Restauración. 27 domingo de tiempo Ordinario - Ciclo A

     bibliaicon1Leer la Palabra de Dios.

     

    Estamos expuestos a factores externos que nos hacen perder la paz interior. Las lecturas de hoy bien podríamos hacer la comparación de la viña con nuestras vidas. El profeta Isaías compara la viña con el pueblo de Israel. El pueblo ya no da frutos. Se ha corrompido. Jesús en la misma línea es más duro. Deshereda al pueblo por no aceptar a Dios. Y San Pablo nos invita acordarnos de lo que agrada a Dios.

    Volvamos a nuestras vidas. ¿Por qué perdemos la tranquilidad? Meditando la segunda lectura nos da una respuesta. El no realizar lo correcto, lo bueno, lo justo, las actitudes que agradan a Dios no encontraremos la paz deseada. Por lo tanto, surge una palabra que sale hoy en el salmo y que es crucial: Restaurar. Necesitamos restauración. Para ellos buscar el tiempo necesario para ver que es lo que tenemos que cambiar. En reflexiones anteriores escribía que las acciones del pasado no son las que deben definir nuestro actuar en el presente, sino que como cristianos es el Evangelio. Comparar nuestra vida con los valores del evangelio es el camino. Entrar en esta dinámica es empezar a crear una fortaleza interior que hará que los factores externos no nos desequilibren.

    Ya tenemos la palabra clave de nuestra reflexión: Restauración. Ella esta muy unida a otra palabra que Jesús le dio mucho valor. Convertir. Hoy nos vuelve hablar otra vez del Reino de los Cielos. Para entrar en el debemos merecerlo. Ser dignos. Convertirnos, restaurarnos, asimilarnos a sus normas. Y la norma del Reino es obedecer al Hijo de Dios. Entender y cumplir sus Palabras. Ellas están llenas de buenas acciones: amar, servir, orar, ayudar... Pero ¿Qué sucede que nos olvidamos tan pronto como el pueblo de Israel?

    La historia del pueblo de Dios esta llena de grandes olvidos. Sodoma y Gomorra, El becerro de oro en tiempos de Moisés, El exilio del pueblo de Israel en tiempos de Jeremías idolatrando a otros Dioses, las grandes injusticias cometidas en tiempos del profeta Isaías y como culmen el no reconocimiento de la promesa de Dios en su Hijo. El olvido es un enemigo de la restauración y la conversión. Fíjate en un camino, de noche, sin ninguna luz, has paseado por el un montón de veces. El recuerdo te hará llegar al destino. El olvido te desviara y nunca llegaras. Lo mismo pasa con nuestra vida. Cuando nos olvidamos de Dios, abandonamos los grandes valores que nos dan la paz. Y ello nos hace vivir en la tristeza que surge de saber que no estamos siendo justos con nuestra vida.

    En conclusión, la restauración es el camino para el Reino de los Cielos y el olvido la perdida de los valores del Evangelio. Que cada uno decida lo que quiere para su vida.