Caminemos

    bibliaicon1Leer la Palabra de Dios

     

    La vida es como un camino. El sendero a veces es claro y seguro. Otras veces es oscuro e inseguro y uno se desvía. Las lecturas nos invitan a acordarnos de volver otra vez al camino. En el hallamos a Dios que como un compañero de viaje nos coge de la mano para no volver a errar.

    Jesús una vez dijo que el que este libre de pecado que tire la primera piedra. ¿Quién no se ha equivocado alguna vez? Si somos sinceros y nos analizamos llegaremos a la conclusión de que no somos perfectos. Los errores están con nosotros. Pero ellos no nos definen. Lo que nos determina es como nos enfrentamos a ellos. El Evangelio de Cristo se convierte para San Pablo en posicionamiento y guía de una vida una vida digna.

    El Reino de los Cielos tiene relación con vivir una vida digna. Lo importante, como nos dice la parábola, es entrar en él. A los diez, veinte, cuarenta, ochenta... años. Fijémonos en San Agustín. En su libro “Las Confesiones” escribe lo siguiente:

    ¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva,

    tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera,

    y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era,

    me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste.

     

    Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.

    Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que,

    si no estuviesen en ti, no existirían.

     

    Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera;

    brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;

    exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo;

    gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti;

    me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti.

    Otros santos como Santa Teresa de Lixieus, San Luis de Gonzaga, tempranamente se insertan. Pero no solo los santos reconocidos por nuestra iglesia son ejemplo. Hoy también hay cristianos que dan a conocer su testimonio:

    Mi nombre es Manuela Piera y tengo 25 años y adía de hoy, puedo decir que el pilar más importante en mi vida es la fe, pues realmente el tener fe es lo que me hace quererme y aceptarme a mí misma con todos los defectos y virtudes que tengo, me hace querer a mi familia y a mis amigos con todo mi corazón y por encima de todo, pero, sobre todo tener fe hace que mi vida en general y, en concreto, mi vida profesional tenga sentido...

    (Tomado de https://www.jovenescatolicos.es/2020/08/13/en-todo-amar-y-servir-el-sueno-de-dios-para-manuela-piera/)

    Leemos en el libro de Isaías:

    Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes.

    Y en el libro de Jeremías:

    Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré.

    Dios sale primero a nuestro encuentro. Él es el que nos llama. El momento y el tiempo no nos corresponde a nosotros decidirlo. Aceptar o rechazar la invitación sí. San Agustín en su libro biográfico expresa como Dios le llamaba ya tempranamente por medio de su Madre Mónica y no aceptaba la invitación. Tendrán que pasar años para acogerla. Pensemos en nosotros. Reflexionemos en los momentos que Dios ha salido a nuestro encuentro. ¿Cuál ha sido nuestra actitud? Tengamos la certeza de que Dios seguirá llamándonos, pues no abandona a ninguno de sus hijos.

    Cuando uno entra en el Reino de los Cielos descubre que ya hay unos planes y caminos bien definidos. Esto hace que surja un conflicto interno con los deseos. El anhelo de poseer, satisfacer las pasiones, dejar que el orgullo sea el lucero... se antepone a los valores del Evangelio. Los planes de Dios difieren de los terrenales. Es misión del hombre descubrir cuales son y llevarlos a la práctica. Por lo tanto, ¿Qué quiere Dios en mi vida? ¿Qué importante es su palabra en mi vida?

    En esta semana vallamos de la mano de nuestro Padre Dios por el camino del Reino de Dios. Vivamos una vida acorde al Evangelio y descubramos el sentido de una vida digna.