«La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra.» (Salmo 84)
    Momentos con San Agustín

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    San Agustín

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    Santa Mónica

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    Los Agustinos a tu lado

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    Los Agustinos a tu Lado es un podcast con el que queremos acercarnos a ti, recordarte que no estás solos, que estamos contigo.

    La tristeza forma parte de nuestras vidas. El sentirla nos expresa que dicha emoción nos acompañara mientras estemos en esta existencia. El como lidiar con ella a la luz del evangelio es lo que vamos a reflexionar.

    La pena surge en momentos de frustración. Si perdura puede derivar en la depresión. Por ello es importante tratarla. Los evangelios se convierten en un buen instrumento para tratarla. Sus escritos parten de una experiencia con Dios reflejada en su hijo. Jesús empatizaba con los demás. Conocía muy bien los estados emocionales con los que se relacionaba. La expresión que utilizaba para despedirse era “Vete en paz”. En este término mostraba como el hombre necesita vivir en armonía con su creador y lo creado. Fijémonos en varios encuentros que tuvo Jesús con sus contemporáneos y como se relaciono con ellos ante el sentimiento de tristeza.

    La tristeza esta unida muchas veces a la pérdida de un ser querido. En los evangelios Jesús se encuentra con esta situación. La madre que lleva a su hijo a enterrar, la hija de Jairo, la muerte de Lázaro... Tanto la madre como el padre y el dolor de Marta ante la muerte de su hermano ponen la esperanza en Jesús. La confianza hace que encuentren la paz.

    La enfermedad también produce tristeza. Ella en dos sentidos. La persona que padece la enfermedad y los seres queridos que se preocupan por el que la adolece. En los evangelios nos encontramos con la enfermedad de la mujer que padecía de perdida de flujos de sangre y el centurión que tenía a un criado muy querido enfermo. En ambos casos la fe les da la sanidad y la paz.

    La indigencia es un factor que lleva a situaciones extremas. En el evangelio se nos describen varias situaciones. El ciego que pide limosna, la parábola del buen samaritano, Los diez leprosos, la mujer infiel... en estas situaciones todos ellos se ven despojados de vivir una vida digna. Jesús les restaura dándoles el honor que les corresponde como hijos de Dios. Ellos se deben a que no les juzga como a la mujer infiel, no los rechaza como a los diez leprosos y se compadece de los que necesitan su ayuda como la parábola del buen samaritano. Todas estas acciones producen la restauración de la persona.

    Los personajes descritos tienen en común que ponen su confianza en Jesús. El se convierte en el pilar donde se tiene que fundamentar la vida del cristiano. En los momentos de tristeza debemos pensar que no estamos solos. Dios nos acompaña en este proceso. Reconocer que necesitamos su ayuda implica acudir a Él. Como la parábola del hijo pródigo él nos está esperando con los brazos abiertos para darnos la paz que necesitamos.

    La fe es un pilar de la vida cristiana. Por medio de ella las situaciones que vivimos en el presente toman un matiz de un futuro esperanzador. Por ello la fe va unida a la esperanza. Cuando nos sentimos tristes, nos aferramos al presente. Creemos que no vamos a salir de ese estado de animo y nos aferramos al dolor. La fe nos hace romper con el momento actual y nos enseña la promesa de un futuro esperanzador.

    La restauración parte de situaciones donde la dignidad de la persona se ve alterada. Alguna vez en nuestra vida nos hemos sentido insultados, despreciados, infravalorados... Los sentimientos que surgen son de frustración y desconfianza hacia los demás y ello lleva a sentirnos tristes. Jesús conocía muy bien los corazones dolidos. Su medicina para sanarlos era el perdón. Cuando la persona se sentía perdonada encontraba la paz transformada en dicha. Hoy Jesús nos sigue invitando a que entremos en la dinámica del perdón.

    Por lo tanto, vivamos los momentos de tristeza a la luz del evangelio y hallaremos el camino para salir de ella.