Providencia

* Dios aplica su oído no a tu boca, sino a tu deseo. No a tus palabras, sino a tu corazón. (In ps. 146)

* Sin el auxilio del Señor se puede batallar, pero no se puede vencer. (In ps. 106)

* No está lejos de nosotros tu omnipotencia, aun cuando nosotros estemos lejos de ti. (Conf. 2, 2, 3).

* Señor, finges dolor en mandar, y hieres para sanar, y nos das muerte para que no muramos sin ti. (Conf. 2, 2, 4).

* ¿Y qué cosa más cerca de tus oídos, Señor, que el corazón que te confiesa y la vida que procede de la fe? (Conf. 2, 3, 5).

* ¡Ay de mí! ¿Y me atrevo a decir que callabas cuando me iba alejando de ti? ¿Es verdad que tú callabas entonces conmigo? ¿Y de quién eran, sino de ti, aquellas palabras que por medio de mi madre, cantaste en mis oídos, aunque ninguna de ellas penetró en mi corazón para ponerlas por obra? (Conf. 2, 3, 7).

* Tú que nos creaste, nos ayudas; Tú que nos creaste, no nos abandonas (Enr, in ps. 26, 17).

* No nos perderá Dios, pues por nosotros mandó a su Hijo a ser tentado, crucificado, muerto y resucitado; porque no nos tiene en poco Dios cuando no perdonó a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. Así se hizo nuestra esperanza. En Él ves tu trabajo y tu salario; tu salario en la resurrección; por eso es nuestra esperanza (Enr. in ps. 60, 4).

* Dios promete dignamente y cumple fielmente lo prometido; tú sé piadoso extractor; aunque pequeño, aunque débil, exige misericordia. ¿No ves cómo los tiernos corderillos forcejean con las ubres de las madres para sacarles la leche? (Enr. in ps. 39, 2).

* Tú, Señor, eres la vida de las almas, la vida de las vidas que vives por ti misma y no te cambias; la vida de mi alma. (Conf. 3, 6, 11).

* Tú, ¡oh Dios, omnipotente y bueno, cuidas de nosotros como si no tuvieras más que cuidar, y así de todos como de cada uno. (Conf. 3, 11, 20)

* A unos invita, a otros excluye, a otros abandona, a otros se anticipa; pero a todos da poder participar de la gracia de Dios (De vera rel. 6, 10).

* Bien sabe lo que ha de hacer de ti el que te creó. Pues, ¿tienes a tu Creador por tan inepto que, sabiendo darte la existencia, se olvida de seguirte con cuidado? Antes de que existieras, pensó en ti; luego, antes que existieras, pensó en tu ser, y ahora que existes, permaneces, vives y le sirves. ¿Te va a olvidar y despreciar? (Serm. 21, 8)

* Así como Dios envía su lluvia sobre las mieses y las espinas, a las mieses para guardarlas en los graneros y a las espinas para el fuego, así la palabra de Dios llega a todos (Serm. 4, 31)