CICLO A

    Jun 30

    El espíritu y la fragilidad.

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     Meditar la palabra de Dios.

    En la biblia se ensalza a los personajes que practican la humidad. Ella esta unida a la figura de Dios. El hombre descubre su indigencia ante la divinidad. Esta carencia hace que uno descubra la fragilidad de la vida y el deseo de una duradera seguridad. Jesús conocía muy bien las necesidades de las personas. Veía con los ojos de la misericordia el sufrimiento de los demás. En el dolor encontró como los corazones de las personas necesitaban sentirse amadas. En este domingo nos invita hacer lo mismo. Para ello San Pablo nos enseña en su carta que debemos vivir desde el espíritu y no desde las pasiones. La vida en el espíritu es parte de la necesidad y la fragilidad de que llevamos nuestra fe en “vasijas de barro”. La conciencia de nuestra debilidad nos hace estar preparados para entrar en el camino de Dios. Y en esta senda el prójimo sale a nuestro encuentro. En el uno encuentra como nos necesitamos y lo valioso que somos delante Dios.

    Para la reflexión:

    • ¿Soy consciente del dolor de los demás? ¿Cuál es mi postura?
    • El encuentro con el prójimo ¿Es desde el camino del espíritu o de las pasiones?
    Jun 23

    Tomar la cruz

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    ¿Cómo podemos recibir a Dios en nuestras vidas? Este domingo podríamos comenzar la reflexión con esta pregunta. Durante estos meses hemos vivido momentos muy difíciles. Tiempo donde ha surgido el miedo, la incertidumbre, la enfermedad, el dolor e incluso la perdida de algún ser querido. Jesús nos llama a que en estos acontecimientos de nuestra vida tomemos nuestra cruz y le sigamos.

    El cristiano en el bautismo hace un compromiso de por vida con Dios. La responsabilidad de vivir una vida acorde a ello se debería fundamentar primeramente en la familia. Si analizamos la situación de las familias nos encontramos con la triste realidad que muchas de ellas celebran el sacramento por un compromiso social. Esto hace que la parroquia se convierta en un espacio vital por medio de sus actividades pastorales y sacramentales. En ellas la persona puede tomar conciencia de su compromiso de seguimiento.

    Tomar la cruz implica entrar en la dimensión de la caridad fraterna. En ella el hombre experimenta los valores del reino de Dios. San Pablo en la segunda lectura nos recuerda que compartir la muerte de Cristo es morir para el pecado y vivir para Dios. Este vivir nos debe llevar a reflexionar nuestras acciones. Cambiar aquellas que nos alejan de Dios y del prójimo.

    La vida está llena de decisiones. En ellas nos moldeamos para el bien o para el mal. Hoy Domingo Jesús nos invita a tomar su cruz. Elegir los valores del evangelio. La implicación de la decisión es elegir a Dios y con ello la verdadera vida. La parroquia se convierte en un espacio propicio para ello. Tomemos la decisión correcta.

    Abr 13

    Los cristianos tenemos respuestas a las miserias que produce el coronavirus.

    En la resurrección del Señor Jesús los discípulos en la incertidumbre experimentaron que seguía con Ellos. A lo largo de la historia de la salvación el pueblo de Dios se ha visto amenazado: Las persecuciones en tiempo de los romanos, la peste en la edad media, el peligro del nazismo... en todas ellas Dios los ha acompañado.

    Hoy nos enfrentamos a la pandemia  denominada vulgarmente “coronavirus”. Ella está sacando a la luz las miserias de una sociedad hedonista y egoísta. Personas que mueren en fosas comunes anónimas, cadáveres en las calles que no tienen la dignidad merecida, Estados que se pelean por el material sanitario, Sanitarios estigmatizados por estar sirviendo a los contagiados, ancianos en residencias que mueren sin la asistencia debida, pobres que viven al día, niños que se ven privados de sus estudios... Estas miserias pueden ser respondidas desde la experiencia en el Señor Resucitado.

    Los discípulos de Jesús viven atemorizados, encerrados en sus casas por temor a los judíos. Dios se les aparece y pasan de discípulos a testigos. Pierden el miedo y empiezan a dar testimonio de lo que han vivido.

    El testimonio cristiano parte de una experiencia. Ella de un encuentro personal con el Señor Resucitado. En este contexto es donde el fiel recibe la fuerza, la confianza y el sentido para cumplir con el evangelio. A partir de aquí podemos responder a las miserias. Los santos y los beatos tienen en común que han sabido estar con los que más sufren y dar respuesta a sus necesidades. El beato Agustino Esteban Bellesini ejerciendo su función como párroco de Genazzano en el año 1839, en dicha ciudad surgió la peste tifoidea. El Sacerdote utilizo todas sus fuerzas para asistir a los enfermos. Según cuentan las crónicas de su tiempo, fue tan grande el afán y el amor que profesaba a los convalecientes que su testimonio quedo grabado en la memoria de la población. Su vivencia fue un reflejo de su cercanía con Dios.

    Hoy también nosotros somos testigos de una experiencia que nos hace responder a las verdaderas necesidades que necesita la humanidad. En el evangelio de Mateo 11, 4-5: "Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;” Jesús pide que sean testigos en una sociedad donde los poderosos los oprimen, los pobres son vendidos, los enfermos repudiados y los padres no tienen con que alimentar a sus hijos. La fuerza del testimonio hace que el hombre no pierda la esperanza, se sienta protegido y experimente la misericordia de Dios. En Mateo 25, 35-36: "Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme." El discípulo es el reflejo del Maestro. La vivencia de la misericordia se convierte en testimonio y ello en una luz que alumbra a la sociedad en tiempos oscuros. Por lo tanto, los cristianos tenemos la respuesta a las miserias que el Covid -19 produce a la sociedad. Ella parte una experiencia con el Señor Resucitado que nos llama a que seamos testigos de la buena nueva que se ve reflejada en las misericordias con el prójimo. Todo ello se convierte en testimonio que produce esperanza, acogida y un amor que viene de Dios.

    Abr 9

    ¿Cómo está la semilla de la fe?

    Comenzamos el tiempo más fuerte. El triduo pascual se convierte para los cristianos en oración, vivencia y sobretodo esperanza. Hoy la palabra Coronavirus evoca confinamiento, enfermedad, dolor y muerte. La fe se nos pone a prueba, y nos lleva a reflexiones que nuestro Señor Jesús nos recuerda: ¿Cómo esta la semilla de la fe? ¿Seca, pisada, ahogada o floreciendo? Es curioso que celebremos los momentos más duros de la vida de Jesús para luego encontrar el verdadero significado a esos acontecimientos. Y esto nos puede ayudar a nosotros en estos tiempos.

    La cruz está presente en la vida del que quiere ser discípulo de Jesús. Quien quiera seguirlo que se niegue a si mismo nos dice. Y aquí está la llave y lo que podemos ofrecer los cristianos en tiempos de enfermedad, incertidumbre y miedo. Negarse es poner en nuestro corazón y mente el amor convertido en servicio. Cuando uno se ofrece al otro da esperanza, seguridad y sobretodo dignidad. Dios ha creado al hombre para amar y ser amado. Da igual que profesión tengas o el lugar donde te toque pasar este aislamiento social. Siempre habrá a tu alrededor personas a las que te tengas que ofrecer.

    La resurrección es la meta de la esperanza para el creyente. Si el Señor Jesús no hubiera resucitado vana seria nuestra fe nos recuerda San Pablo en sus cartas. El cristiano sabe muy bien que toda cruz es un camino, pero no la meta. Vivir con esperanza es el segundo aporte que podemos ofrecer. Esta enfermedad pasara. Pero lo que no pasara es la fundamentación de nuestra esperanza. Enseñarles que, en la soledad, en el dolor y en la muerte hay alguien que los acompaña. Leemos en el Jueves Santo como Dios acompaño al pueblo de Israel por el desierto, en Viernes Santo a su hijo en el dolor y en el sábado de Gloria lo acompaño en el paso de la muerte a la vida eterna.

    ¿Cómo esta la semilla de nuestra fe? Hagámosla que germine, mostremos al Dios de Jesús en nuestras obras y pongamos a la luz que nadie tiene porque estar solo y con miedo. Que nuestra luz brille Como el Señor Jesús nos enseñó.

    Mar 14

    Nuevos caminos.

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    (Leer la palabra de Dios. Haz clic aquí.)

    Jesús hoy se encuentra con la Samaritana. Ella no reconoce el templo como lugar esencial donde habita Dios. Los judíos repudian a los samaritanos. El contacto de los Samaritanos con pueblos paganos a lo largo de la historia hacia que se les repudiara. En este contexto Jesús abre nuevos caminos: Rompe con el repudio y el rechazo de los dos pueblos y reconoce que Dios también habita en el pueblo Samaritano.

    ¿Qué nuevos caminos podemos abrir como iglesia? Los nuevos caminos deben partir siempre de las necesidades. Conocer el sufrimiento del prójimo se convierte como norma primera. Jesús no se queda en los estereotipos, ve un pueblo que es repudiado y rechazado y les da la dignidad que merecen como hijos de Dios. La palabra de Dios debe ser nuestro camino, en ella encontramos a Dios. Moisés acude a Él ante las dificultades de su pueblo. La Samaritana quiere conocer al Dios verdadero. A ambos Dios les ayuda. Una iglesia orante, atenta y en escucha.

    ¿Cuáles son las necesidades de nuestra sociedad? ¿Estamos la iglesia con los que más nos necesitan? ¿Somos ejemplo y testimonio de esperanza? Cada iglesia local debemos responder a estas preguntas. Las respuestas que demos serán testimonio de que Dios sigue estando en medio de nosotros.