Eucaristía

* Vengan los pobres al banquete; nos invita quien siendo rico se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecer con su pobreza a los pobres. Vengan los enfermos, porque no han menester médico los sanos sino los que andan mal de salud. Vengan los cojos y díganle: \’acomoda mis pies a tus caminos\’. Vengan los ciegos y digan: \’alumbra mis ojos para que nunca me duerma en la muerte\’. He aderezado una gran cena, he dispuesto una gran casa y no sufro quede lugar alguno vacío. (Serm. 112, 8).

* El pan que se come en el reino de Dios, ¿no es el mismo que dice: \»yo soy el pan vivo que bajó del cielo\»?. No apercibas la boca; apercibe el corazón. La verdadera entidad de nuestra cena está en que nosotros cuando recibimos a Cristo, creemos recibir a Cristo. La recepción es la exteriorización de nuestra fe. Recibimos una cosa menuda; sin embargo, nos engruesa el corazón, porque no alimenta lo que ven los ojos, sino la fe. (Serm. 112, 15).

* Heos ahí aderezada la mesa; Cristo es la justicia; no la guisan cocineros ni la traen de allende los mares los mercaderes como las frutas extrañas; es la vianda de que gustan todos los paladares sanos, la vianda del hombre interior. (Serm. 28, 2).

* Recomendándose Cristo a sí mismo, dice: \»yo soy el pan de vida que bajé del cielo\». Es manjar que restaura sin mengua, se toma y no se consume, sacia a los hambrientos y queda intacto. Cuando de aquí volváis a vuestras mesas, no comeréis nada semejante. Y, pues, habéis venido a este festín, hartaos; mas en yéndoos, digerid bien esta vianda. Come bien y digiere mal el que oye la palabra de Dios y no la practica; porque no asimila el jugo nutritivo; antes, la indigestión le vuelve a la boca el amargor del fastidio. (Serm. 28, 2).

* Consuélete la fracción del pan. La ausencia del Señor no es ausencia; ten fe, y contigo está Aquel a quien no ves. (Serm. 235, 3).

* Nuestro manjar lácteo es Cristo humilde, nuestra comida es el mismo Cristo, igual al Padre. Mama la leche para que te dé pan, porque ponerse en contacto espiritual con Jesús, es conocer su igualdad con el Padre. (In Io. Evang. 3, 1).

* Esta es aquella leche de párvulos que adaptó a nuestro paladar pasando el pan por la carne. Pues en el principio aquel pan de ángeles era el Verbo; mas para que el hombre comiera pan de ángeles, el Creador de los ángeles se hizo hombre. Y así, el Verbo encarnado se nos hizo receptible a nosotros (Enr. in ps. 109, 12)