PASCUA

    Abr 13

    Los cristianos tenemos respuestas a las miserias que produce el coronavirus.

    En la resurrección del Señor Jesús los discípulos en la incertidumbre experimentaron que seguía con Ellos. A lo largo de la historia de la salvación el pueblo de Dios se ha visto amenazado: Las persecuciones en tiempo de los romanos, la peste en la edad media, el peligro del nazismo... en todas ellas Dios los ha acompañado.

    Hoy nos enfrentamos a la pandemia  denominada vulgarmente “coronavirus”. Ella está sacando a la luz las miserias de una sociedad hedonista y egoísta. Personas que mueren en fosas comunes anónimas, cadáveres en las calles que no tienen la dignidad merecida, Estados que se pelean por el material sanitario, Sanitarios estigmatizados por estar sirviendo a los contagiados, ancianos en residencias que mueren sin la asistencia debida, pobres que viven al día, niños que se ven privados de sus estudios... Estas miserias pueden ser respondidas desde la experiencia en el Señor Resucitado.

    Los discípulos de Jesús viven atemorizados, encerrados en sus casas por temor a los judíos. Dios se les aparece y pasan de discípulos a testigos. Pierden el miedo y empiezan a dar testimonio de lo que han vivido.

    El testimonio cristiano parte de una experiencia. Ella de un encuentro personal con el Señor Resucitado. En este contexto es donde el fiel recibe la fuerza, la confianza y el sentido para cumplir con el evangelio. A partir de aquí podemos responder a las miserias. Los santos y los beatos tienen en común que han sabido estar con los que más sufren y dar respuesta a sus necesidades. El beato Agustino Esteban Bellesini ejerciendo su función como párroco de Genazzano en el año 1839, en dicha ciudad surgió la peste tifoidea. El Sacerdote utilizo todas sus fuerzas para asistir a los enfermos. Según cuentan las crónicas de su tiempo, fue tan grande el afán y el amor que profesaba a los convalecientes que su testimonio quedo grabado en la memoria de la población. Su vivencia fue un reflejo de su cercanía con Dios.

    Hoy también nosotros somos testigos de una experiencia que nos hace responder a las verdaderas necesidades que necesita la humanidad. En el evangelio de Mateo 11, 4-5: "Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;” Jesús pide que sean testigos en una sociedad donde los poderosos los oprimen, los pobres son vendidos, los enfermos repudiados y los padres no tienen con que alimentar a sus hijos. La fuerza del testimonio hace que el hombre no pierda la esperanza, se sienta protegido y experimente la misericordia de Dios. En Mateo 25, 35-36: "Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme." El discípulo es el reflejo del Maestro. La vivencia de la misericordia se convierte en testimonio y ello en una luz que alumbra a la sociedad en tiempos oscuros. Por lo tanto, los cristianos tenemos la respuesta a las miserias que el Covid -19 produce a la sociedad. Ella parte una experiencia con el Señor Resucitado que nos llama a que seamos testigos de la buena nueva que se ve reflejada en las misericordias con el prójimo. Todo ello se convierte en testimonio que produce esperanza, acogida y un amor que viene de Dios.