Los animadores cristianos.

              Jesús fue llamando personalmente a sus discípulos como nos cuenta los evangelios: “...Por aquellos días, se fue él al monte a orar y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles: ...” (Lc 6, 12-13). La llamada parte primeramente de Dios y el hombre responde. Esa llamada está muy presente en la vida de todo cristiano y se traduce en la vocación a la que somos llamados. En la parroquia en la que trabajo que como bien sabéis esta en la amazonía peruana y abarca a dos etnias, los Kukamas y los Urarinas, hay un llamamiento muy especial y de gran valor. Me refiero a los animadores cristianos. Ellos son para la iglesia haciendo una bonita comparación como el agua que verdea y embellece los campos. En los años ochenta, hablando con padres que trabajaron en estas tierras, con orgullo me decían que había más de ciento cincuenta animadores. Hoy la realidad es bien distinta. Pero os voy a poner un poco en contexto.

             La extensión de la parroquia abarca tres distritos, Nauta, Parinari y Urarinas. Una extensión que nos hace tardar tres días para llegar a la última comunidad que visitamos. De toda la inmensidad del territorio visitamos sesenta comunidades. Y en ellas entran nuestros protagonistas. Los animadores cristianos.

    ¿Cuál es su función? Dos palabras para definirlos: servicio y acompañamiento. Esta responsabilidad no la realizan solos. Están en coordinación con el párroco y su consejo. Para una mayor explicación de sus labores os lo voy a exponer. Los domingos todos los cristianos nos reunimos para celebrar el día del Señor Resucitado. Muchos seguro que estáis acostumbrados asistir a misa y ver a un sacerdote. Aquí muchas comunidades no pueden realizar la eucaristía, pero no por ello dejan de vivir su fe. Los animadores cristianos reúnen a su comunidad, animan y participan en la Palabra donde esta impresa y sellada la fe. Esa creencia les hace ser los maestros que preparan a las familias a los sacramentos. Vallamos a otra situación. En una comunidad necesitan asesoría jurídica. Las autoridades cantidad de veces acuden al animador para que coordinen con el equipo parroquial y recibir la ayuda pertinente. En este tiempo de “coronavirus” se han convertido en un pilar por varios motivos: 1.) Han mantenido la moral firme de sus moradores, exhortando, animando y sobretodo recordando lo fuerte que es un hombre que tiene fe. 2.) Han canalizado la ayuda que la iglesia ha ofrecido a los centros sanitarios para paliar la enfermedad. 3.) Han sido la voz de las comunidades haciendo de corresponsales para la radio del Vicariato y así poder llegar no solo a las ciudades de la selva sino también del mundo. Y es que en todo momento ellos mantienen la cabeza bien alta para seguir mostrando el servicio y acompañamiento a sus comunidades.

             La iglesia da mucho valor a la formación. Y desde que llegue a la parroquia lo he podido observar. El centro de formación de la parroquia se llama “Ikua Uka” traducido “casa de la sabiduría”. En el a lo largo de la historia se han formado promotores de salud, parteras, autoridades, catequistas y por supuesto los animadores cristianos. Los animadores se forman al comienzo y al final de año. En los cursos se capacitan en el estudio de la palabra, el proyecto de la iglesia local, la identidad como pertenecientes a pueblos originarios y también hay espacio para temas que ayuden a fortalecer a las comunidades. Por ejemplo, el tema de la trata de personas, territorialidad, derechos indígenas... Es una alegría ir a las comunidades y escucharlos como predican la palabra sin caer en la literalidad y una interpretación descontextualizada. Ver como ellos toman conciencia de su identidad y la transmiten haciendo a los demás protagonistas de la lucha de sus derechos.

             Sin los animadores cristianos no habría comunidades cristianas católicas en la selva. Su servicio y acompañamiento es un ejemplo de cómo Dios sigue eligiendo y llamando.

             Para la próxima semana os voy a contar la experiencia gratificante de visitar las comunidades y la no tan gratificante de la navegación por el río cuando hay lluvia, se estropea él motor y otros pormenores que se convierten en anécdotas.