Sep 8

    Romper el círculo

                  Hoy sale de la boca de Jesús la palabra “renuncia”. Renunciar significa dejar algo voluntariamente. El nos pide que rompamos las cadenas que no nos dejan descubrir la verdadera voluntad de Dios. El libro de la Sabiduría hace una súplica a Dios. Pide que Dios envié su Espíritu para que el hombre ande por el camino correcto. Entonces, ¿Cuáles son las cadenas que nos atan? En una entrevista que le hacían al Papa Francisco sobre los muros que están construyendo los países ricos, recalcaba que todo muro que uno construye termina siendo prisionero de él.

                Nuestra vida esta llena de acciones que nos llevan a la esclavitud: Egoísmo, celos, envidias, alcoholismo, lujuria, vagancia... poco a poco nos van encerrando en un circulo. Jesús quiere que estas acciones no sean lo más importante de nuestra vida. Pide que rompamos este círculo. Y ¿Cómo podemos romperlo? Realizando las acciones que quiere Dios para nuestra vida: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

                Esto implica que todo lo que este en contra de dicha acción hay que posponerla. ¿Amo realmente a Dios? Uno ama a Dios cuando ama al prójimo. No se entiende si no se parte de las necesidades del prójimo. El prójimo se convierte en el termómetro que nos dice si realmente tenemos a Dios en el centro de nuestra existencia. Pero, para amar al prójimo se necesita el Espíritu Dios. El hombre por naturaleza e instintito siempre tiende a su propia comodidad. De ahí que sea Dios quien nos inflame en nuestro interior el deseo de buscarle. Este deseo como el fuego que se le echa leña para que no se apague, necesita de la oración. En ella el hombre encuentra el consuelo y la fortaleza.

    San Pablo en sus cartas nos narra como para el Cristo lo es todo. En Él encuentra la fuerza necesaria para vencer las tentaciones y contrariedades de este mundo. Nosotros también estamos llamados a vencer al mundo. Todas las riquezas de este mundo no tienen comparación ni ganancia con la dicha de tener a Dios.

    Jul 29

    La vida no depende solo de los bienes

    Jesús conoce muy bien a Dios. Sabe lo que le agrada y lo que no le agrada. Que pongamos nuestra vida en el solo poseer no le agrada. Es más, las riquezas no tienen la capacidad de salvar. Hoy la enseñanza es clara solo en Dios podemos hallar la salvación o lo que es lo mismo la plenitud de la vida tanto aquí en la tierra como en el cielo.

    Seguro que conocemos amigos, familiares o compañeros de trabajo que su sueño es tener mucho dinero y dejar de trabajar. Nadie niega que el dinero facilita la vida y más donde la sanidad no es tan publica como sucede en algunos países. Jesús no esta en contra de las riquezas, sino que nos previene del egoísmo que produce en muchas personas. Las convierten en valores absolutos y son incluso capaces de traicionar, engañar, robar, estafar...

    La creación creada por Dios es para que este en armonía con el hombre. Ella nos da el sustento para vivir dignamente. Es triste ver como el egoísmo de grandes empresas la destruyen por el mero hecho de sacar beneficios. En la selva de la Amazonia Peruana las petroleras llevan años explotando los recursos naturales de una manera irracional y destructiva. Se pone por encima el beneficio antes que al hombre y lo que produce es hambre, enfermedad y recursos naturales que han convivido durante siglos con el hombre están desapareciendo.

    Jesús es tajante ante esta actitud de ciertas personas, sino cambian, su destino esta fijado, la condenación. Pusieron su confianza en las riquezas, en algo perecedero. Por lo tanto, es bueno tener riquezas. Lo importante es que esas riquezas no gobiernen nuestras vidas. Que seamos capaces de prescindir de ellas para compartirlas con el que las necesita. Acordémonos de la pobre viuda. Ella va al templo y Jesús y sus discípulos están mirando como dejan las ofrendas. Echa dos denarios y Jesús se fija y les dice: Esa mujer ha echado más que los demás, pues los demás echaban lo que les sobraba mientras que ella ha echado lo que tenía para vivir. Para Dios lo importante es que pongamos todo nuestro Ser en Él.

    Preguntas para la reflexión:

    • ¿Cómo administro los bienes que Dios me ha dado?
    • ¿Soy solidario con los que tengo a mi alrededor?

    humidios

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    Jul 4

    La buena noticia

    Los cristianos tenemos un mensaje que ofrecer. La buena noticia esta llena de esperanza, paz y alegría. El bautizo nos hace que Dios nos haya elegido para ser mensajeros.

    Jesús conoce a la gente. Sabe cuales son sus miedos, desesperanzas, anhelos… y quien puede vencerlos. A sus discípulos les enseña y les hace experimentar la cercanía de Dios. Los convierte en auténticos portadores del poder de Dios, que los espíritus se les sometan, es decir, el poder del enemigo. Están preparados para la misión. Pero les recuerda que lo más importante es hacer la voluntad de Dios que comienza en la humildad de reconocer que es el autentico protagonista.

    La voluntad comienza con la escucha de la buena noticia. Ella nos lleva a experimentar la cercanía de Dios: El miedo es vencido por la fe, el egoísmo por el altruismo, el odio por el amor, la desesperanza por la esperanza en Dios, el orgullo por la humildad, la inseguridad por la paz del espíritu.

    Desde nuestro bautismo somos mensajeros de Dios. El mundo necesita conocer la verdad. Experimentar el poder de Dios. Nuestra misión es llevar dicho mensaje. Sabiendo que Dios es el protagonista.

    Cuando dejamos actuar a Dios, el mensaje se hace vivo. En nuestra propia vida se muestra el verdadero poder: Cambiar los corazones de las personas. El cambio los lleva a vivir la vida en la esperanza y la caridad. El reino de Dios ya habita entre nosotros.

    Abr 12

    Tiempo de gracia...

    La semana santa es un tiempo para acompañar al Señor. Jesús culmina su vida como la vivió. Es una oportunidad para que en esta semana reflexionemos sobre nuestra vida. La Pascua nos muestra que Jesús venció a la muerte y sigue entre entre nosotros.

    Abr 4

    Llamados a una nueva vida.

    Jesús nos invita a vivir desde la condición de hijos de Dios.