muerte de Cristo es morir para el pecado y vivir para Dios. Este vivir nos debe llevar a reflexionar nuestras acciones. Cambiar aquellas que nos alejan de Dios y del prójimo.

    La vida está llena de decisiones. En ellas nos moldeamos para el bien o para el mal. Hoy Domingo Jesús nos invita a tomar su cruz. Elegir los valores del evangelio. La implicación de la decisión es elegir a Dios y con ello la verdadera vida. La parroquia se convierte en un espacio propicio para ello. Tomemos la decisión correcta.

    Jun 17

    Una historia más en tiempo de coronavirus.

    Una mujer desesperada por la enfermedad gasta todo lo que tiene en médicos. No encuentra la cura y oye de un tal Jesús. Toda la energía que le queda a su desgastado cuerpo la pone en encontrarlo. Lo halla y recibe la sanación deseada.

    La vivencia que he vivido de la pandemia en Santa Rita de Castilla (Amazonia Peruana) me ha hecho identificarme con esta mujer. Ella utiliza todos los recursos que tiene para encontrar la cura. En Santa Rita de Castilla, como párroco del pueblo pongo todas mis energías en que el virus no llegue a la comunidad. Primero junto a las autoridades locales intentando cerrar el territorio del pueblo y habilitar lugares de cuarentena. Y el virus entra en la comunidad. La preocupación me hace perder la paz. Lo que ha sucedido en las ciudades de Iquitos y Nauta presagia lo peor. La parroquia cede los locales al centro de salud para que se adapten a las necesidades de la enfermedad. La organización indígena de Mujeres Kukamas “Waynakana Kamatawara Kana” se pone en contacto con la parroquia para apoyar una campaña de recaudación de dinero y canalización de dicha ayuda al centro de salud. Con ello se logra implementar al centro de Salud de trajes de protección, activación de los promotores de salud que se formaron en la parroquia y medicamentos generales. El Vicariato Apostólico de Iquitos también se pone en contacto con la parroquia para que se canalice la ayuda de medicamentos y concentradores de oxígeno. Y todo esto hace que el virus no sea tan letal.

    La mujer enferma acude a Jesús, una vez que ha gastado todo su dinero infructuosamente en médicos. Pero, ¿Por qué acude a Él? Lo primero que me viene al pensamiento es que esta desesperada. Ya no tiene nada que perder. Ella ha oído hablar de los milagros de Jesús. Pero surge algo maravilloso en su vida. La fe. Confía plenamente en que puede ser sanada. Y esa fe se la reconoce Jesús y le da la paz que tanto necesita. La perdida de paz que he sentido no se ha desvanecido con la ayuda y el trabajo de la parroquia. y me decía para mi mismo ¿En que estoy fallando? ¿Por qué no encuentro esa paz que tanto deseo? Y la respuesta la encontré en quien pongo mis fuerzas y mi confianza. Se necesita la ayuda y el trabajo que realiza la parroquia para canalizarla. Pero más se necesita tener y sentir cerca a Dios. Esto me ha devuelto la paz.

    Jesús tenía una cercanía muy familiar con su Padre Dios. Todos los días le hablaba y las acciones que realizaba estaban llenas de ese encuentro. El se lo enseño a sus discípulos y se transmitió de generación en generación. Pero que sabias las palabras de San Pablo “Llevamos nuestra fe en vasijas de barro”. Que pronto uno se olvida de que tiene un tesoro y busca en otros lugares lo que ya tiene.

    Esta pandemia para muchos ha sido un tiempo de gracia y de encuentro con Dios. Para mí la preocupación de cómo dar respuesta a las necesidades de la parroquia unido a la opinión de los superiores ante mi trabajo, me ha hecho olvidar la oración sincera y actuar acorde a ella en mis acciones. Esto no me ha traído paz. Pero Dios siempre está pendiente de cada uno de nosotros. Y espera a que recapacitemos y volvamos a Él. Y así sucedió. Con una pregunta tan simple y a la vez tan revitalizadora ¿Por qué no encuentro esa paz que tanto deseo? Y la respuesta la tenía ante mis ojos. Habla con Dios. Y en ese encuentro halle la paz. Y con ello se me abrieron los ojos. Las acciones que se realicen hazlas siempre buscando el bien cueste lo que cueste. Las decisiones que hay que tomes ponlas antes en oración. El futuro vívelo desde la confianza de Dios en el presente. Y las opiniones solo recíbelas si buscan el bien y la verdad.

    Una vez me preguntaron ¿qué es ser cristiano? Y lo primero que me vino a la mente es la palabra humildad. Ella te hace valorar las cosas sencillas de la vida y por ende desprenderte de las falsas felicidades. Te descubre que la verdadera fortaleza se haya en el desprendimiento y la entrega de hacer el bien al prójimo. Te hace reconocer que todo procede de Dios y en el se haya el verdadero sentido de la vida. Cuando uno tiene los síntomas de la enfermedad uno se da cuenta de lo frágil que es y lo importante que es vivir desde la humildad de saber que uno necesita a Dios. La mujer enferma del evangelio toca el manto de Jesús a escondidas. Jesús siente que una fuerza sale de Él. Pregunta quien ha sido y la mujer se postra, lo reconoce y explica el porqué. En este sencillo gesto muestra la humildad de reconocer que necesita ser sanada.

    Jesús despide a la gente con la expresión “vete en paz”, esa paz procede de Dios Padre y con ella enseña que uno aun en los momentos difíciles la puede mantener. La condición de sentir la cercanía de Dios. El deseo de necesitar a Dios lleva a querer hablar con Él. Y en ese encuentro como la mujer enferma uno descubre la salvación.

    May 18

    Comenzamos...

    Jesús se despidió de sus discípulos como nos cuentan los evangelistas: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28, 18-20). Esta despedida se ha convertido para muchos en una llamada y vocación a lo largo de los siglos. Hoy como desde los primeros discípulos estás palabras de Jesús siguen vivas. San Pablo valoro mucho los dones que Dios da y que deben ser convertidos en servicio a la comunidad: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” (Efesios 4, 11-13) y Dios sigue constituyendo servicios a lo largo de la historia según las necesidades de cada generación. Entre todos estos servicios que son para la gloria y plenitud de Cristo se encuentra uno muy especial: El misionero. Hay muchos tipos de misioneros, yo voy hablar del misionero que deja su país, su familia, su cultura y se embarca rumbo a seguir el camino que otros antes que el hicieron el mismo camino y dejaron un legado a continuar.

    Ser misionero es una llamada que poco a poco se va convirtiendo en vocación. Y la vocación va muy unida a lo que amas. Por ello el misionero descubre en su trabajo de cada día que ama lo que realiza. Y esa realización va muy unida al lugar y a las personas con las que trabajas. Aquí comienza mi historia.

    La Orden de San Agustín en España trabaja en muchos campos, la educación, las parroquias, la universidad, la investigación... y entre ellas está la misión fuera del país. Actualmente los agustinos en España están en un proceso de unificación que culminara con una sola provincia. En este proceso se unirán cuatro provincias. Yo pertenecía a la misionera por excelencia. Ya desde el seminario menor flotaba el aire misionero. Muchos de los formadores que he tenido han misionado en tierras de América Latina y muchos de los padres misioneros que pasaban y nos hablaban de esas tierras quieras o no esas palabras iban cayendo como semillas. En el seminario mayor uno interioriza y descubre esa llamada en el estudio de la Palabra de Dios. Pero eso no quiere decir que tu espíritu este dispuesto a dejar tu país, tu tierra y arriesgarte. Tengo que decir que en esa época tenía miedo y tendrían que pasar unos nueve años. Y llego a la selva peruana donde los agustinos llevamos desde 1901 entrando a formar parte de esa tradición. El comienzo hay que decir que no ha sido fácil. Pero tampoco malo. El clima, muchísimo calor y mucha humedad, ahora acostumbrado. La comida mucho arroz, ahora acostumbrado. Las personas muy acogedoras y no tan acogedoras, como en todos los sitios que he estado, ahora sigo aprendiendo el porqué de muchas maneras de actuar. La religiosidad en general, completamente distinta a España, tienen a Dios en su día a día... y el lugar donde me destinaron... Santa Rita de Castilla. Cuando vi el río Amazonas y el Marañón el corazón se me encogió. Inmenso, majestuoso, grandioso y terrible a la vez. Y en el río marañón se encuentra la parroquia en la que llevo seis años. En estos años me encontré con unas hermanas religiosas que en su actuar mostraron el celo de la misión y el amor por estas tierras. Doloroso fue cuando decidieron cambiar de lugar. También descubrí sesenta comunidades que se visitan asiduamente y en ellas a dos pueblos originarios: Los Kukamas y los Urarinas. Los Kukamas en el río Marañón y los Urarinas en el río Urituyacu. Cada pueblo bien distinto. Los derrames de petróleo, el asalto a la lancha que tiene la parroquia, las visitas a las comunidades, la transición del cambio de nuevos párrocos y sobretodo la presencia de Dios en cada acontecimiento memorias que se convertirán en palabras y palabras que expresarán vivencias.

    Abr 13

    Los cristianos tenemos respuestas a las miserias que produce el coronavirus.

    En la resurrección del Señor Jesús los discípulos en la incertidumbre experimentaron que seguía con Ellos. A lo largo de la historia de la salvación el pueblo de Dios se ha visto amenazado: Las persecuciones en tiempo de los romanos, la peste en la edad media, el peligro del nazismo... en todas ellas Dios los ha acompañado.

    Hoy nos enfrentamos a la pandemia  denominada vulgarmente “coronavirus”. Ella está sacando a la luz las miserias de una sociedad hedonista y egoísta. Personas que mueren en fosas comunes anónimas, cadáveres en las calles que no tienen la dignidad merecida, Estados que se pelean por el material sanitario, Sanitarios estigmatizados por estar sirviendo a los contagiados, ancianos en residencias que mueren sin la asistencia debida, pobres que viven al día, niños que se ven privados de sus estudios... Estas miserias pueden ser respondidas desde la experiencia en el Señor Resucitado.

    Los discípulos de Jesús viven atemorizados, encerrados en sus casas por temor a los judíos. Dios se les aparece y pasan de discípulos a testigos. Pierden el miedo y empiezan a dar testimonio de lo que han vivido.

    El testimonio cristiano parte de una experiencia. Ella de un encuentro personal con el Señor Resucitado. En este contexto es donde el fiel recibe la fuerza, la confianza y el sentido para cumplir con el evangelio. A partir de aquí podemos responder a las miserias. Los santos y los beatos tienen en común que han sabido estar con los que más sufren y dar respuesta a sus necesidades. El beato Agustino Esteban Bellesini ejerciendo su función como párroco de Genazzano en el año 1839, en dicha ciudad surgió la peste tifoidea. El Sacerdote utilizo todas sus fuerzas para asistir a los enfermos. Según cuentan las crónicas de su tiempo, fue tan grande el afán y el amor que profesaba a los convalecientes que su testimonio quedo grabado en la memoria de la población. Su vivencia fue un reflejo de su cercanía con Dios.

    Hoy también nosotros somos testigos de una experiencia que nos hace responder a las verdaderas necesidades que necesita la humanidad. En el evangelio de Mateo 11, 4-5: "Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;” Jesús pide que sean testigos en una sociedad donde los poderosos los oprimen, los pobres son vendidos, los enfermos repudiados y los padres no tienen con que alimentar a sus hijos. La fuerza del testimonio hace que el hombre no pierda la esperanza, se sienta protegido y experimente la misericordia de Dios. En Mateo 25, 35-36: "Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme." El discípulo es el reflejo del Maestro. La vivencia de la misericordia se convierte en testimonio y ello en una luz que alumbra a la sociedad en tiempos oscuros. Por lo tanto, los cristianos tenemos la respuesta a las miserias que el Covid -19 produce a la sociedad. Ella parte una experiencia con el Señor Resucitado que nos llama a que seamos testigos de la buena nueva que se ve reflejada en las misericordias con el prójimo. Todo ello se convierte en testimonio que produce esperanza, acogida y un amor que viene de Dios.

    Abr 9

    ¿Cómo está la semilla de la fe?

    Comenzamos el tiempo más fuerte. El triduo pascual se convierte para los cristianos en oración, vivencia y sobretodo esperanza. Hoy la palabra Coronavirus evoca confinamiento, enfermedad, dolor y muerte. La fe se nos pone a prueba, y nos lleva a reflexiones que nuestro Señor Jesús nos recuerda: ¿Cómo esta la semilla de la fe? ¿Seca, pisada, ahogada o floreciendo? Es curioso que celebremos los momentos más duros de la vida de Jesús para luego encontrar el verdadero significado a esos acontecimientos. Y esto nos puede ayudar a nosotros en estos tiempos.

    La cruz está presente en la vida del que quiere ser discípulo de Jesús. Quien quiera seguirlo que se niegue a si mismo nos dice. Y aquí está la llave y lo que podemos ofrecer los cristianos en tiempos de enfermedad, incertidumbre y miedo. Negarse es poner en nuestro corazón y mente el amor convertido en servicio. Cuando uno se ofrece al otro da esperanza, seguridad y sobretodo dignidad. Dios ha creado al hombre para amar y ser amado. Da igual que profesión tengas o el lugar donde te toque pasar este aislamiento social. Siempre habrá a tu alrededor personas a las que te tengas que ofrecer.

    La resurrección es la meta de la esperanza para el creyente. Si el Señor Jesús no hubiera resucitado vana seria nuestra fe nos recuerda San Pablo en sus cartas. El cristiano sabe muy bien que toda cruz es un camino, pero no la meta. Vivir con esperanza es el segundo aporte que podemos ofrecer. Esta enfermedad pasara. Pero lo que no pasara es la fundamentación de nuestra esperanza. Enseñarles que, en la soledad, en el dolor y en la muerte hay alguien que los acompaña. Leemos en el Jueves Santo como Dios acompaño al pueblo de Israel por el desierto, en Viernes Santo a su hijo en el dolor y en el sábado de Gloria lo acompaño en el paso de la muerte a la vida eterna.

    ¿Cómo esta la semilla de nuestra fe? Hagámosla que germine, mostremos al Dios de Jesús en nuestras obras y pongamos a la luz que nadie tiene porque estar solo y con miedo. Que nuestra luz brille Como el Señor Jesús nos enseñó.

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